Gilda ni siquiera preguntó de qué se trataba. Los diarios todavía especulaban sobre lo que había sucedido el día del accidente y la fotografía de Guillermo inconsciente en la selva todavía aparecía en la portada como la incógnita del año. Tan rápido como pudimos fuimos a la jefatura. Ya Guillermo tenía poco más de una hora de haberse ido, me sentía inquieta sin saber lo que estaba ocurriendo. Rodando en el carro puse al tanto a Gilda de lo que había ocurrido y como día tras día sus socios no estaban de acuerdo con las decisiones que tomaba. Me daba un poco de vergüenza aceptar que yo no conocía gran cosa de su pasado antes de mí y que de los asuntos de planta conocía lo básico. Ella me escuchó con atención e hizo preguntas clave para no llegar perdida a la jefatura, una de

