14 | Solo contigo

1213 Palabras
Everly Una mano grande y cálida se desliza bajo mi camiseta mientras siento cómo van dejando besos por mi rostro e inevitablemente una débil sonrisa curva mi boca antes de sentir un beso sobre ésta. —Buenos días —la voz ronca de Amos es un susurro suave acariciando mi oreja. Entre parpadeos perezosos abro mis ojos, encontrándomelo con las mejillas sonrosadas y su cabello n***o revuelto. —Nunca imaginé que podrías ser tan… —busco una palabra adecuada para su inusual comportamiento—... demostrativo. —Solo contigo, Everly —deja otro beso sobre mi boca. —¿Qué hora es? —intento levantarme, para darle una mirada al reloj sobre mi mesa de noche, pero Amos vuelve a recostarme. —Es temprano aún —dice, volviendo a besarme y tomando una de mis manos para hacerme acariciarle el cabello. Hundo mis dedos en sus hebras oscuras mientras pierdo los minutos besándolo. Amos no es una persona demostrativa, ni siquiera con su propia familia, solo con su abuelo Bernard. Aunque nadie puede ser indiferente a un hombre tan cálido y amable. Pero no puedo evitar pensar que en cierto punto lo entiendo, sus padres tampoco son muy afectuosos con él pero es todo lo contrario con Aaron. Esa exclusión nunca me pareció justa y puede que a Amos parezca no importarle pero en el fondo no dejan de ser sus padres. Su mano bajo mi camiseta acaricia mi vientre hasta ascender hacia uno de mis pechos y suspiro cuando acaricia mi piel suave, masajeando lento. Entonces, unos golpes en la puerta hacen que mi corazón se detenga y me separo de Amos. —Everly, ¿estás despierta? Mis ojos se abren como los de un búho. —Es mi mamá —susurro como si él no estuviera literalmente a mi lado. —¿Quieres que le diga buenos días? Automáticamente le cubro la boca con la palma y él sonríe. —¿Everly? —vuelve a tocar. —¡Estoy despierta, mamá! —intento que mi voz no suene afectada. Amos lame mi mano y la aparto. Debería darle una mirada de advertencia pero su sonrisa juguetona me la pone difícil. —Déjame saludarla. —Cállate —digo en voz baja. —Se te hará tarde, cariño. Baja a desayunar, ¿si? —En cinco minutos. Hace silencio un momento y observo la puerta como si en cualquier momento fuera a abrirse inesperadamente. Amos aprovecha y besa mi cuello, haciéndome estremecer. —Amos, no. Frunce sus oscuras cejas. —¿Qué soy? ¿un perro? Finalmente escucho los pasos de mamá alejándose y vuelvo a respirar. Amos sonríe divertido y, aunque debería regañarlo, son tan pocas las veces que lo he visto sonreír que, por un momento, permanezco embelesada. —Ya sé que te gusto, ¿quieres una fotografía? Ruedo mis ojos y finalmente lo aparto. —Debo cambiarme o llegaré tarde —digo saliendo de la cama—. Y tú también debes irte antes de que te encuentren aquí. —¿Me harás escabullirme a escondidas? —camina hacia mí y me acorrala contra el escritorio con sus manos a cada lado de mi cintura—. ¿Seré tu sucio secreto, mmh? Se inclina a mi altura para volver a besarme y no puedo resistirme. —Se lo diré. —¿A quién? —A tu madre. No puedo evitar reír. —Por supuesto. Lo aparto y busco su ropa. —No estoy jugando. —No, claro que no —respondo con ironía y le entrego su ropa—. Luego iremos tomados de la mano y se lo diremos a tus padres también, ¿quieres? Una fugaz mueca de disgusto cruza su rostro. Dejo un último beso sobre su boca. —Vete de una vez, Amos. Tengo que ducharme o llegaré tarde. Tira de mi muñeca y sonríe de lado, viéndose mortalmente tierno. —¿Puedo quedarme? Le doy una mirada seria. —No me mires así que gruñona me gustas más —vuelve a besarme y se lo permito, pero termino echándolo antes de que mamá vuelva y esa vez sí termine descubriendolo. Aunque Amos tiene razón en una cosa y es que sí debo contárselo a mamá. Lo que sea que tengamos él y yo. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Amos Con hastío silencio la llamada de Dominique, pero continúa con sus insistentes mensajes y dejo mi móvil en silencio. No retrocederé en mi decisión y estoy preparado para enfrentar lo que viene, pero Everly permanecerá a mi lado como siempre debió ser. Termino de cambiarme para la universidad y me encamino hacia la cocina con una cosa en mente. Encuentro a la madre de Everly conversando con la otra mujer del servicio. Ambas me saludan al entrar y respondo con un asentimiento. —El desayuno está servido, ¿puedo ofrecerte algo más? —pregunta con amabilidad la señora Hayes. Everly heredó sus mismos ojos cafés, cálidos y almendrados. Aunque no puedo evitar notar los rastros de cansancio en su rostro. —¿Tiene un minuto? Se lo dije a Everly, no estaba jugando. Por un instante luce confundida pero no tarda en asentir. —Por supuesto, ven —la sigo hasta uno de los corredores vacíos—. ¿Qué quieres decirme? —Estoy saliendo con Everly. Sus cejas se alzan con sorpresa ante la repentina confesión. —Vaya, eso es… ¿desde cuándo? —Ayer, por eso Everly no se lo ha dicho aún. Ella asiente, comprensiva. —Quería hablar con usted de mi parte porque no quiero que piense que tengo algo con su hija en secreto, ni que estoy jugando con ella, no podría ir más en serio. La señora Hayes me mira un momento antes de sonreír. —Aprecio la intención, Amos. Y debo confesar que me daba una idea de que algo pasaba entre ustedes. —¿Cómo? —Porque soy su madre, la conozco como la palma de mi mano. Además, no se me escapa nada. Mucho menos cómo llevas mirándola todos éstos años. Realmente no puedo contradecirla. —Pensaba que era bueno en disimular —bromeo. Su sonrisa se extiende, arrugando las esquinas de sus ojos y, por un momento, no puedo evitar sentir algo extraño en el pecho. Prácticamente me vió crecer más nunca tuvimos una relación tan cercana, pero sé que no me sonríe y trata de esa manera tan amable sólo porque trabaja en mi casa, es genuinamente buena al igual que Everly. Lo cálida y amable que es me provoca una sensación agradable, algo que jamás percibí ni siquiera de mi propia madre. —No la lastimes, Amos —pide un poco más seria y me señala en advertencia—. O te las verás conmigo. —Nunca, señora Hayes. —De acuerdo. Está por irse pero se detiene cuando vuelvo a hablar. —Y pasaré por ella a la universidad para que pasemos la tarde juntos, si eso no le molesta —aviso, metiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón. —No, claro que no. Se esfuerza mucho estudiando, merece un descanso. Diviértanse —me da un apretón suave en el brazo antes de alejarse y hago lo mismo en la dirección contraria, pensando en que ya quiero que sea tarde para pasar por Everly.
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