CAPITULO CUATRO

1707 Palabras
LANE —¡Gracias, gracias! —exclamó Roxanne, una de mis pocas amigas del Dynasty, dando saltitos de alegría, abrí mis ojos cuando me abrazó—. Te debo una grande. Nos separamos y negué. La que le debía eso era yo, después de haber sido tan buena y generosa conmigo esos últimos días de caos. —No te preocupes. —Eres la mejor —dejó un sonoro beso en mi mejilla. Me dediqué a vestirme para cubrirla en su turno mientras la escuchaba contarle a su novio que sí podrían estar juntos esa noche, para festejar el cumpleaños de él. Aunque quedarme dos horas más no estaba en mis planes, no podía negarme, sería muy injusto de mi parte. El vestuario consistía en una minifalda roja junto a una especie de corsét que resaltaba mis senos. Su último turno era como camarera, y generalmente llevaban más ropa que las chicas que bailaban. Era un atuendo sexy. Me calcé los tacones negros y salí de los cambiadores junto a Roxanne, quien se despedía con una sonrisíta tonta. —¿Y la rubia? —indagó Sarah, la pelirroja que se encargaba de atender la barra, mientras limpiaba un vaso de cristal. —Voy a cubrirla en este turno, se fué a casa —dije, apoyando mis manos en la mesa fría de color n***o. —¿Por el cumpleaños de Cameron, no? —. Asentí. —¿Vas a hacerme compañía? —le sonreí abiertamente como una niña pequeña y ella carcajeó. —Claro, Lane, pero primero —me acercó una bandeja repleta de tragos de distintos colores y aromas fuertes. Hice una mueca —llevale esto a Randy, está en el VIP. Fruncí el ceño. —Ya me estoy arrepintiendo. Tomé la bandeja y subí las escaleras hasta la planta VIP con mucho cuidado de no derramar nada. Mi equilibrio no era el mejor, quizás por eso Randy no me había puesto esa tarea en ningúno de mis turnos. Esa noche el Dynasty estaba casi lleno, las chicas estaban ganando mucho dinero y se las veía contentas, además no es como si los clientes del club fueran tan feos. La mayoría eran empresarios, hombres ricos que le daban buena fama al lugar. Inclúso Randy había salído de su oficína para beber algo. Cuando entré al reservado para dejar las bebidas, todas las miradas se pusieron sobre mí, pero las ignoré y me centré en Randy, quien me sonrió amablemente. —¿Se les ofrece algo más? —indagué con suavidad desde la puerta. —¿Cómo te llamas, cielito? —busqué al tipo que había dicho eso y me encontré a un hombre moreno de ojos claros, muy guapo, que no debía tener más de cuarenta y cinco. —Shelly —mentí y Randy apretó sus labios, conteniendo una risa, pero el señor de ojos claros ni siquiera se dió cuenta, estaba muy ocupado ojeando mis piernas—. Si me disculpan. Salí de ahí dandole un último vistazo al hombre y bajé a la barra otra vez. La primera hora había pasado bastante rápido, los tacones comenzaban a lastimarme los pies y la música a torturarme los oídos. Unos hombres me habían dado una propina tan buena cuando fuí a servirles, que quedarme un rato con ellos, fingiendo que eran graciosos y admirables por todos sus millones, era lo más importante del mundo. Lo que una hacía por dinero. Faltaba media hora para irme cuando me dejé caer en uno de los asientos de la barra, apoyando mis codos y frotando mi rostro con mis manos. —Hay un tipo que no ha dejado de mirarte mientras servías —dijo Sarah y la miré a través de mis dedos—. Parecía un psicópata, pero está bueno... oh ahí viene. —¿Qué? Pero antes de que pudiera responderme, una mano apretó mi cintura y me sobresalté, dispuesta a golpear al que me había tocado, mi rostro se relajó al ver al tipo moreno ocupando lugar a mi lado. —Tú. Él me guiñó uno de sus ojos celestes. —Dos whiskys, porfavor —le pidió a Sarah y, cuando ella los sirvió, me tendió uno y le agradecí. —¿Acaso estabas espiandome? —bromée, bebiendo un sorbo, esforzandome en no hacer una mueca. —No, solo te miraba, eres muy bonita como para no hacerlo —sus palabras me hicieron sonreír genuinamente. —Bueno, gracias. Tu también eres muy apuesto... —Mark. —Que bonito nombre. —Igual que el tuyo, ¿Shelly, no? —asentí—. Díme, Shelly —se inclinó más cerca de mí y sus dedos colocaron un mechón de cabello detrás de mi oreja—, ¿no te gustaría ir a un lugar más... tranquilo? Cuando iba a responderle, alguien se me adelantó. —¿Shelly? Mierda. —¿Tu quién... oh -Mark se calló al ver quién estaba parado detrás de mí—. Señor —saludó, repentinamente nervioso, tomando una postura más firme, alejandose de mí—. ¿la conoce? No hizo falta que lo aclarara, sabía que se refería a Shelly. Una mano se posó en mi hombro descubierto y no tuve dudas de que era él cuando su característico