Una charla matutina. ― ¡¿En serio estabas dispuesta?! ―Yen se quedó pasmada cuando Mía le dejó saber lo que había estado a punto de ocurrir y del cómo ella estaba del todo dispuesta. Con su amiga no podía tener secretos. Ella era su desahogo y después de que Mía supo que su madre y su hermana estaban con bien, entonces pudo sentirse libre de hablar de eso que tenía atorado en la garganta. ―No solo lo estuve… aún es algo que deseo Yen. Yen se levantó de la tumbona donde estaba recostada. Terry les había servido de buen anfitrión a nombre de su jefe y les había llevado hasta la piscina para pasar un día disfrutando del sol. ― ¿Pero cómo es posible? ¿Dónde está la Mía que yo conocía? ―Yen preguntó aquello con una entonación escandalosa e incluso exagerando los ademanes. Ella iba vestida

