CAPITULO 23

2280 Palabras
NATASHA . . . . . . Me senté en mi asiento en el vuelo de conexión a Boston, suspirando de alivio después de un largo día de viaje. Mientras esperaba a que el avión despegara, noté a un hombre atractivo sentado a mi lado, tecleando en su laptop. Me sonreí para mí misma, pensando que quizás este vuelo no sería tan aburrido después de todo. De repente, el hombre se levantó para ir al baño y, al regresar, tropezó con mi bolso que estaba en el suelo. Mi laptop se deslizó hacia afuera y él se apresuró a recogerlo. —Lo siento mucho —dijo, sonriendo—. ¿Estás bien? Me reí. —Sí, estoy bien —dije—. Gracias por ayudarme. Comenzamos a charlar y descubrimos que ambos íbamos a Boston por negocios. Me contó que era amigo de Mauricio Bustamante ya que me vio leyendo la revista de cotilleo dónde salía el susodicho,y me sorprendió al escuchar su nombre ya que el era un conocido común, yo le hablé sobre mi trabajo en la empresa. A medida que el vuelo avanzaba, nuestra conversación se volvió más animada. Me gustó su sentido del humor y su amabilidad. Cuando el avión aterrizó, nos intercambiamos números de teléfono y quedamos en encontrarnos para tomar un café. Al día siguiente, nos encontramos en un café en el centro de Boston. La conversación fluyó fácilmente y nos reímos mucho juntos. Me sentí atraída por su personalidad y él parecía interesado en mí. Después de eso, comenzamos a citarnos regularmente. Nos gustaba explorar la ciudad juntos y descubrir nuevos lugares. Me sentí cómoda con él de inmediato y supe que quería conocerlo mejor. Un día, mientras caminábamos por el parque, me tomó de la mano. Me sentí un poco nerviosa, pero también emocionada. Sabía que estaba empezando a sentir algo especial por él. Y así, sin darme cuenta, me encontré muy encaprichada de Luca ese hombre llamaba mucho mi atención. Me gustaba su compañía y su forma de hacerme reír. Me sentí afortunada de haberlo conocido en ese vuelo de conexión. A los días siguientes de haber conocido a Lucas, nos seguíamos viendo muy seguido era muy frecuentes nuestros encuentros. Me senté en el bar, bebiendo mi copa de vino mientras esperaba a que Luca se me hacía más fácil decirle así por mi acento francés que no me deja pronunciar bien la S . Había pasado seis meses desde que el bebé de Camila había nacido y yo había estado ocupada con el trabajo, pero finalmente estaba en Boston ya con unos días en esta ciudad lo mejor es que Boston para abrir la nueva sucursal de la empresa y no cualquier sucursal una de las más grandes que tendríamos en estados unidos. Luca llegó y nos saludamos con un beso en la mejilla. Comenzamos a charlar y a reírnos juntos. No sabía mucho sobre él, pero parecía un tipo divertido y encantador. Pasamos la noche bebiendo y bailando, y antes de que me diera cuenta, estábamos besándonos en un rincón del bar. No pensé mucho en ello, solo disfruté del momento. Luca era atractivo y parecía interesado en mí. Pasamos la noche juntos y al día siguiente, nos despertamos en su apartamento. Todo parecía perfecto en esta ciudad, hasta que vi a Mauricio en un restaurante. Me quedé helada. No podía creer que fuera él. El mismo hombre que había lastimado a mi amiga Camila de manera tan cruel. Mauricio no me había visto todavía, así que me tomé un momento para observarlo. Estaba riendo con Luca, como si nada hubiera pasado. Me hervía la sangre al pensar en todo lo que Camila había pasado por su culpa. Finalmente, Mauricio me vio y se acercó a a mi ñmesa. —Natasha —dijo, sorprendido—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Negocios —respondí secamente—. ¿Y tú? —Lo mismo —dijo él, sonriendo—. No sabía que estabas en Boston. —Hay muchas cosas que no sabes —dije, mirándolo con rabia. Luca nos miró confundido. —¿Qué pasa? —preguntó. —Nada —dijo Mauricio—. Solo una vieja amiga. —Vieja amiga —repetí, riendo—. Eso es gracioso. Mauricio me miró