IV EN efecto, Petronio cumplió su promesa. Al día siguiente de su visita a Crisotemis durmió durante todo el día, pero al anochecer se hizo conducir al Palatino y tuvo con Nerón una conversación confidencial, cuyo resultado fue que al tercer día se presentó ante la casa de Plaucio un centurión a la cabeza de un pelotón de soldados pretorianos. En aquella época reinaban la incertidumbre y el terror, y los mensajeros de esta índole eran frecuentemente mensajeros de muerte. Cuando el centurión llamó a la puerta de Aulo y el vigilante del atrium anunció que en el pasillo se hallaban soldados, el pánico invadió toda la casa. Toda la familia rodeó al viejo caudillo, ya que nadie dudaba de que el peligro era ante todo para él. Pomponia, abrazada a su cuello, le estrechaba con todas sus fuerzas,

