V AULO no andaba descaminado al suponer que no sería admitido en presencia de Nerón. Le respondieron que el César se hallaba ocupado cantando con el tocador de laúd Terpnos, y que en general sólo recibía a aquellas personas que había mandado llamar. Lo que significaba que en lo sucesivo no debía intentar verle. En cambio, Séneca, aunque enfermo con fiebres, recibió al viejo caudillo con la debida consideración; mas después de oír de lo que se trataba, sonrió amargamente y dijo: —Sólo un servicio puedo prestarte, noble Plaucio, y es no mostrar nunca al César que mi corazón comparte tu dolor y que quisiera ayudarte, porque si al César llegara la menor observación en ese sentido, lo más probable es que no te devolviera a Ligia, sin tener para ello más motivos que el placer de mortificarme.

