XXXI En tiempo de Nerón, tanto en el anfiteatro como en el circo se hicieron frecuentes los espectáculos nocturnos, que habían sido raros hasta esa época y se habían dado solamente en casos excepcionales. A los augustanos les gustaban porque, frecuentemente, eran seguidos de banquetes y orgías que duraban hasta el amanecer. Y aunque el pueblo se hallaba ya harto de sangre, cuando se extendió la noticia de que se aproximaba el fin de los juegos y que los últimos cristianos iban a perecer en una fiesta nocturna, una concurrencia inmensa se agolpó en el anfiteatro. Los augustanos acudían sin faltar uno solo, porque comprendían que aquél no iba a ser un acontecimiento vulgar y sabían que el César había resuelto hacerse a sí mismo un espectáculo del sufrimiento de Vinicio. Tigelino había man

