Capitulo XIX "Joue"

1556 Palabras
El hombre que se identificaba con el nombre Joue, sin forma de hablar solo estiró su brazo para estrechar su mano con la mía. Le concedí ese extraño saludo, no quería ser grosero aunque no puedo negar lo mal que me cae este hombre y sin razón alguna ya que es un simple extraño para mí. Volteó a ver al señor Máximo y sin palabras nos abrió las puertas de su coche. —Adelante, número uno — Dijo el señor Máximo permitiéndome subir primero. —Gracias — Respondí montándome en el auto. Una vez adentro, cuando el vehículo se puso en marcha el hombre llamado Joue me observaba desde el retrovisor, sin duda me aterraba su raro comportamiento. —¿Cómo lo has conseguido? — Preguntó él repentinamente. —Dale las gracias a mi hija quien le ha salvado la vida de unos rufianes — Contestó con entusiasmo el señor Máximo. —Creo que le haré un altar a tu pequeña por habernos brindado esta gran oportunidad — Respondió este tipo. Preferí no hablar hasta que se me pidiera hacerlo, la incomodidad me demostraba que sin duda mi yo interior debía ser verdadero, pues este sentimiento se siente muy real, tanto que las náuseas puedo considerar están apunto de hacer aparición y el carro sin querer quedará con olores desagradables. No pasamos mucho tiempo en movimiento, aún así agradecía ese corto recorrido por la ciudad, desde la ventana podía observar mejor la cotidianidad de las personas en este lado del mundo sin la necesidad de temerle. Me pareció sorprendente como podía ver a humanos trabajar en conjunto con androides, aunque es cierto que han ocurrido altercados unas cuantas muchas veces entre estos, eso solo es otra demostración de que es posible que el deseo del señor Máximo y de toda la rebelión se haga realidad, porque lo orgánico sigue demostrando que es posible convivir con lo tecnológico. «Technorganico». De donde vengo tal vez estén errados y tal vez, solo tal vez aquí también lo estén, el futuro nos ha permitido avanzar, sería una desgracia no aprovecharlo y también contaría como una perdición el olvidar nuestros orígenes. El balance existe en el mundo y eso es lo que se le ha olvidado a estas personas, todo es posible si así lo queremos. Al bajarnos del auto el señor Máximo me pidió que por deseos de los miembros de la junta me cubriera el rostro con algo que tapara hasta mis ojos. Supongo que aún no confían en mí aunque no puedo culparlos. Me coloqué una bolsa de plástico en color n***o en la cabeza que me negaba la visión al exterior, pude darme cuenta casi inmediatamente del apestoso olor a queso dañado en esta bolsa. «Que repulsión». Bajé del auto siendo guiado por el señor Máximo. El recorrido se me hizo eterno y solo podía escuchar el cuchicheo del señor Joue, quien supongo hablaba por teléfono, pues nunca escuché respuesta del señor Máximo. En el momento en el que nos detuvimos una gran puerta se abrió, lo supe por el gran estruendo que ocasionó y por la onda de viento que liberó. Seguí caminando deduciendo que nos dirigimos hacia adentro de la nueva habitación la cual se ha abierto para nosotros. Al llegar se me fue despojado de la bolsa, una gran luz blanca ocasionó que mi visión fuese un tanto borrosa, al acomodar mi ópticos pude observar el montón de gente a mi alrededor, la mayoría fascinados conmigo y la otra listos para hacerme añicos. —Caballeros, por favor, tenemos una bendición entre nosotros, no podemos simplemente destrozarla — Dijo con elegancia el señor Joue. —Esa cosa puede ocasionar nuestro fin — Gritó un hombre grande y musculoso quien cargaba una de las armas que apuntaba a mi cabeza. —Cálmense, número uno es totalmente inofensivo yo mismo puedo afirmarlo, ha estado viviendo con mi familia— Dijo el señor Máximo. —Si, has estado teniendo esa aberración contigo y no has avisado inmediatamente a la organización, deberíamos considerarlo como traición — Gritó otro de estos hombres. Joue se burló de todos ellos riéndose en sus caras, la verdad solo podía pensar en lo desquiciado y trastornado que se encuentra este hombre, realmente había algo más en su cerebro. —Hay una forma de demostrarles que nuestro invitado no es peligroso y está de nuestro lado — Gritó con locura Joue. —¿Y que piensas hacer para demostrarnos eso? — Preguntó un jovencito. Me asombró ver a un chico tan joven entre la multitud, pensé que no estaba permitido. Joue se acercó