POV THEO
Mi mente está agotada cuando veo el reloj y noto que casi son las 10 de la noche. Miro a través de la ventana del auto que estoy a punto de llegar a casa, lo único que quiero hacer es ver a Mi Nopalito. Cuando por fin llego; arrastro la mirada por la estancia del lugar, pero no logro ubicarla; por la hora supongo que está en su habitación, por lo cual subo las escaleras de par en par hasta llegar; no toco antes de entrar, pero al igual que la estancia su cuarto también se encuentra vacío. Regreso a la primera planta un poco alterado.
- ¿Meyers? -busco al mayordomo; estoy a punto de gritar cuando un ligero movimiento en el balcón capta mi atención. Me acerco rápidamente para poder ver la cabellera castaña de Sici. Está recostada en uno de los sillones, con una copa de vino en la mano y una botella casi vacía junto a ella.
- ¿Nopalito? – la veo girarse inmediatamente hacia mi - ¿Qué haces aquí a estas horas? – pregunto acercándome a ella.
- ¿No es obvio? – dice mientas levanta levemente su copa - ¿Dónde estabas? – por su tono, sé que está molesta – Sì se puede saber, claro está.
- Sì se puede saber – afirmo – Estaba en la oficina
- ¿A esta hora?
- Sì, a esta hora – me recuesto sobre el barandal del balcón. Dándole la espalda a la ciudad, pero viéndola directamente - ¿Qué sucede? ¿Tienes problemas con tu madre? ¿Hay algo que te molesta?
- ¿Por qué? Lo preguntas porque correrás a resolverlo en tu caballo blanco. – ahora hay burla en su voz, me recuerda al momento en el que nos reencontramos en esa reunión de exalumnos.
- Solo dime lo que te molesta, Nopalito – pido
- ¡Bien! Te lo diré… - se pone de pie y se acerca, colocándose frente a mi – Necesito saber lo que quieres – puedo sentir el olor del vino, seguramente bebió sola toda la botella - ¿Hasta donde planeas llegar con todo esto?
- ¿Hablas de nuestro trato?
- Claramente hablo de eso; quiero saber todo para poder estar preparada.
- Te dije que quería una prometida – le recuerdo
- Sì, pero nunca dijiste nada sobre una esposa.
- ¿Quieres saber si nos casaremos? – sonrío levemente – O ¿Quieres saber como me siento con respecto a ti? – la veo desviar su mirada hacia la ciudad a mi espalda.
- Sé que haces esto por nuestro acuerdo, pero; no creo que solo hayas querido una prometida. Hubieras podido tener eso con cualquier mujer sin necesidad de involucrarte en tantos problemas como los que yo atraigo.
- No quería a cualquier chica – intento acariciar su rostro, pero se aparta de inmediato. Algo pasó, estoy seguro de ello.
- ¿Entonces querías a una chica inteligente? ¿una chica hermosa? ¿Tal vez con sentido del humor? – no entiendo a donde quiere llegar con sus preguntas.
- No quiero a una chica inteligente, hermosa y con buen sentido del humor; te quiero a ti.
- ¿Me estas insultando? – dejo salir una risa al ver su expresión. Pero estoy tan ocupado riendo que no visualizo su mano hasta que siento el ardor en mi mejilla - ¡Eres un idiota detestable! – la veo tambalearse en un intento de entrar a la casa.
- Nopalito, espera… - la alcanzo tomándola por la cintura
- ¡Suéltame! – lucha para poder salir de mis brazos, pero no planeo soltarla.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan molesta conmigo?
- No te tomas nada en serio y solo sabes ocultar cosas. ¡Suéltame o volveré a golpearte!
- Golpéame todo lo que quieras, no voy a soltarte Nopalito. Ahora, cálmate y dime el motivo por el cual estas molesta.
- ¡Tú! ¡Tú eres mi maldita molestia; te detesto!
- Pero… - no me deja hablar, siento su bofetada llegar de lleno nuevamente – Nopalito… - cierro los ojos esperando otro golpe en el momento en que la observo levantar sus manos; pero en su lugar, sus labios toman los míos en un beso brusco. No me resisto, me dejo llevar por su demandante beso hasta que ella tenga lo que desea de mí. Siento como desliza sus manos desde mi cuello hasta desabrochar mis pantalones – Oye… - se separa bruscamente de mì para tomar mi mano y luego empujarme sobre uno de los sillones - ¿Qué haces? – ella me dedica una mirada furiosa.
- Lo que se me da la gana – responde mientras toma el dobladillo de su falda y se coloca a horcajadas sobre mí.
- Estás ebria – poco parece importarle mi opinión, vuelve a besarme sin ninguna delicadeza, pero cargada de deseo, el mismo que yo siento por ella – Nopalito…
- Cierra la boca – su voz es suave y agitada – Eres el hombre más insoportable que he conocido en toda mi vida, pero me encantas… - me da un beso rápido – Me encantas como ningún otro; y hoy quiero sentir que solo eres mío. Así que cierra esa desesperante y linda boca que tienes y cógeme de una vez – la mirada que me lanza no da espacio al rechazo; así que la tomo por la nuca y la beso, meto mi lengua en su boca invadiéndola todo lo que puedo. De un tirón bajo el cuello de su blusa hasta descubrir sus senos, los aprieto para luego tirar de sus pezones arrancándole así el primer gemido de la noche. Siento su deseo desesperado en cada uno de sus poros mientras restriega su trasero en mi entrepierna, haciendo que mi falo cargado de energía quiera estar dentro de ella en este instante – Muerde mis pezones – pide separando nuestra bocas.
