Entretanto, Pedro empezó a hablar y lo hizo desde el principio como un padre que instruye a sus hijos y les enseña la manera de vivir. Les prescribió que renunciaran a los excesos y al placer, que amasen la pobreza, la vida honesta y la verdad; que soportaran con paciencia las injusticias y persecuciones, que obedecieran a sus jefes y autoridades, que se guardasen de la traición, del engaño y de la calumnia, y, por último, que en su propia sociedad se dieran mutuamente buenos ejemplos y los dieran también a los paganos. Vinicio, para quien su concepto del bien consistía en estimar como tal cuanto pudiera contribuir a devolverle a Ligia, y como un mal todo lo que constituyese una barrera entre ambos, se sintió aludido por alguno de estos consejos, los cuales, por tanto, le irritaron. Le pa

