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623 Palabras

Clara se encontraba sentada en el asiento delantero del auto de Pablo. Llevaba una campera de su padre sobre sus pijamas y el corazón a punto de salirse de su pecho. La luz del sol parecía cegar sus ojos, que con el andar se fueron adaptando a la claridad. Sus dedos huesudos se enrollaba entre sí buscando mitigar sus nervios, su boca permanecía en silencio, intentando ordenar sus pensamientos sin poder creer que, a lo mejor, por fin, había llegado el momento que siempre había soñado. Pablo giró en la primera cuadra, tomando un camino diferente al que solían hacer y Clara lo miró sorprendida. Entonces el joven señaló la pared del gimnasio municipal y Clara no pudo evitar llevarse ambas manos a la boca. Allí sobre esa pared enorme, que solía ser desprolija y descascarada se levantaba un

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