confundido. —¿Qué quieres decir? —No importa —dije, encogiéndome de hombros—. Solo disfruta de tu día. Mauricio se sentó con nosotros y comenzamos a charlar. Pero yo no podía evitar sentir rabia hacia él. Sabía que había lastimado a Camila de manera cruel y que nunca había respondido a sus mensajes. En un momento, solté un comentario al aire. —Algunos hombres son verdaderos desgraciados. Mauricio me miró confundido. —¿A qué te refieres? —A nada en particular —dije, sonriendo—. Solo una observación. Mauricio se inclinó hacia adelante. —Natasha, ¿por qué me tienes rabia? —preguntó. Me reí. —No te tengo rabia —mentí—. Solo estoy disfrutando de mi día. Mauricio me miró escéptico. —No te creo —dijo—. Hay algo que te molesta. Me encogí de hombros. —No importa —dije—. No te tengo que dar explicaciones. Mauricio se recostó en su silla. —Tienes razón —dijo—. No te tengo que pedir explicaciones. La tensión entre nosotros era palpable. Luca nos miraba confundido, sin entender qué estaba pasando. —Natasha, ¿qué pasa? —preguntó Luca. —Nada —dije—. Solo una discusión tonta. Mauricio se puso de pie. —Creo que me voy a ir —dijo—. Ha sido un placer verte, Natasha. —Lo mismo digo —dije, sin mirarlo. Mauricio se fue y Luca me miró confundido. —¿Qué pasó? —preguntó. Me encogí de hombros. —Nada —dije—. Solo una vieja historia. Luca me miró con curiosidad. —¿Qué historia? —preguntó. Sonreí. —No importa —dije—. Solo déjalo así. Luca asintió y nos quedamos en silencio por un momento. Luego, Luca habló. —Natasha, me gustas —dijo—. Quiero conocerte mejor. Me sonreí. —Me gustas tú también —dije—. Pero no sé si estoy lista para algo serio. Luca se rió. —No te preocupes —dijo—. No estoy buscando nada serio. Solo quiero disfrutar del momento. Asentí y nos besamos. Pero en mi mente, todavía estaba la imagen de Mauricio y la rabia que sentía hacia él. Pasaron los días y seguí viendo a Luca. Nos divertíamos juntos y parecía que todo iba bien. Pero cada vez que veía a Mauricio, sentía una rabia intensa hacia él. No entendía por qué había lastimado a Camila de manera tan cruel. Mauricio se sentó frente a mí en el restaurante. —Natasha, ¿podemos hablar? —preguntó. Me encogí de hombros. —¿Qué quieres hablar? —Quiero saber por qué me tratas así —dijo Mauricio—. Parece que me tienes rabia. Me reí. —No tengo rabia —mentí—. Solo estoy disfrutando de mi vida. Mauricio me miró escéptico. —No te creo —dijo—. Hay algo que te molesta. Me incliné hacia adelante. —¿Sabes qué? —dije—. No me importa lo que pienses. No me importa si crees que tengo rabia o no. Mauricio suspiró. —Natasha, por favor —dijo—. Quiero entender qué pasa. Me puse de pie. —No hay nada que entender —dije—. Solo déjame en paz. Mauricio se levantó y me siguió. —Natasha, espera —dijo—. Quiero hablar contigo. Me di la vuelta y lo miré. —No quiero hablar contigo —dije—. No quiero saber nada de ti. Mauricio me miró con tristeza. —Natasha, por favor —dijo—. Quiero arreglar las cosas. Me reí. —No hay nada que arreglar —dije—. Solo vete. Mauricio se fue y yo me sentí aliviada. Pero sabía que esto no había terminado. Esa noche, Luca me preguntó qué estaba pasando. —Natasha, ¿qué pasa con Mauricio? —preguntó—. Te veo muy molesta cuando estás cerca de él. Me encogí de hombros. —No es nada —dije—. Solo déjalo así. Luca me miró con curiosidad. —Natasha, sé que hay algo —dijo—. Quiero saber qué es. Me puse seria. —Luca, por favor —dije—. No me preguntes eso. Cuando me sienta en confianza, te lo contaré. Luca asintió. —Está bien —dijo—. Pero puedo ver que hay algo que te duele. ¿Qué pasó con Mauricio? Suspiré. —Mauricio ha causado mucho dolor —dije—. Dolor que no se puede olvidar. Luca me miró confundido. —¿Qué quieres decir? —preguntó. Me encogí de hombros. —No importa —dije—. Solo déjalo así. Luca asintió y me abrazó. —Está bien —dijo—. No te preguntaré más. Pero yo sabía que Luca no estaba satisfecho con mi