XI LA ciudad seguía ardiendo. El Circo Máximo se derrumbó convertido en un montón de ruinas. En los barrios donde primero había estallado el incendio, calles enteras y callejas empezaban a derrumbarse. Después de cada hundimiento se alzaban hacia el firmamento columnas de fuego. El viento había cambiado y soplaba ahora con impetuosa fuerza desde el mar, llevando hasta los montes Celio, Esquilino y Viminal olas de llamas, tizones y cenizas. Por fin, las autoridades comenzaron a preocuparse del salvamento. Por orden de Tigelino, que se había apresurado a venir de Ancio al tercer día, empezaron a derribar los edificios del Esquilino, a fin de que el fuego, al llegar a los espacios abiertos, se extinguiera por sí solo. Esto se hacía sólo para salvar los restos de la ciudad, porque no podía

