Pasión refrescante. ―Respecto a lo de anoche… quiero pedirle disculpas. Mía se quedó pasmada cuando Dylan no optó por un preámbulo, sino que de lleno se fue con una afirmación directa y concisa. Ella le miró sin poder controlar el nerviosismo que le hacía experimentar una debilidad en sus piernas. Después de ese encuentro de la noche, ella había descendido por un espiral que desbarató por completo lo que fueron las barreras que en su momento ella quiso imponer. ―Yo… solo quiero respuestas, señor —Mía, estaba hablando desde lo más hondo de su corazón. Ella miraba a su esposo y veía a un sujeto impresionantemente atractivo. Un hombre que era imponente con su sola presencia, sin embargo, no estaba dispuesta a dejarse llevar solo por los sentidos: Su racionalidad también debía ser escuch