respuesta. Podía ver la duda en sus ojos. Y sabía que esto no había terminado. MAURICIO . . . Me senté en mi silla, confundido y pensativo. ¿Qué había pasado con Natasha? En Costa Rica, nos llevamos bien, nos reímos juntos y compartimos momentos agradables con Camila. Pero ahora, parecía que me odiaba. —Piensa, Mauricio —me dije—. ¿Qué habrás hecho? ¿Por qué Natasha te dice esas cosas? Me devané los sesos, tratando de recordar cualquier cosa que hubiera hecho mal. Pero no se me ocurría nada. Habíamos sido amigos, o al menos eso creía. —¿Tendrá algo que ver con Camila? —me pregunté—. Pero ¿cómo? No sabía dónde estaba Camila ni qué había pasado con ella. Solo sabía que había desaparecido de mi vida sin dejar rastro. —Algo pasó, Mauricio —me dijo mi conciencia—. Algo que Natasha sabe y tú no. Algo que la hace odiarte tanto. Me sentí frustrado y confundido. Quería saber qué estaba pasando, pero Natasha no parecía dispuesta a decírmelo. —¿Por qué me odia tanto? —me pregunté de nuevo—. ¿Qué hice para merecer esto? La respuesta no llegaba. Solo tenía preguntas y más preguntas. Y la sensación de que estaba perdiendo algo importante. Me levanté y comencé a caminar, tratando de despejar mi mente. Pero la imagen de Natasha y su mirada de odio seguía grabada en mi mente. ¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho mal? Solo quería saber la verdad. NATASHA Y CAMILA . . . . Camila se sentó frente a su computadora, sonriendo al ver a Natasha en la pantalla de la videollamada. —Hola, Natasha —dijo Camila—. ¿Cómo estás? —Hola, Camila —respondió Natasha—. Estoy bien, gracias. ¿Y tú? ¿Cómo está el bebé? —Está bien —dijo Camila—. Creciendo cada día más. Pero dime, ¿qué pasa en Boston? ¿Cómo va todo? Natasha se rió. —Va bien —dijo—. La empresa está marchando bien. Y... bueno, hay algo más que quería contarte. —¿Qué es? —preguntó Camila, curiosa. —Conocí a alguien —dijo Natasha—. Se llama Luca. Es amigo de Mauricio. Camila se puso seria. —¿Mauricio? —repitió—. ¿Qué pasa con él? Natasha suspiró. —Bueno, es que... me encontré con él en un restaurante y... bueno, fue incómodo. Me miraba como si no supiera qué había pasado entre nosotros. —¿Qué le dijiste? —preguntó Camila, curiosa. Natasha se rió con amargura. —Le dije algunas cosas —dijo—. No sé, Camila. Me enfurece solo de pensar en él. Después de todo lo que te hizo... Camila asintió. —Natasha, ten cuidado —dijo—. No le digas nada que pueda perjudicarte a ti o a mí. La mamá de Mauricio es peligrosa. Si se entera de lo que pasó... puede hacer daño. Natasha asintió. —No te preocupes, Camila. No diré nada. Pero es que... es difícil. Me siento tan enojada con él. No entiendo cómo puede ser tan ciego. Camila se puso seria. —Natasha, no vale la pena —dijo—. Déjalo así. No te metas en problemas por su culpa. Natasha asintió. —Tienes razón —dijo—. Lo dejaré así. La conversación continuó durante un rato más, con Natasha contándole a Camila todo sobre su relación con Luca y su encuentro con Mauricio. Camila escuchó atentamente, ofreciendo palabras de aliento y consejo cuando era necesario. —Me alegra que estés bien, Natasha —dijo Camila finalmente—. Y me alegra que hayas conocido a alguien especial. Natasha sonrió. —Gracias, Camila —dijo—. Significa mucho para mí. La videollamada continuó durante un rato más, con las dos amigas charlando y riendo juntas. Finalmente, se despidieron y se dieron un abrazo virtual. —Te quiero, Natasha —dijo Camila. —Yo también te quiero, Camila —respondió Natasha—. Cuida mucho al bebé. Camila sonrió. —Lo haré —dijo—. Y tú cuida mucho a Luca. Natasha se rió. —Lo haré —dijo—. Adiós, Camila. —Adiós, Natasha —respondió Camila. La videollamada se terminó y Camila se quedó sentada frente a su computadora, sonriendo débilmente. Se sentía afortunada de tener a Natasha como amiga. Y esperaba que todo saliera bien en Boston.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR