Con un silencio ensordecedor la negrura de aquella noche era el cómplice perfecto del temor que se apoderaba de su cuerpo con cada segundo que pasaba. Todo había sucedido demasiado rápido. Ni siquiera recordaba quien había tenido la última palabra, pero ¿de qué servía saber eso ahora? Cómo todo en la vida puede perder su valor con un pequeño giro en la perspectiva. ¡Qué tonta se sentía ahora de sólo pensar en aquella discusión! Intentó moverse sin éxito, algo demasiado pesado oprimía sus caderas. ¿Qué había pasado? En medio de la confusión, el rostro de Lucio apareció en su mente como una daga inesperada e inmediatamente intentó gritar. El nombre del hombre que amaba se convirtió en un hilo rasgado que apenas se oyó. La desesperación la abordó y ya no pudo pensar en nada más que en

