XIV DESPUÉS de aquella entrevista transcurrieron varios días sin que Quilón se dejara ver en parte alguna. Vinicio, desde el momento en que por Actea supo que Ligia le amaba, sintió que su deseo de encontrarla aumentó cien veces más. Comenzó las pesquisas personalmente, ya que no quería solicitar la ayuda del César, que estaba sumido en la mayor incertidumbre por la enfermedad de la pequeña Augusta. No sirvieron de nada los sacrificios efectuados en los templos, ni las plegarias, ni los ofrecimientos, ni la ciencia de los médicos, ni todos los remedios de los hechiceros, a los que se había acudido como recurso extremo. La criatura murió al cabo de una semana. Roma entera y la corte tomaron parte en el duelo. El César, que cuando el nacimiento de la niña se volvió loco de alegría, enloque

