XIII LAS palabras del apóstol llevaron la serenidad al alma de los cristianos. Siempre seguían creyendo próximo el fin del mundo, mas les parecía al propio tiempo que el día del Juicio no llegaría inmediatamente, y sí que muy pronto verían el término de la dominación de Nerón, que consideraban como el reinado del Anticristo y el castigo que haría Dios a los crímenes del César que clamaban venganza al Cielo. Y así fortalecida la fe con sus corazones, se dispersaron después de terminados los oficios en el subterráneo, dirigiéndose a sus domicilios provisionales y aun al Transtíber, porque había llegado hasta ellos la noticia de que el fuego había desviado su curso merced a un cambio de viento y había vuelto nuevamente hacia el río, y después de continuar acá y allá su devoradora obra, cesó

