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1806 Palabras
Enzo entró al local y chocó su mano con la de Lisa. Aquella joven recepcionista había durado un mes y eso era todo un logro. Si bien él también se consideraba joven, sabía asumir una responsabilidad. No terminaba de entender a las personas a las que todo les daba lo mismo. Desde que habían abierto el lugar habían contratado a ocho jóvenes que por diferentes razones no terminaron siendo los indicados. Sólo esperaba que detrás de aquellas uñas decoradas en demasía existiera una joven con ganas de trabajar. -Hola, Lisa. ¿Cómo estás? ¿Arranco a las cuatro, no?- le dijo mientras descolgaba su mochila gastada de su hombro. -Hola Enzo. No, la chica de las cuatro canceló, así que tenes una hora libre.- le anunció sin dejar de masticar su chicle con exageración. -Ay, la juventud, la juventud. ¡Cómo me molesta la falta de responsabilidad! ¿Decís que me estoy poniendo viejo?- le dijo a modo de broma sin perder su gesto serio. No era un hombre bromista, ese rol siempre lo había tenido su hermano, él era del tipo observador y callado. Si bien solía estar rodeado de amigos, cada vez se encontraba más a gusto en soledad. Era como si la vida ocurriera a otra velocidad a su alrededor, como si estuviera su cuerpo pero su mente divagara por un pasado en el que se sentía feliz. Lisa emitió una carcajada y se tomó el pelo, Enzo era algo intimidante y demasiado atractivo, pero nunca hacía comentarios fuera de lo laboral, mucho menos chistes. Iba a responderle pero él volvió a su seriedad habitual. -Voy a pasar mi hora con Ninu entonces.- le dijo comenzado a caminar hacia la zona de los gabinetes. -Eh, no.. Ninu está con una clienta.- llegó a advertirle y Enzo se detuvo. -Que raro, no vi a nadie anotado.- le dijo alzando una de sus cejas. -Es que no estaba anotada, vino una chica y se ofreció a atenderla.- le respondió con cara de desagrado. Enzo negó con su cabeza y una especie de sonrisa asomó a sus labios. Tenía que ver eso. Ninu era estricto con su agenda, no le gustaban los cambios de planes y mucho menos los favores. Sin más caminó hasta el gabinete y se asomó por la cortina con disimulo. Sus ojos se abrieron grandes al ver a la joven de piernas largas con una falda que marcaba su redondeada cola con exquisitez. Tenía su remera levantada de un lado, dejando a la vista el borde inferior de su pecho apoyado sobre la cuerina negra, su cabellera rojiza cubría su rostro como si quisiera evitar mirar hacia el lugar en el que Ninu estaba trabajando. No parecía tener más tatuajes que el que se estaba haciendo en ese momento y eso logró captar aún más su atención, se acercó un poco más y al ver el diseño ya no pudo permanecer callado. -¿De dónde sacaste eso?- dijo al ver aquel dibujo del que era el autor. -Hola Enzo, no sabes quien vino a visitarnos.- le respondió Ninu justo cuando la joven giraba su rostro para clavar sus profundos ojos marrones en los de él. Ninu notó la tensión e intentó matizarla. -No me acordaba de este dibujo, es realmente muy bueno.- le dijo a su amigo acercándoloselo a las manos. -¿Qué estás haciendo acá?- le preguntó Enzo a Clara sin siquiera mirar a Ninu. -Hola Enzo.- dijo Clara intentando incorporarse, mientras sostenía la tela de su remera sobre su pecho desnudo. -No te muevas.- le dijo Ninu, presionando su espalda para que volviera a acostarse boca abajo. -No me queda mucho y se puede correr la tinta.- le explicó frente a su mirada de sorpresa. Entonces la voz de Lisa se oyó desde la recepción. -Ninu, llegó tu cita de las cuatro.- dijo la joven ajena a la tensión del cuarto lindero. -Ya voy.- respondió el joven mirando alternadamente a Enzo y Clara que no dejaban de lanzarse dardos invisibles con sus ojos. -Pórtense bien que le voy a avisar que estoy retrasado.- les advirtió con tono de broma. -No, Ninu, por favor. Yo puedo volver en otro momento, no dejes a tu cliente.- le dijo Clara volviendo a incorporarse. -¡No te muevas!-volvieron a decir esta vez los dos al mismo tiempo y Clara no pudo evitar reír. -Ok, ok, no me muevo.- les dijo recuperando su habitual tono dulce. -Yo se lo termino.- dijo Enzo a desgano. Sabía que no se dejaba un trabajo a la mitad, por más enfadado que se sintiera, su responsabilidad ganaba la pulseada. -¿Seguro?- le preguntó Ninu algo incrédulo. Enzo se limitó a asentir con su cabeza y entonces fue Clara quien habló. -Mirá que Ninu tiene muy buena mano…- le dijo guiñandole un ojo a modo broma a aquel joven que había conversado con ella transportándola un pasado que le agradó. Ninu emitió una carcajada y Enzo una especie de bufido. -Buena mano…- dijo con sarcasmo como si supiera que él era mejor. Ninu volvió a reírse y dándole una especie de palmada en el hombro a Clara le dijo: -Estás en buenas manos.