Zeyan estaba sentado en su despacho, rodeado de mapas, informes y documentos, todos inútiles. Había movilizado a los mejores investigadores, rastreado cada posible pista, pero la ubicación de An seguía siendo un misterio. Su desesperación aumentaba con cada día que pasaba sin verla, sin saber si estaba bien, si su hijo estaba a salvo. Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. Era Mei, con su característica sonrisa triunfante y una mirada que destilaba malicia. —¿Qué quieres? —preguntó Zeyan con frialdad. Mei se sentó frente a él, cruzando las piernas con elegancia. —Vine a ofrecerte un trato —dijo, inclinándose ligeramente hacia él. Zeyan frunció el ceño, sin paciencia para sus juegos. —Habla de una vez. La Propuesta de Mei —Sé dónde está An —dijo Mei, dejando caer sus pa

