Devora Se suponía que las pesadillas solo duraban un par de horas en la noche y estabas a salvo una vez que despertabas. Envidiaba a los demás que vivían así y no como yo, en una constante pesadilla de doce años. Kevin releyó la citación al juzgado una segunda vez y a ratos me miraba en un silencio confidencial. Luego de ocho años estábamos enfrentando algo que nos esforzamos en enterrar, pero no parecía querer mantenerse bajo tierra. Podía sentir el frío de esa noche, una de esas heladas de invierno que no esperé volver a sentir y ahí estaba, pasó de ser improbable a ser inevitable. La carta de juzgado de Chicago estaba firmada por un abogado con un extravagante apellido alemán. A su lado es

