VI

2885 Palabras

VI EL César se hallaba tocando y cantando en honor de la «Señora de Chipre» un himno cuyos versos y música había compuesto él mismo. Aquel día estaba en voz y comprendía que su música, en realidad, cautivaba a sus oyentes. Esa convicción agregaba tal fuerza a los sonidos que producía y exaltaba tanto su alma, que parecía inspirado. Y, al finalizar el canto, se hallaba pálido, porque se sentía realmente conmovido. En esta ocasión, acaso por primera vez, no tuvo el menor deseo de escuchar los elogios de los demás. Así pues, se sentó por espacio de algunos instantes con las manos sobre la cítara y la cabeza inclinada. Luego, levantándose repentinamente, dijo: —Estoy fatigado y necesito aire. Entretanto, afinad las cítaras. Luego se envolvió el cuello con un pañuelo de seda y dijo, volvién

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