Preguntas incómodas Dylan Owen se sintió como nunca se había sentido en su vida. Apenas hacían dos días de haber conocido a esa mujer y ella ya había demostrado tener la capacidad de echar por tierra todos sus preceptos y determinaciones. El CEO altivo y demandante tuvo que aceptar que una mujer estaba dando órdenes en su casa; y no solo tuvo que aceptarlo, sino que de alguna manera aquello le había dado una sensación indescriptiblemente positiva. ―Está bien ―asintió él con una sonrisa tenue disimulada en la comisura de sus labios―, pero al volver hablaremos de eso. Mía sonrió al igual que Yen, quien un par de pasos más atrás tuvo que hacer un esfuerzo para contener la gracia que aquello le ocasionaba. ―Como usted ordene… señor Owen ―Mía estaba radiante ahora que de sus ojos había de

