Mis ojos se abren pesadamente mientras trato de levantarme, pero pareciera que todo mi cuerpo pesa el doble y apenas puedo levantar la cabeza para volver a impactarla contra la almohada. Me acuesto boca arriba y trato de abrir mis ojos, acostumbrándome a la iluminación de la habitación. Restriego mis ojos con las palmas de mis manos, y ya un poco más despabilada me atrevo a mirar hacia el lado izquierdo de la cama en la que me encuentro. No hay nadie allí. Me encuentro sola dentro de la superficie acolchonada, y aunque debería sentirme un tanto decepcionada y triste, en realidad me siento completamente aliviada. De tan sólo recordar que pasé una noche durmiendo con Thomas se me eriza la piel de todo el cuerpo, pero el pensar que no vio mí aspecto matutino hace que el hecho no haber des