perfume varonil invadió mis fosas nasales. Inconscientemente, inhalé profundo. Su cuerpo detrás del mío, el simple hecho de saber que estaba ahí, se volvía como un imán para mí. Como si mi cuerpo entero reaccionara al instante, como si se tratara de una especie de droga y una parte de mí la aclamara. —Es mía. Doble mierda. Me tensé al oír aquellas palabras salir en un tono seguro y firme. Mark se removió incómodo y casi le pedí que se quedara, solo para demostrarle a Kaiden que no podía venir e interrumpirnos así como si nada, como si tuviera todo el poder de hacer lo que quisiera. Pero Mark palideció y bajó del asiento acomodando su saco, sin siquiera mirarme. —Nos vemos, señor Knight —se despidió y lo observé atónita alejandose entre la multitud sin mirar atrás. Pero entonces un pecho firme se cruzó en mi panorama, ocupando el lugar de Mark. -No te ofendas, pero no tienes mucha cara de Shelly -dijo y mordí mi labio para no soltarle una grosería. Me quitó el whiskey de Mark de las manos e hizo una mueca-. Arroja esa mierda y dale otro -le ordenó a Sarah de mala gana y ella obedeció sin rechistar. Se giró hacia mí con una sonrísa. Solo a mí me toca cruzarme con esta clase de locos. -¿Qué haces aquí? -me crucé de brazos. -Uh -arqueó sus cejas con diversión-, ¿así que ya acabamos con la formalidad?. Admito que me ponía un poco cuando me llamabas Señor. Rodé mis ojos, me irritaba que no pudiera tomarse algo en serio. -Estoy trabajando, Kaiden -me bajé de un salto y solo logré alejarme unos pasos cuando él volvió a abrir su boca. -No sé si ya olvidaste que tu y tú familia están en mis manos -me detuve en seco-. Asi que te aconsejo regresar aquí, apoyar tu bonito trasero en mis piernas y quizás olvide este comportamiento y sea amable contigo. Me giré hacia él, furiosa. -Mi padre ya solucionó ese problema, no te pertenecemos más. -¿Crees que si el inépto de tu padre hubiese solucionado algo, yo estaría aquí? -se acomodó con los brazos extendidos en la barra-. Aunque verte me fascina, amor. Ignoré su comentario final y sus palabras hicieron eco en mi cabeza. ¿Cómo que papá no solucionó el problema?, o quizás Kaiden mentía, o quizás Ian lo hizo. -¿A qué te refieres? -Kaiden no respondió, solo se quedó ahí, mirandome con diversión, como si esperara algo de mí. Imbécil. Tomé una respiración profunda y caminé hacia él, ocupando lugar sobre sus piernas y su mano inmediatamente se adueñó de mi cintura. -¿Y bien? -Ian sí solucionó su problema -hizo una pausa-, más no el tuyo. -¿Puedes soltarlo de una vez por todas?, no tengo una bola de cristal para ver todo lo que cruza por esa mente sucia tuya -exigí molesta. Kaiden mordió su labio inferior. -Como me pone que te pongas agresiva. Yo iba a ponerlo... en un pozo a tres metros bajo tierra. Su actitud me irritaba al punto de querer llorar. -Kaiden -advertí y finalmente suspiró. -Bien. Anoche, como a las dos de la mañana, Ian apareció en uno de nuestros clubes. Quería entrar a toda costa pero mis guardias no dejan que nadie que deba dinero entre. Entonces me llamaron a mí y cuando llegué, comenzó a rogar más tiempo, diciendo que ya casi tenía el dinero y puras mierdas que díce la gente desesperada cuando la soga le aprieta el cuello -claro, él debía estar acostumbrado a aquello, a disfrutar de la desesperación y el miedo ajeno-. El caso es que, y aquí viene lo importante, yo iba a hacer una excepción. Dejó de hablar e hice un ruido con la lengua. -¿Cuál fué la excepción, Kaiden? -hice la pregunta que él esperaba que hiciera. -Tú -fingí que eso no me importó, pero una parte de mí no-. Sabía que, entre más tiempo me debiera, tendría más posibilidades de visitarte cuando yo quisiera -sus dedos descienden por mi oreja hasta llegar a mis claviculas, acariciandola con suavidad, erizandome la piel. Concentrate, Lane-. Pero entonces apareció mi hermano. -¿Cómo? Me hubiera aterrado de no ser porque papá apareció sin un rasguño en la madrugada, lo que quería decir que nada malo pasó. -Llegó y le dijo que: o le daba el dinero o lo mataría. -¿Y qué hicieron? -. Debieron arreglarlo de algúna forma, y eso era lo que papá no había querido decirme. -Un intercambio. Una cosa por otra. -Ya sé lo que es, Kaiden. Pero -las palabras temieron en salir de mi garganta, asi que me tragué el nudo y continué-, ¿qué intercambiaron? Sus dedos dejaron de acariciar mi clavicula y, con lentitud y serenidad, sus iris azules subieron por mi rostro hasta mis ojos. Un brillo fugaz apareció y las comisuras de sus labios se elevaron. -A tí.
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