a mí, me agité como nunca antes, este tomó mi brazo y pidió perdón, sostuvo con su otra mano mi brazo mientras comenzaba a jalarlo. —¿Qué demonios haces? — Preguntó él señor Máximo. —Ven, lo tiene bien domesticado ni siquiera se opone — Gritó demostrándoles a los demás que sus palabras eran ciertas. Este término por arrancarme el brazo, caí al suelo con un inmenso dolor, volteé asustado a ver al señor Máximo, queriendo su ayuda, él agachó la cabeza y de repente nuevamente me colocaron una bolsa en la cabeza, pero esta vez dejándome inconsciente en el proceso. Al despertar miré alarmado a todos lados, pude darme cuenta de que mi brazo había vuelto a ser instalado en mí. —Discúlpame por eso, pequeño — Dijo tapándome la luz el señor Joue. Me senté inmediatamente en la camilla dónde me encontraba lanzado. —¿Dónde está el señor Máximo? — Pregunté asustado. —Está afuera con los otros, ahorita iremos con ellos — Respondió viendo la pantalla de su computadora. —¿Por qué me han lastimado? — Pregunté exaltado. —Eres una máquina pequeñín, tú no puedes sentir dolor, mejor dicho eso que llamas dolor es solo una programación en tu sistema — Contestó riendo. —No es cierto — Susurré alterado. —Respondiendo a tu pregunta lo he hecho para que los demás puedan confiar en ti, te desconecte por un momento para hacerte exámenes y comprobar que no eres un espía — Contestó — Y para tú suerte yo he tenido razón, mis hermosas computadoras no han encontrado en ti ningún chip de rastreó o algún mecanismo de seguimiento — Agregó con felicidad ante su trabajo. —Si me lo pedían podía aceptar a prestarme para "El tratamiento" — Comenté colmado. —¿Y dónde dejas la diversión? — Preguntó. —Me has arrancado el brazo, no soy su juguete — Contesté molesto. Joue se acercó con una mirada que denotaba locura y un bisturí en su mano izquierda colocándolo en mi cuello. —Si sigues hablándole con ese tono a tus mayores tal vez deba quitarte tu modulador de voz — Sugirió viéndome fijamente a los ojos. —Perdon — Dije para evitar mi sufrimiento. Este demente se alejó de mí pidiéndome que me pusiera de pie. —Apresúrate, tienes a muchos esperando por ti — Dijo con una enorme sonrisa. Me puse de pie siguiendo su orden, aún con dolor en el brazo. «Maldito loco, por supuesto que siento dolor, esto es dolor». Al salir de su laboratorio, sintiéndome un poco renuente, me encontré con una enorme mesa donde se encontraba sentado el señor Máximo y supongo sus colegas, me sentí avergonzado y no dude en bajar la cabeza, seguí a Joue a la mesa, tomé asiento donde se me permitió y nuevamente me quedé sin habla. —Creo que hablo por todos al pedirte una sincera disculpa, número uno — Dijo aquel hombre grande y musculo que me apuntaba con su arma hace rato. Levanté inmediatamente la cabeza para verle. —No se preocupe — Respondí apenado. La mayoría en la mesa se hecho a reír. —Has tendió razón Joue es uno de nosotros — Gritaban. —Hay que agradecerle a Máximo por este logro — Escuchaba decir a algunos. Me sentí tan pequeño rodeado de estás personas. —Deberían presentarse con número uno — Sugirió el señor Máximo, quien se encontraba cinco puestos lejos de mí. —Él tiene razón, que maleducados somos — respondió Joue. Todos comenzaron a presentarse ante mi y a decirme sus puesto de trabajo. —Es un gusto tenerte entre nosotros número uno mi nombre es Einstein — Dijo el joven del cuál ya me había fijado. Me sorprendió su voz tan madura. —Me encargo de desmantelar androides— Agregó. —Yo soy Krieg — Dijo entreviendo el fortachón — Mato sin piedad a todo aquel que este en nuestra contra — Agregó con mucha normalidad. —Como puedes escuchar mi amigo Krieh es jefe de los parrilleros, es bueno organizando masacres y el doctor Einstein, no podríamos hacer mucho aquí sin él — Dijo el hombre sentado al final de la mesa riendo levemente — Para dar fin a nuestra presentación me presentaré yo, luego los restantes pueden llegar a ti y ponerse a conversar sobre sus gustos— Dijo con tal autoridad que nadie se atrevió a hablar — Mi nombre es Jugement pero por supuesto por ser tú puedes llamarme Jugem— Sugirió con amabilidad — Soy el jefe de esta organizando, me alegro que tú y mi queridísimo amigo Máximo hayan podido convivir — Agregó — y con esto doy inicio, número uno a nuestra charla referente a la guerra.
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