- y sin dejar de sonreír los dejó a solas. En el momento en el que atravesó aquella cortina la tensión volvió a invadirlos. Enzo no entendía qué era lo que lo enfadaba tanto. Si el hecho de que estuviera en su lugar, o volver a ver aquel dibujo o las sensaciones que creía olvidadas invadiendo su cuerpo con sólo verla. Si normalmente la encontraba hermosa, en ese momento, en aquella posición se había convertido en irresistible. Tomó la aguja y se obligó a controlarse, hacía eso todos los días y jamás le había temblado el pulso. ¿Qué le pasaba? Sin querer prologar más realizó el primer pinchazo. -¡Auch!- dijo Clara intentando no moverse. -Si no podes aguantarlo no se porque te venis a hacer un tatuaje.- le respondió él enfrentado aquellos ojos una vez más. -Puedo aguantarlo, es sólo que me sorprendiste.- le respondió con un gesto de niña ofendida que a Enzo le activo fibras demasiado sensibles. -¿Querés que te mande un mail? - le preguntó con sarcasmo y ella negó con su cabeza mientras le sacaba la lengua desafiante. -Muy gracioso. -le dijo y apoyó su cabeza sobre su hombro estudiando aquel rostro que tanto le gustaba. Lo vio concentrarse en su trabajo y lo disfrutó sin disimulo. Enzo podía sentir su mirada y de vez en cuando alzaba su vista para luego retirarla con rapidez, sus manos comenzaron a sudar y no quería delatar los nervios que lo habían abordado. -No entiendo para qué viniste, no necesitas hacerte un tatuaje para demostrarme que creciste.- le dijo separándose con un movimiento que parecía describir enfado. Clara demasiado indignada se incorporó, con apenas la tela de su remera presionada sobre su pecho desnudo, ofreciendo una vista que cada vez creaba más fantasía en la mente de Enzo. -No sos tan importante Enzo. - le dijo entre enojada y divertida. -Hace tiempo que quiero tatuarme ese dibujo y mi amiga Nati me mandó a este lugar, ni siquiera sabía que era tuyo. Quise irme pero Ninu insistió.- le respondió moviéndose con indignación. Enzo la tomó del brazo y ella se quedó paralizada, aquellos ojos verdes tenían ese efecto inmediato. -Quedata quieta que si no te va a doler.- le dijo bajando el tono de su voz un poco. Aquel cuerpo semidesnudo le estaba resultando demasiado sexy, debía terminar cuando antes para poder alejarse. Clara bajó la vista al lugar en que sus cuerpos se unían y el contraste la hizo sonreír de nuevo. Su piel tan blanca y libre parecía sucumbir ante aquel brazo totalmente dibujado y fuerte. ¡Cómo deseaba que no la soltara! -Ok. ¿Ya terminaste?- le preguntó sin atreverse a volver a mirarlo. -Me queda poco, si te portas bien en un par de minutos termino.- le dijo manteniendo aquel contacto casi paradojal, era como si tocara una llama que aún sabiendo que le estaba quemando no pudiera soltar. Clara puso los ojos en blanco y una risa genuina se escapó de su labios. -Si no me provocas me porto bien.- le dijo volviendo a recostarse en aquella camilla. Enzo recorrió su cuerpo disfrutando de cada rincón, ¿por qué había regresado a su vida? Llevaba tiempo creyendo que si no volvía a verla lograría olvidarla y aunque aquella tarea era difícil, volver a tenerla cerca la convertía en imposible. Permanecieron en silencio unos minutos más, Clara no quitaba su vista de Enzo y Enzo se concentraba en terminar lo antes posible. Era un duelo tácito, ninguno quería hacer su próxima jugada por miedo a arruinarlo. Entonces, Ninu regresó. -¿Y? ¿Cómo va eso? Tanto silencio me dio miedo.- dijo a modo de broma. Enzo colocó el último punto y se alejó como si aquella tarea lo hubiera abrumado demasiado. -Ya está listo. No lo expongas al sol por 15 días.- le dijo mientras lo cubría con una crema y un papel film. -¡Quedó buenisimo! ¿Te dolió mucho?- le preguntó Ninu mientras Clara se volvía a colocar su remera. -La verdad es que no, los dos tienen buena mano.- dijo sin querer herir susceptibilidades. Enzo estaba de espaldas ordenando los materiales y sonrió, la Clara que conocía siempre encontraba la manera de no lastimar a nadie. -¡Ay Clarita! Siempre tan diplomática.- le respondió Ninu mientras la abrazaba por los hombros. Enzo sabía que Ninu era un joven cariñoso, pero de repente que tuviera esa confianza con Clara no le agradó. -¿No tenías una clienta?- le dijo a su amigo en un intento por disimular. -Si, si. Tengo que dejarlos, pero Clari, no te pierdas, dejame tu telefono que pronto tenemos un evento, me gustaría invitarte.- le dijo logrando que Enzo casi lo aniquilara con su mirada. Clara disfrutó en silencio de aquella expresión, había algo en el enfado de Enzo que encendía una esperanza en ella y decidió tomarla. -Me encantaría, anotá.- le dijo dictándole el número frente a la mirada atónita de quien ocupaba sus pensamientos a diario y antes de perder su creciente fe en volver a compartir algo con Enzo se despidió con su habitual alegría. -Gracias chicos, espero volver a verlos pronto.- les dijo y cuando atravesó la puerta Ninu le dirigió una mirada cargada de suspicacia a su amigo. -Ni se te ocurra decir una palabra.- le advirtió Enzo mientras se deshacía de sus guantes inundados de su propio sudor. Ninu alzó los hombros y sonrió con genuina alegría. No quería presionarlo pero había visto un brillo que creía perdido en su mirada. Conocía muy bien a Enzo y no había nada que deseara más que volver a verlo feliz.
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