Kelan se rio entre dientes mientras su dragón casi se retorcía ante la idea de saltar sobre su compañera. Podía oler su excitación, y aquello estaba prendiendo el fuego dentro de él y de su dragón. No había sentido a su bestia actuar de manera tan juguetona en toda su vida; quería perseguirla, saltarle encima y devorar a su compañera del modo más delicioso posible. Estaba tan distraído por el comportamiento de su dragón y por su propia respuesta ante la imagen de hundirse hasta los testículos en ella que se le pasó por alto el ligero movimiento de su compañera cuando esta dio otro gran paso hacia atrás, y lo siguiente de lo que fue consciente fue de la puerta de la unidad de aseo cerrándose frente a él. Maldijo a su dragón en voz baja por despistarlo y marchó hacia la puerta. «Basta de t

