XXII-1

2139 Palabras

XXII EL sol descendía a su ocaso y parecía disolverse en el crepúsculo vespertino. Había terminado el espectáculo. Las multitudes iban saliendo del anfiteatro por los vomitorii, diseminándose por la ciudad. Solamente los augustanos permanecieron algún tiempo más; aguardaban que disminuyese aquella inmensa corriente del pueblo. Habían abandonado sus asientos y se habían reunido en el podium, al que acababa de volver el César a escuchar las alabanzas que le tributarían. Aun cuando los espectadores no le habían escatimado los aplausos al acabar su canto, no estaba satisfecho Nerón; él había esperado un entusiasmo rayano en la locura. En vano resonaban ahora en sus oídos verdaderos himnos de alabanza, en vano las vestales le besaban la «divina» mano, y Rubria se inclinaba hasta tocar con s

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR