Erika llevaba dos semanas intentando contactar a Oliver. Dos semanas sin una sola respuesta, un solo “visto”, un solo respiro de atención. Pero, irónicamente, sí había tenido noticias de él. No directamente, sino a través de sus r************* , donde las historias y publicaciones de la pomposa fiesta que le había organizado a su novia inundaban la pantalla. Fotos con globos morados, rosas del mismo color, una mesa perfectamente decorada, el brindis, el beso y, por supuesto, la gran revelación: un Porsche Macan blanco. El auto que ella había sugerido semanas atrás. Su elección. Su estilo. Su gusto. Y era otra quien lo conducía. La envidia se le atragantó como una espina. Pudo haber sido ella. Debió haber sido ella. Por fin, Oliver le respondió. Un escueto mensaje, pero bastó para acordar

