VEINTICINCO

952 Palabras

Mei se encontraba en la sala principal de la mansión Qin, jugando con una copa de vino mientras esperaba la llegada de Zeyan. Había pasado días perfeccionando el plan para destruir el vínculo que aún sentía que existía entre Zeyan y An. Si bien sabía que Zeyan era difícil de manipular, también conocía su punto débil: su orgullo. Finalmente, el ruido de la puerta abriéndose anunció la llegada de Zeyan. Él entró en su silla de ruedas, luciendo cansado pero como siempre con su expresión impenetrable. —¿Qué quieres, Mei? —preguntó con frialdad al verla instalada en su casa sin previo aviso. Mei se acercó con una sonrisa cargada de falsa dulzura. —Zeyan, solo quería hablar contigo. Es algo importante. Él la miró con impaciencia. —Habla rápido. No estoy de humor para tus juegos. Mei tomó

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