Mauricio y Maribel se despertaron en su habitación, el silencio entre ellos era palpable. Mauricio se levantó sin dirigirle la palabra, se vistió y se fue a trabajar. Maribel se quedó en la cama, llorando en silencio. La boda había sido un evento fastuoso, pero la realidad era muy diferente. Mauricio no la amaba, y ella lo sabía.
En el trabajo, Mauricio se sumergió en sus tareas para distraerse de sus pensamientos. Pero no podía dejar de pensar en Camila. ¿Dónde estaría? ¿Qué estaría haciendo? La desesperación lo consumía. Los investigadores no habían encontrado ninguna pista, y Mauricio sospechaba que la madre de Mauricio estaba detrás de todo.
Maribel, por su parte, se sentía cada vez más insegura. Mauricio no la tocaba, no la miraba. Era como si ella no existiera. Se preguntaba como iba a aguantar tanto pero a su vez solo pensaba en devolverle a Mauricio todas las humillaciones ella era consciente que se había casado con ella por obligación. Pero eso a ella no le importaba porque ella se creía una víctima. Las discusiones entre ellos eran cada vez más frecuentes.
—¿En qué piensas? —le preguntó Maribel una noche, mientras cenaban en silencio. Mauricio se encogió de hombros. —En nada —mintió. Maribel no se creyó. —Piensas en ella, ¿verdad? —acusó. Mauricio no respondió, pero su mirada lo delató.
Los días pasaban, y la tensión entre ellos aumentaba. Mauricio se pasaba horas en el trabajo, evitando volver a casa. Maribel se sentía sola y abandonada. La madre de Mauricio, por su parte, estaba de metiche en esa relación y le decía a Maribel que la solución de todo era que se embarazara . Todo mientras pensaba en Camila y el lo que había descubierto mientras la tenía en cautiverio—No eres la mujer adecuada para mi hijo —decía en su mente con una sonrisa maliciosa.
Una noche, Mauricio llegó a casa tarde, oliendo a alcohol como ya era de costumbre. Maribel lo enfrentó. —¿Dónde has estado? —exigió saber. Mauricio se encogió de hombros. —En el trabajo —mintió de nuevo. Maribel no se creyó. —Estás mintiendo —acusó. —Te veo en los ojos.
Mauricio se sintió acorralado. —¿Y qué si fuera cierto? —espetó. Maribel se echó a llorar. —No me amas —sollozó. —Nunca me has amado. Mauricio se sintió culpable, pero no podía evitarlo. Su corazón pertenecía a Camila.
Mientras tanto, los investigadores seguían buscando a Camila. Pero la madre de Mauricio parecía tener un poder misterioso para bloquear su búsqueda. Mauricio sospechaba que ella sabía dónde estaba Camila, pero no quería decírselo.
La situación entre Mauricio y Maribel llegó a un punto crítico. Una noche, después de una discusión especialmente violenta, Mauricio se fue de casa. Maribel se quedó sola, llorando desconsoladamente. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué Mauricio no la amaba?
Mauricio, por su parte, se fue a un bar, buscando olvidar sus problemas. Pero no podía dejar de pensar en Camila. ¿Dónde estaría? ¿Estaría bien? La desesperación lo consumía. De repente, sonó su teléfono. Era un número desconocido. Mauricio respondió, con el corazón en la garganta. —¿Sí? —dijo. La voz al otro lado del teléfono era baja y misteriosa. —Camila está viva —dijo. —Si quieres información, tienes que pagar cien mil dólares, la.informacion que tengo de tu amada muestra cien mil . Mauricio se quedó sin aliento. ¿Sería posible? ¿Podría encontrarla al fin?
CAMILA
Camila se despertó temprano, sintiendo el calor del bebé en sus brazos. Juan Camilo dormía plácidamente, envuelto en una manta suave. La niñera, María, estaba en la cocina, preparando el desayuno.
—Buenos días, Camila —dijo María, sonriendo—. ¿Cómo está el bebé hoy?
—Está bien, gracias —respondió Camila, sonriendo—. Aunque anoche estuvo un poco inquieto.
María asintió. —No te preocupes, es normal. Los bebés recién nacidos son así.
Camila se levantó de la cama y se dirigió al baño para darse una ducha rápida. Mientras se vestía, escuchó el sonido de la puerta principal. Era Natasha, su amiga y madrina del bebé.
—Hola, Camila —dijo Natasha, abrazándola—. ¿Cómo estás? ¿Cómo está Juan Camilo?
—Estamos bien, gracias —respondió Camila, sonriendo—. Aunque estoy un poco cansada.
Natasha asintió. —Es normal. Los primeros meses son los más difíciles. Pero estoy aquí para ayudarte en lo que necesites.
Camila sonrió, agradecida. —Gracias, Natasha. Significa mucho para mí.
Natasha se sentó en el sofá y comenzó a jugar con el bebé. —Tengo que decirte algo —dijo, mirando a Camila con seriedad—. Voy a viajar a Boston por negocio.
Camila se sorprendió. —¿Boston? —repitió—. ¿Por qué?
—Estamos planeando abrir una nueva sucursal de la empresa allí —explicó Natasha—. Y necesito estar presente para supervisar todo.
Camila se sintió un poco inquieta. Boston esa ciudad donde vive el amor de su vida y donde sus últimos días fueron de terror. ¿Qué pasaría si se enteraba de que ella estaba en Canadá? ¿Y si la buscaba?
—Natasha, ¿estás segura de que es una buena idea? —preguntó Camila, preocupada—. Mauricio vive en Boston.
Natasha la miró con comprensión. —Lo sé, Camila. Pero no te preocupes. No hay razón para que Mauricio se entere de que estás en Canadá. Además, hace meses que lo contactaste y el no respondió. ¿Qué ha pasado con él?
Camila suspiró. —Nada. Simplemente no quiso responder y no le interesó nuestro hijo. Se casó con Maribel y no respondió a ninguna de mis llamadas ni mensajes. No sé qué pasó.
Natasha asintió. —Entiendo. Bueno, en cualquier caso, estaré allí solo unos días. Y no te preocupes, estaré en contacto contigo constantemente.
Camila asintió, un poco más tranquila. —Está bien. Gracias, Natasha.
Mientras Natasha se preparaba para irse, Camila se dedicó a cuidar al bebé. Le dio de comer, lo cambió y lo arrulló hasta que se durmió. La señora que ayudaba con los quehaceres de la casa, Rosa, llegó y comenzó a limpiar la casa.
—Gracias, Rosa —dijo Camila, sonriendo—. Me hace la vida mucho más fácil.
Rosa sonrió. —De nada, Camila. Me alegra poder ayudarte.
Camila se sentó en el sofá y miró al bebé, que dormía plácidamente en sus brazos. Se sentía agradecida por tener a Natasha y a Rosa en su vida. Pero no podía evitar sentir un poco de ansiedad por el viaje de Natasha a Boston. ¿Qué pasaría si Mauricio se enteraba de que ella estaba en Canadá?