Aunque la fiesta de la cosecha continuaba su curso habitual, Clara no pudo quedarse allí. Luego de darle un abrazo a Evangelina y Sergio, caminó con paso ligero hasta su casa con su mente a punto de explotar. Al ver que el auto de Enzo estaba allí entró sin dudarlo. Sin embargo no lo vio. El lugar estaba vacío. Se había quedado en el pueblo, pero no había ido a su casa. Pensó unos minutos y supo exactamente dónde ir. Víctima de la desesperación prácticamente corrió por las calles oscuras del pueblo hasta llegar a la zona de los campos. Allí la iluminación era casi nula y su cuerpo cansado no colaboraba, tropezó con una piedra del camino y su rodilla golpeó contra el suelo, produciendo un dolor intenso que decidió ignorar. Debía ver a Enzo, debía hablar con él. Habían llegado tan lejos qu

