MAURICIO
.
.
.
.
Pase días enteros buscando a Camila Díaz entero sin poder dormir, no sabía dónde estaba ella, estaba preocupado, estaba angustiado una semana entera sin saber de su paradero. Busqué, busqué y no la encontré por ninguna parte.
Mi amigo Javier me ayudó; fue imposible encontrarla. Acudí a mi mamá y no sé por qué algo me decía que ella tenía algo que ver con eso.
Estaba angustiado porque, desde que ese día salió Camila de mi apartamento, ese día ya iba a irse al médico, chequeó general y no volvió. No volvió, no recibí una llamada, no recibí un mensaje de ella. La llamé y su teléfono apagado no contestaba, porque el buzón le mandaba al buzón.
Pero nunca mi corazón, con tanta presión, la verdad, solo quería que regresara a mi lado. Juré que apenas ella regresara a mi lado, iba a sacar mi anillo y le iba a pedir matrimonio.
Iba a ser que la pedida de matrimonio fuera la más bella que una mujer deseara.
No quiero estar separado de Camila, no lo quiero.
Lo que no sabía era que cuando ella regresara iba a encontrar esa carta, una carta de despedida. Wow, fue muy difícil su habitación en el tocador. Camila dejó todo lo de ella y se fue, me dejó.
No sé qué habrá pasado, lo único que sé es que hay un motivo fuerte para irse. Lo único que sé es que me dejó solo. No sé qué movió su ida, hay que sacarte, ya que me amaba cuánto hubiera querido estar acá para que pudiera impedir su huida.
Me repito una y otra y otra vez y no se solo le reclamo a Dios todo lo malo que me está pasando, lo cuestionó porque no entiendo que pasa.
¿Por qué, Señor, por qué me haces esto? ¿Por qué me quitas el amor de mi vida? Ahora que encuentro a una persona con la que siento paz, con la que siento que no puedo vivir sin ella, me la quitas de esta manera. ¿Qué pasó, Camila? ¿Qué hice? ¿Por qué te fuiste? Quiero saber qué pasó, dónde encontrarte. Me has roto en mil pedazos, Camila. Me has roto.
De verdad no estoy entendiendo. ¿Qué pasó? ¿Fuiste...? Dime qué pasó, Camila, dónde estás. ¿Cómo te puedo encontrar? Dios, ayúdame, déjame tener fuerzas. Ahí me vas a tener, no puedo más.
Llamé a Camila una y otra vez, pero no contestaba. ¿Qué pasó? No estaba entendiendo. ¿Qué pasó con Camila? ¿Dónde se fue? Me volví a sentar y volví a leer una y otra vez la carta de despedida.
-Maldita sea -dije en voz alta-. Me rompieron el corazón de esa manera.
Me levanté y comencé a caminar por la habitación, intentando encontrar alguna explicación. Pero no había ninguna. Solo la carta de despedida, que no decía nada sobre lo que había pasado.
-Camila, ¿por qué te fuiste? -dije, sintiendo lágrimas en mis ojos-. ¿Por qué me dejaste así?
Me detuve frente a la ventana y miré hacia afuera, sintiendo un vacío en mi pecho. No sabía qué hacer, no sabía cómo encontrar a Camila. Solo sabía que la necesitaba, que la amaba con todo mi corazón.
-Debo encontrarla -dije, decidido-. Debo saber qué pasó.
Me volví a sentar y comencé a pensar en qué podía hacer. Podía hablar con mis amigos, con mis familiares. Podía buscarla en todos los lugares que habíamos ido juntos. Pero ¿y si no la encontraba? ¿Y si no quería ser encontrada?
La incertidumbre me estaba matando. No sabía qué hacer, no sabía cómo seguir adelante. Solo sabía que necesitaba encontrar a Camila, que necesitaba saber que estaba bien.
-Camila, por favor -dije, sintiendo una desesperación creciente-. Vuelve a mí. Te necesito.
Pero no hubo respuesta. Solo el silencio, solo la carta de despedida que me había dejado destrozado.
Me pasé horas pensando en qué podía hacer, intentando encontrar alguna solución. Pero no había ninguna. Solo la esperanza de que Camila volviera a mí, de que todo se solucionara de alguna manera.
Finalmente, después de horas de espera, me levanté y decidí tomar acción. Iba a encontrar a Camila, iba a saber qué había pasado. Iba a luchar por ella, iba a luchar por nuestro amor.
-Camila, voy a encontrarte -dije, decidido-. Voy a saber qué pasó. Y voy a hacer que vuelvas a mí.
Con una determinación renovada, salí de mi casa, listo para enfrentar cualquier obstáculo que se interpusiera entre Camila y yo. Iba a encontrarla, iba a saber la verdad. Y iba a luchar por nuestro amor, sin importar lo que costara.
Vuelvo a leer la carta.
CARTA
Querido Mauricio,
No sé por dónde empezar a escribir estas palabras que salen de mi corazón. Me duele tener que despedirme de ti de esta manera, pero quiero que sepas cuánto te amo y cuánto lamento que nuestra historia tenga que terminar así.
Desde el primer día que te conocí, cuando entré a trabajar como tu secretaria y asistente personal hace tres años, supe que eras alguien especial. Me cautivaste con tu sonrisa, tu carisma y tu forma de liderar con pasión. Y en estos últimos meses, cuando dimos rienda suelta a nuestros sentimientos, descubrí un amor que nunca pensé que existiera.
Recuerdo el congreso de negocio donde todo cambió entre nosotros. Fue como si el destino nos hubiera llevado allí para encontrarnos de verdad. Los días que siguieron fueron increíbles, y cada momento que pasamos juntos es un tesoro que guardaré siempre. Me acuerdo de nuestras risas, nuestras conversaciones profundas, nuestros paseos por la ciudad... Todo fue mágico.
No me arrepiento de que hayas sido mi primer amor y mi primera vez en todo. Me has enseñado a amar sin miedo, a entregarme sin reservas. Y aunque ahora debemos separarnos, quiero que sepas que siempre te recordaré. Llevo una parte de ti conmigo, y esa parte siempre me recordará el amor que compartimos.
Espero que en el futuro se me permita amar sin condiciones, sin dañar a nadie, sin intrigas ni odios externos. Quiero creer que el amor puede ser puro y verdadero, y que nosotros fuimos un ejemplo de eso.
Te amo, Mauricio. Siempre lo haré. Aunque estemos separados, mi corazón seguirá latiendo por ti. Quiero que sepas que eres una persona increíble, y que has dejado una huella imborrable en mi vida.
Nunca olvidaré nuestros momentos juntos, nuestras risas, nuestras lágrimas... Todo lo que vivimos fue real, y eso es lo que más me duele. Duele saber que no podré verte más, que no podré tocarte, que no podré besarte...
Pero incluso en la distancia, quiero que sepas que mi amor por ti sigue intacto. Te llevaré siempre conmigo, en mi corazón y en mi memoria. Y aunque la vida nos separe, espero que algún día podamos encontrarnos de nuevo.
Hasta entonces, quiero que sepas que te amo, Mauricio. Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma. Eres el amor de mi vida, y siempre lo serás.
Camila