Esa mañana Adhara llegó tarde al trabajo. Luego de que Greta se marchara, se sentó en el sofá de la habitación y revisó el diario de su hermana.
“He estado colocando anticonceptivos en su jugo de manzana”, las palabras de Greta se repetían en su mente.
«¿Realmente Adriana había querido embarazarse de Oliver?», se preguntó por enésima vez. Eso no parecía tener sentido alguno, al menos no para ella.
Pero entonces, luego de casi una hora de revisar su diario, no encontró ningún título alusivo a su obsesión por el embarazo. Así que no le quedó más opción que continuar con la historia por dónde la había dejado, pero eso sería al regresar a casa más tarde.
En ese mismo instante, necesitaba continuar con su plan y eso incluía colocar su mejor fachada.
Cuatro meses era el tiempo que había negociado con Oliver y, prácticamente su primer mes, estaba a punto de ser lanzado a la basura, cosa que la hacía sentir muy frustrada.
—No puedo darme el lujo de fallar —murmuró para sí misma, consciente de que no admitiría ningún error.
Oliver Volkov y su familia necesitaban ser erradicados…
Y hablando de esa indeseable presencia, Adhara se encontró con el hombre saliendo de su oficina. Sabiendo que los ojos del resto del personal estaban puestos sobre ellos, no le quedó más alternativa que acercarse lentamente y susurrarle muy cerca de la boca, haciendo su mejor simulación de esposa:
—Muy buenos días, amor —dicho esto, se alejó rápidamente como si la sola proximidad fuese capaz de causarle náuseas. Y no mentían, unas repentinas ganas de vomitar asaltaron su estómago.
A Oliver no le pasó desapercibido la ligera mueca de asco en su rostro y sus puños se cerraron con fuerza, evitando así tomarla del brazo y hacer que lo repitiera, si es que se atrevía a semejante osadía. Le enojaba tanto su nueva actitud. La Adriana con la que se casó, lo único que hacía era mirarlo con ojos soñadores. Esta, en cambio… ¿Qué demonios le pasaba a esta mujer? Se encontró preguntándose, mientras veía su espalda alejarse.
Pero entonces se quedó momentáneamente perdido en el movimiento de su falda y en esa actitud altiva…
[…]
—Siento mucho llegar tarde —se disculpó Adhara con su jefe, mientras se disponía a ponerse al corriente con los pendientes del día.
Se sentó en su computador y mientras organizaba la agenda del señor Suárez, notó que había recibido un correo electrónico de Luke.
"Inicio de la fase 2", decía el asunto de aquel mensaje.
Adhara respiró profundamente y miró a su alrededor por si había alguien asomándose, pero no, la oficina estaba sola, con la excepción de su jefe, quien parecía hipnotizado frente a la pantalla de su computador.
«Bien», pensó, dándole un clic al correo y revelando ante sus ojos información importante.
Sin duda, Luke se tomaba muy en serio todo esto, era impresionante la meticulosidad con la que movía las piezas a su favor.
Había invertido parte de su dinero para crear una empresa ficticia, la cual trabajaba con materia prima, o esa era la fachada que le vendía al mundo exterior.
Adicionalmente, a aquellos detalles había un documento muy específico: un contrato. Este contrato tenía cláusulas maliciosas, justo como habían planificado antes. Si lograban hacer que Oliver firmara aquello, entonces sería cuestión de tiempo para que la empresa se fuese a la bancarrota.
«Es ilegal», algo en la cabeza de Adhara pareció murmurar.
Cielos, iba a meterse en muchos problemas si todo esto se descubría, pero de alguna manera confiaba en Luke; parecía saber muy bien lo que hacía. Dependía de él enteramente. Y no quería preocuparse por el precio a pagar en este momento.
Una vez que Oliver y su familia quedarán destruidos, cualquier sacrificio valdría la pena. Así ese sacrificio se tratará de ella misma. No tenía más alternativa.
—¿Cuéntame lo que sucede? —le preguntó Esteban a la hora del almuerzo. Era evidente que la notaba distraída.
—Yo no sé si quieres involucrarte más… —comenzó tratando de protegerlo—. Las cosas podrían tornarse peligrosas. Es decir, hay algo ilegal que puede salpicarte.
—Al demonio, Adhara —susurró enfurecido—. No hay manera de que me dejes fuera de esto. Recuerda que Oliver me debe mucho. Él mató a la mujer que amaba —sus puños se mostraban apretados.
Adhara se preocupó mirando hacia todos lados, lo último que necesitaba era que alguien de la empresa los escuchara.
—Por favor, Esteban. Mantén la calma —le pidió preocupada.
—Bien, pero no me dejes fuera, por favor —pareció calmarse.
—Bien, te contaré entonces.
Cinco minutos después, Esteban estaba al tanto de todos los detalles, por lo cual no pudo evitar preguntar por la identidad de Luke.
—¿Y es ese hombre realmente de tu confianza?
—Lo es.
Esteban negó mirando hacia otro lado, no parecía convencido.
—No lo entiendo, ¿qué gana con esto?
—Es un asunto entre los dos —contestó evasiva.
Los ojos marrones se entrecerraron en su dirección.
—No me gusta como se oye eso.
—Tranquilo, no es nada malo. Supongo —murmuró, disimulando su propia preocupación.
—Adhara, podemos hacer esto entre los dos —la tomó de la mano, la cual reposaba sobre la mesa en ese momento.
Adhara sintió el contacto de una manera extraña, un escalofrío la recorrió, pero no fue desagradable, solamente le resultó demasiado extraño. Era la primera vez que le pasaba.
—Estaré bien —aseguró, alejando su mano. Se sentía incorrecto sentirse bien con el toque de un hombre que había estado enamorado de su hermana.
—Está bien —se rindió entonces—. Ahora háblame más de este plan. No creo que Oliver firme cualquier cosa que le presenten.
—Ese es el problema. No se me ocurre nada convincente.
—Quizás si conoce a esta persona de forma casual… —dejo la sugerencia en el aire.
—¡Sí, eso es! —dijo Adhara poniéndose de pie, parecía que acababa de tener una idea muy brillante.