La primavera del año 2014 había sido tan cálida que la vegetación había cubierto cada rincón del pueblo otorgándole un aspecto incluso más hermoso del que solía tener. Clara había acompañado a Lucio hasta la casa de Pablo, como cada tarde de los últimos meses. Los había saludado y luego de intercambiar un par de comentarios divertidos les había dado espacio, escapando a la verde campiña para refugiarse en algún libro de romance ideal que no hacía más que alimentar falsas esperanzas en su corazón. Enzo había vuelto a su habilidosa forma de escabullirse y sus citas diferentes de cada fin de semana hacían que todo lo que había fantaseado acerca de aquella tarde en la que casi la había besado, se derrumbara como un castillo de naipes. Había creído que le gustaba, incluso se había molestado

