Camila
.
.
.
.
.
.
Esto de la maternidad no está siendo nada fácil, vivir sola. Tengo a Natasha, una mujer que se ha convertido en mi amiga, además de que ahora somos socias. Sí, estoy feliz porque soy socia de Natasha.
He invertido un dinero en la compañía, ella me dio la posibilidad de hacerlo y estoy muy agradecida, estoy muy agradecida por las posibilidades, las puertas que se han abierto en ese país. He conocido mucha gente que me apoya, me protege, me ayuda y me guía sobre todo. Empecé a aprender otros idiomas para abrir mi campo, extenderme más allá.
Estoy feliz en mi casa, aunque ustedes no lo crean, aunque la gente no lo crea, estar en tu casa propia. Aunque en Boston también vivía en mi apartamento, pero no es nada como tener una casa, sentirla como un hogar. Mi casa es hermosa y además ya he preparado la habitación de mi bebé.
Mi bebé viene grande, viene fuerte, es muy saludable. Ya estoy en los últimos días para dar a luz y estoy muy feliz, independientemente de todo. Mauricio, no he sabido nada de Mauricio, no he tenido idea de lo que ha pasado con Mauricio, no sé si leyó mis e-mails o no.
Mis conversaciones con Natasha ya no giran en torno a él. He cambiado mucho ese tópico, ese tema, porque él es alguien que me duele. Me dolió mucho alejarme de él por culpa de su mamá, por culpa de lo que hizo.
Yo tenía que proteger la vida que está creciendo dentro de mí, eso es lo más importante ahorita mismo, la vida que está creciendo dentro de mí, y no puedo permitir que nadie lo dañe. Él es mi única compañía, no tengo a mi abuelo, no tengo a mis padres. Y mi hijo ahora va a ser lo más importante que hay en el mundo.
Me duele que Mauricio no haya querido saber de él, nunca respondió a mis e-mails, nunca me llamó. Yo le envié mi nuevo número, nunca me llamó. Yo tenía la esperanza de que, a la distancia, él supiera que yo todavía lo amo con todo mi corazón.
Ha sido el primer y único hombre en mi vida. Y no sé hasta cuándo lo vaya a ser, porque sí, tengo cerradas las puertas a cualquier nuevo amor, porque para mí es importante enfocarme en el ser que tengo dentro de mí, el ser que está creciendo en mi vientre. Mi amor de madre, nunca pensé que lo iba a experimentar, no me vi.
No me vi en un futuro muy cercano como este, siendo mamá. Estoy a poquitos días de dar la luz y creo que me siento preparada, asustada. Muchas dudas de cómo va a ser esto de maternar, pero a la vez me siento preparada.
Puede ser bizarro, ¿no creen? Que me sienta así, pero sí es. Ya falta poco, falta poco, y amo sentirme como me siento ahora. Amo como sentirme como me siento ahora.
El camino, el camino me prepara muchas cosas, creo que muchas cosas buenas. Me duele, me duele un poco. Estoy sintiendo contracciones diarias y me toca respirar.
-Tranquilízate, Camila, tranquilízate. Respiro profundo. Me duele otra vez.- Me decía a mí misma.
Voy a tomar una ducha porque no aguanto el dolor. Ingreso al baño para la ducha. Una ducha con agua tibia, una ducha con agua tibia, con agua tibia.
Y después del baño con ducha fría, la ducha con agua tibia me preparó para dormir. Me fui a dormir y, wow, a medianoche me despierto con mucho dolor. El dolor en mi cuerpo estaba teniendo, además de eso, un mal sueño y sentí muchas, muchas ganas de ir al baño.
Fui al baño, me senté, pero sentí punzadas en mi vientre. Me paré de la cama y me metí a bañar. Otra vez tomé una ducha con agua caliente.
Esta vez al tomar la ducha con el agua caliente, uf, maldita sea. Oh, my God. ¿Qué está pasando? Sentí un dolor más fuerte, más fuerte.
Es como si me estuvieran rompiendo todos los huesos. Ese dolor se despertó en mí. Es como si me estuvieran matando.
Era como si me partieran los huesos de mi cuerpo. De un momento a otro sentí que algo viscoso bajó por mis piernas y rompí aguas. Dios mío, rompí aguas, rompí aguas, rompí aguas, asustada.
-¡Tranquilízate, Camila, tranquilízate, Camila! Tu contacto de emergencia, tu contacto de emergencia. -Ayúdame, Natasha, ayúdame-.
-Me duele mucho-.
-Camila, ¿qué sientes, Camila, qué está pasando?-
- Natasha, yo creo que el bebé viene y rompí fuente y me duele mucho-.- Camila, voy a colgar porque voy a llamar a la ambulancia, voy a llamar a la ambulancia porque estoy un poco lejos, no alcanzo a llegar-.
-Voy a ir directamente a la clínica, voy a llamar a la clínica, a la clínica general del norte para que te lleven Camila, por favor, tranquilízate, respira. Recuerda lo que practicaste en tu entrenamiento prenatal-.
-Tranquila, respira hondo, mujer, respira hondo-.
- Sí, eso estoy haciendo-. Cinco minutos después llegó la ambulancia y subí en ella.
Los doctores me estaban tratando de tranquilizar, yo decía que no podía, no podía, tenía muchas ganas de pujar, me decían que aguantara, me aguantaba, esto es muy horrible, no sé siquiera tener más hijos más adelante, con ese dolor horrible, - maldito sea -, -maldito Mauricio, porque me hiciste eso, me embarazaste, desgraciado-.
Era lo único que pensaba, era lo único que viviste maldecir a Mauricio por haberme embarazado, como si él solo tuviera la culpa.
-Me duele mucho, me duele mucho-.
Cuando llego al hospital está Natasha esperando. Le digo que por favor entre conmigo a la sala de parto, que no me deje sola. Se puso la pijama azul que les dan, se veía superchistosa, de repente me agarra, ganas de reír, ganas de llorar, no sabía qué hacer, quería tirarme el piso y rodar.
En una me bajé de la cama porque dijeron que todavía faltaba un poco, todavía no estaba superdilatada como yo pensaba. Nunca había sentido tantas manos adentro de mi v****a, pero sí, muchas manos adentro de mi v****a a cada rato, viendo cuánto dilataba. Estaba desesperada y hasta que llegó el momento y me abrieron las piernas.
Yo creo que se veía el infinito más allá de la forma que me abrieron las piernas y empiezo a pujar.- Puja, puja, puja, puja-, decía el doctor. -Camila, necesito que pujes con fuerza-.
-Pon tu mentón en tu pecho y puja, no grites, puja, por favor, trata de hacerlo con pujo, con fuerza para que el bebé salga-. Y yo no sabía cómo, pero lo estaba haciendo. Me demoré un poco, me demoré un poco, puje como cinco veces y cuando se escucha el llanto fuerte, unos pulmones increíbles tenía mi bebé.
Solo se me salieron las lágrimas porque ya soy mamá del niño, hermoso. Y lloraba y Natasha me decía, -mira tu bebé es hermoso-, mi bebé era precioso. Y su madrina Natasha cortó el ombligo, me puso supersentimental porque hubiera querido que fuera Mauricio el que hiciera eso, pero no estaba acá conmigo.
Me pasaron a sala para que pudiera amamantar al bebé y en eso Natasha enciende el televisor y salen las noticias. En el momento en que yo estaba dando a luz, Mauricio se estaba casando.