- Lo que pida mi Nopalito – pongo mi boca sobre esas preciosuras; chupando, mordiendo e incentivando su deseo. Siento como se levanta ligeramente de mi regazo para poder meter su mano entre mi pantalón, tomando mi erección y sacándolo. La ayudo a posicionarlo en su entrada, siento como penetro centímetro a centímetro de su interior húmedo, apretándose a mi alrededor.
- Eres mío – suelta cuando estoy en lo más profundo de su ser.
- ¿Te quedan dudas? – pregunto agitado; me besa rápidamente y luego guía mi cabeza para que atienda sus senos nuevamente; lo hago gustoso y ella empieza a mover su cadera. ¡Carajo, sí! Quiero que me cabalgue hasta que se quede seca y agotada sobre mí; quiero escucharla gemir en mi oído mientras se corre y su cuerpo se contrae a mi alrededor. Tomo sus caderas para ayudarla a estar más cómoda, provocando que acelere sus movimientos. Dejo salir un par de gemidos, es hermosa… es todo lo que deseo.
- Theo… - gime cuando muerdo de nuevo su pezón - ¡Ah!... – le propino un azote en el trasero haciéndola dar un respingo y correrse en ese segundo; tira de mi cabello mientras baña mi polla con todo su deseo, sigue balanceando sus caderas hasta estar agotada; su respiración irregular y el latir rápido de su corazón se calman poco a poco - ¿Me diste un azote? – pregunta con su rostro escondido en mi cuello.
- Sì – respondo mientras bajo una de mis manos hasta su intimidad, llego a su clítoris masajeándolo; ella no se resiste, deja que mis dedos se encarguen de volver a encender el fuego en su entrepierna.
- No te soporto – suelta con la voz entrecortada
- Me adoras – afirmo, ella se levanta y me ve directamente.
- Lastimosamente, también es cierto – vuelvo a besarla, ambos un poco más calmados, pero con la misma intensidad. Esta vez la tomo fuertemente de las caderas, haciendo que se quede quieta; la penetro con ímpetu mientras gime descontroladamente, pero no tengo planeado soltar su beso. Estoy totalmente descontrolado, quiero poseerla, satisfacerla y quiero ser el único al que desee. La quiero toda, toda para mí. Mis movimientos rápidos destrozan su entrada y no tarda en correrse, tirando nuevamente de mi cabello mientras ahogo sus gemidos a besos. Sigo penetrándola después de su liberación buscando un tercer orgasmo y mi propia liberación. Estamos cerca, lo siento cuando sus paredes vuelven a ahorcar mi falo, la embisto con más fuerza y esta vez nos corremos juntos, libero hasta la última gota del deseo que me provoca y luego la abrazo fuertemente contra mi cuerpo, esperando a recuperarnos. Cuando sus latidos regresan a la normalidad, beso su cuello y ella se aparta; la retengo en mi regazo sin salir de ella.
- ¿Te sientes mejor? – pregunto mientras acomodo su cabello.
- Es una forma de decirlo – sus ojos están ligeramente hinchados.
- Preciosa, solo dime lo que te preocupa – pido y deposito un beso rápido en sus senos – Dímelo… - espero unos segundos, pero no responde – Bien, entonces quiero que te retractes – pido
- ¿Retractarme?
- Sì, retira lo que dijiste hace rato.
- ¿Qué dije? - pregunta
- Dijiste que me detestabas… - le recuerdo – Quiero que te retractes.
- ¿Yo dije eso? – pregunta
- ¡Si!
- Bueno… lo dije porque estaba furiosa, no te lo tomes enserio.
- ¡No tienes idea de cuanto me dolió! – alzo la voz
- Lo siento – se disculpa – Mediré mejor mis palabras – la tomo de la nuca y la beso suavemente, saboreando sus labios hinchados.
- Quiero que seas capaz de expresarte libremente conmigo – tomo su rostro para poder verla directamente – Necesito saber lo que piensas, así puedo quitar los pensamientos inútiles de esa cabecita.
- ¿Qué estamos haciendo? – pregunta
- ¿No lo sabes?
- Me refiero… ¿Esto es solo sexo para ti? – su pregunta me toma por sorpresa - ¿No sientes nada, aparte de lujuria?
- ¿Por qué preguntas?
- Necesito saber, para tomar las precauciones necesarias – se explica.
- No voy a decir que estoy enamorado – digo sincero – Pero… te quiero más que a cualquier mujer – ella me observa por varios segundos.
- Si te pido que cancelemos todo ¿Lo harías? – el pánico se extiende rápidamente por mi cuerpo.
- No entiendo, ¿Por qué tan repentinamente…?
- Theo, solo responde – pide
- Solo si tienes un buen motivo – espero que esta respuesta sea suficiente para ella.
- Dentro de dos días celebraremos la fiesta de compromiso y terminaremos con todo esto un mes después – sentencia, levantándose. Me apresuro a arreglar mi ropa y la sigo.
- ¡Espera! – No entiendo nada, todo esto es muy repentino… lo que haya ocasionado esto, debió suceder hoy; y voy a saber que fue.