CAPITULO 03

1543 Palabras
LANE Mientras observaba a través de la ventana del automóvil de Sasha, cómo las desiertas calles de Chicago se tiñeron en la oscuridad de la noche, había una cosa que no salía de mi cabeza: Kaiden Knight. En su visita al Dynasty. En sus manos grandes sobre mis muslos, en su fornído cuerpo debajo del mío, en su voz grave y masculina, en su aliento cálido acariciando mi oreja, en sus dedos provocadores recorriendo mi abdomen, en cómo mi piel se erizaba y mi corazón latía errático. El efecto que había tenído sobre mí me hizo sentir que, por un segundo, podía ignorar quién era y el por qué estaba ahí. Kaiden me generaba un conflicto conmigo mísma porque, debía detestarlo, —y en parte lo hacía—, pero cuando me miraba con aquellos ojos azules y me sonreía de lado, una parte de mí quedaba en blanco. La atracción físicamente entre ambos era ridículamente intensa como para ignorarla, pero no tanto como para dejar de lado el hecho de que él nos haría vaya a saber Dios qué cosas, si no le devolvíamos su sucio dinero. Era un completo imbécil con aires de superioridad, que me había humillado y ni siquiera me había permitido pedir el préstamo. Jamás en la vida iba a aceptar su dinero que, más que seguro, también estaba manchado con sangre de gente inocente de la que él se aprovechó, al igual que mi padre. De no ser porque tenía a toda la policía en su bolsillo, lo hubiese denunciado. Pero no era tan idiota como para arriesgarme por nada. Solo necesitaba conseguir el dinero y satisfacerme viendo su rostro cuando se diera cuenta de que ya no tendría más motivos para acercarse a mí o a mí familia. Aunque una pequeña parte de mí no quería aquello, lo quería cerca. Demasiado cerca. Y ahí el conflicto. Suspiré pesadamente, cerrando mis ojos un rato, hasta que el automóvil de Sasha se detuvo y supe que ya habíamos llegado a casa. No quería bajar, no quería volver ahí, quería irme lejos y escapar de la mierda en la que se había convertido mi vida desde aquella visita de Kaiden. Al parecer Sasha se dió cuenta, porque tomó mi mano y dijo: —Puedes quedarte en mi departamento si quieres. Abrí mis ojos y ella me sonreía. Sí, dile que sí. Ignoré la vocecita en mi subconsciente y le eché un vistazo a mi casa. No podía dejar a mamá y a Emilia solas. Y además debía asegurarme de que el cobarde de mi padre estuviera ahí mañana para que, cuando los Knight vinieran a cobrar, el afrontara las consecuencias, que se hiciera cargo del lío en el que nos había metido. Finalmente me negué a su propuesta. Con pesar, me despedí de la pelirroja y ella se quedó esperandome hasta que entré a casa. Esta vez la puerta sí estaba cerrada con llave. Me despedí con la mano de ella, viendo como se alejaba. Parecía una noche como cualquier otra, con la oscuridad y el silencio recibiendome después de un pesado día en el Dynasty. Arrojé el bolso junto a mi abrigo sobre uno de los sofás y caminé a través del pasillo hacia mi habitación. Me detuve en seco al oír unos sollozos provenientes de la habitación de mis padres. Ya era muy tarde, ¿qué hacían despiertos? ¿qué estaba pasando? Cuidadosamente asomé la cabeza hacia dentro, encontrandome a mamá observando un punto fijo, perdida en sus pensamientos, mientras Emi sollozaba entre sus brazos. Al oír la puerta abriendose, ambas me miraron y la pequeña rubia saltó sobre mí. —¿Que ocurre, Emi? —indagué acariciando su mejilla, dandole una mirada a mamá. —P-papá —sollozó. Mi semblante cambió al segundo de escucharla, ¿qué rayos había hecho ese tipo ahora? —¿Mamá? —Tu padre fué al centro hace unas horas y... aún no volvió. Sus palabras me revolvieron el estómago. Mi mente solo llegó a una conclusión y era que había huído. Enseguída negué. Seguramente nos estabamos precipitando, porque si a Ian se le llegaba a ocurrir dejarnos solas, cargando las consecuencias de sus inmaduros e imprudentes actos, no habría un solo lugar en la Tierra donde no lo buscaría para asesinarlo yo mísma. Maldito Ian. —¿Papá volverá, Lane? —preguntó la pequeña y me agaché a su altura, limpiando las lágrimas de sus grandes ojos azules. Por su propio bien, esperaba que