Me hice a un lado para que entrara. Su fragancia dejó una estela tras él. Cerré la puerta y fui a encender la luz. –No, déjala así. –Me detuvo. Bajé la mano y no la encendí. Podía verlo bajo la tenue luz que entraba por la puerta del baño. Tenerlo frente a mí, él mirando al exterior por la ventana removía mis dudas sobre quien era él realmente. No hablaba, con las manos aun sostenidas adelante miraba afuera. Respiraba tranquilo. –¿Me dirás a qué has venido aquí? –Dije yo. –¿No lo imaginas? –Dijo y apenas giró la cabeza para verme. –Vine a convencerte de que regreses a casa…conmigo. Todo mi cuerpo temblaba. ¿Para qué iba a engañarme? Quería estar a su lado lo que restaba de vida, pero ¿al lado de quién? –Guillermo, yo estoy muy confundida con todo lo que pasa. –¿Te fuiste de casa po

