Capítulo 021

985 Palabras
Una cosa era decidirlo y otra hacerlo. Adhara se sentía mareada ante la idea de acercarse voluntariamente a Oliver. La verdad era que no tenía ni idea de cómo llegar a él. ¿Qué le diría para empezar? “Oye, Oliver, ¿qué te parece si firmas los benditos papeles y nos ahorramos todo esto?” Adhara negó con la cabeza, consciente de que eso era una estupidez total. Si llegaba de esa forma tan descarada. Entonces Oliver realmente nunca firmaría esos documentos y su plan se vería completamente frustrado. Necesitaba hacer todo esto de una manera mucho más sutil. «¿Pero cuál?», se preguntó por enésima vez. El señor Suárez le había pedido que imprimiera unos documentos y sin darse cuenta se había quedado casi media hora en la sala de impresión, imprimiendo la misma página sin parar. —Oh, no. Maldición —rugió al ver el reguero de hojas que había empezado a caer en el suelo. Adhara se agachó a recoger todo aquello con manos ansiosas. No podía negar que últimamente no estaba nada concentrada. Esto era debido a su constante estrés y su falta de alimentación. Greta seguía insistiendo en llevarle el desayuno y ella seguía insistiendo en botarlo a la basura. No permitiría que la envenenaran como lo habían hecho con su hermana. —Aquí estás —una voz a su espalda, la hizo saltar ligeramente. Oliver tenía el ceño fruncido, mientras se encontraba recostado en el marco de la puerta, con una expresión de desaprobación absoluta. —¿Qué se supone que has hecho? —señaló con la barbilla las hojas en el piso. —¿Qué quieres? —atacó Adhara sin piedad. Su tono de voz estaba muy lejos de ser amistoso. «¿Y así se supone que lo vas a suavizar?», pareció burlarse su mente. —No necesito una excusa para saber dónde está mi esposa o que está haciendo —sus palabras igualmente cortantes. —Pues ya que has decidido premiarme con tu desagradable presencia, yo espero que haya una razón de peso por la cual estés contaminando mi aire. ¿Así que dime cuál? —Eres tan irritante —soltó Oliver, apretando los puños a su costado. Adhara se enderezó y alzó la barbilla, de forma desafiante. Al diablo, el plan de seducirlo, no soportaba a este sujeto en su mismo espacio. —Prefiero ser irritante que ser un maldito engreído —escupió las palabras, mirándolo con desprecio. —Cierra la boca —la barbilla del hombre se tensó con rabia. —¡No! ¡Tú no me das órdenes y más te vale que…! —Que te calles. La espalda de Adhara choco contra la pared y fue entonces cuando se dio cuenta de que la situación había llegado demasiado lejos. La presencia abrumadora de Oliver se cernió sobre ella como una calamidad, haciendo que su cuerpo se sacudiera con desesperación. —¡Aléjate de mí! —rugió. El cuello de Adhara fue apretado con fuerza, al tiempo en que sentía que se cortaba su suministro de aire. Y entonces, mirando a los ojos maquiavélicos de Oliver, temió lo peor. «Va a matarme», pensó. —Estoy harto de tu maldita actitud —comenzó a decir, parecía fuera de sí—. Te he dado tiempo y oportunidades, pero has decidido convertirte en esta versión irritante. Y no lo entiendo. En el pasado no hacías otra cosa que perseguirme y ahora te muestras así. ¡¿Quién eres tú y que has hecho con mi maldita esposa?! —apretó más fuerte. Adhara luchó por alejar las manos del hombre de su cuello, pero le resulto imposible. Su agarre era fuerte y demoledor y se dio cuenta entonces de que estaba completamente indefensa. —¡S-suéltame! —balbució, las palabras a penas lograron salir. —No, no te soltaré hasta que me respondas —dio su ultimátum—. No te soltaré hasta que confieses lo que estás ocultando. ¡¿Te quedó claro?! Adhara quiso decir que no estaba ocultando nada y muchas cosas más, pero le resulto imposible cuando a duras penas podía respirar. De repente se sintió muy mareada y pensó que iba a desmayarse o morir, pero antes de que alguna de las dos cosas sucediera, Oliver la soltó haciendo que su cuerpo cayera al suelo. Tosió durante largo rato, tratando de recuperarse y luego lo miro fijamente con lágrimas en los ojos. Jamás se había esperado un ataque como este, pero era evidente que había bajado la guardia. Oliver era un monstruo y acababa de mostrarle sus verdaderos colores. —Arregla tu actitud. No pienso seguir tolerando tu mirada de asco ni tus faltas de respetos, así que si no quieres que la próxima vez te apreté el cuello y no te suelte, piensa muy bien lo que vas a decir —amenazó con toda su imponencia, como si fuese un todopoderoso. Adhara lo vio partir al tiempo en que más lágrimas de rabia salían de sus ojos… […] —¿Ocurre algo? Esteban la miró con preocupación a la hora del almuerzo. A pesar de que se había esforzado por recuperarse del incidente, la verdad era que su encuentro con Oliver la había dejado muy inestable. Tanto que estaba temblando ligeramente. —Estoy bien —mintió, mientras tocaba distraídamente la bufanda que había decidido usar, para ocultar la marca de los dedos de Oliver, los cuales habían quedado como una evidencia desagradable en su cuello. —No pareces estarlo. La mano de Esteban se alzó y parecía que iba a tocarle el rostro, pero se arrepintió en último momento. —Puedes contar conmigo si necesitas algo —dijo entonces y se levantó, alejándose con pasos apresurados. Adhara se quedó en silencio preguntándose qué había sido todo eso. Hasta parecía que Esteban había decidido huir de su presencia. Lo cual era una completa locura, ¿por qué lo haría?
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