sí. —Claro, preciosa, ¿tú crees que va a abandonar a su princesa aquí? —le dí un toque en la punta de la naríz y ella sonrió con la naríz y las mejillas rojas—. Ahora vamos con mamá. Ella corrió hasta Ruth, quien la tomó entre sus brazos y la acostó a su lado. —¿Qué haremos, hija? —preguntó mamá después de un rato y tomé sus manos temblorosas entre las mías. Ella no podía con eso, su salud en ese momento no le permitía moverse o sufrir por todo lo que el imbécil de Ian la estaba haciendo pasar, y me apenaba tanto, porque sabía que a pesar de todo, ella solo quería que todos estuvieramos bien. —Encontraré la solución, mamá —besé su frente y la abracé con fuerza, sintiendo el nudo en mi garganta. La noche transcurrió con una lentitud inquietante, contaba los segundos que pasaban y me controlaba para no despertar a Emily y a mamá para huir. Al final había decidido darle unas horas para aparecer y, si para el amanecer no habia rastro de él, usaría el dinero de Kaiden para irnos lejos. Cualquier mínimo ruido me alertaba y ya no encontraba forma de calmar mis nervios. Mordí mis uñas, miré por las ventanas y hasta caminé por la casa para matar un poco el tiempo. Aunque el tiempo me estaba matando a mí. Eran las cuatro de la mañana cuando la puerta de entrada sonó y sentí mi alma irse de mi cuerpo durante unos segundos, pero al escuchar los pasos de papá todo mi cuerpo se relajó. Dejé de acariciar el cabello suave de mi hermana pequeña y salí de la cama con cuidado, cubriendolas con la manta. Cuando salí al pasillo divisé la figura de papá e inmediatamente quise golpearlo, pero cuando noté su semblante triste algo se removió en mí. Me acerqué, sintiendo aroma a alcohol. —¿Papá? Él me miró y su intento de sonrísa terminó en una mueca extraña y cansada. Las marcas de los golpes que le habían dado los hombres de Kaiden casi ni se le veían sobre su piel pálida. —Hola, mi pequeña —extendió sus brazos hacia mí y dudé en acercarme, aún estaba enfadada. Él apretó sus labios cuando lo miré con odio, sentandose en el sofá mientras frotaba su rostro. No sientas pena. No sientas pena. —¿Dónde estabas? Me crucé de brazos. —En la casa de apuestas. Jadée indignada. —¿Otra vez, Ian? —le reproché. Él negó. —Fuí para hablar con los Knight, para intentar solucionar esto. Dí unos pasos hacia él, tirando de mi cabello hacia atrás. Iba a enloquecer. ¿Por qué rayos había ido solo ahí?, se nota que no le temía a la muerte. No quise que notara mi preocupación y solo pregunté en tono seco: —¿Y entonces? —Creo... creo que nos dejarán en paz —me miró, y sus ojos azules no mentían, parecía hasta un poco aliviado. Quizás era cierto, de otra forma lo hubieran matado allí mísmo, pero estaba vivo, eso quería decir que algo había hecho para que los Knight decidiera olvidar lo del préstamo así como así, pero... ¿qué? —¿Qué hiciste? —quise saber, pero él no respondió. Suspiré—, papá —lo llamé dando unos pasos hacia él, sentandome a su lado en el sofá—, ¿qué les diste? Él se mantuvo en silencio un rato largo, hasta finalmente negar. —No importa, lo único importante aquí es que ya no nos molestarán mas. Entonces sí les ofreció algo a cambio. Sin poder evitarlo, una sonrísa genuina se extendió en mis labios, ni siquiera le hice caso a las dudas que surgieron en mi cabeza. Abracé a Ian con fuerza. —Lo solucioné, Lane —habló con su voz rota, nos separamos y acomodó un mechón de cabello detrás de mi oreja—. Te amo demasiado, ¿lo sabes, no? —asentí, dudosa. Si me quisiera de verdad, no nos habría metido en eso desde un principio—. Lo siento tanto. Supuse que se había disculpado por aquello. —Ya no importa. Al fin y al cabo, nos había sacado de aquél lío, no iba a agradecerlo claro estaba, pero al menos cumplió su deber y no resultó tan cobarde como creí. Quizás papá sí estaba realmente arrepentido y quería comenzar a hacer bien las cosas. El resto de la noche me la pasé más tranquila, aunque no podía dormir. Kaiden había pasado a segundo plano en mi mente y ahora solo me centraba en una incógnita: ¿qué les había dado Ian a los hermanos Knight para liberarnos de la deuda?
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