POV SICI
Estoy tirada en un sillón de la sala mientras veo como las nubes pasan a través de la ventana.
- Cuando dije que quería verte mientras desayunaba, no me refería a esto – Theo me habla desde el comedor.
- Pero puedes verme, ¿no? – me estiro perezosamente y me cubro mejor con una frazada. Deja de lado su desayuno y se acerca; sentándose en el mismo sillón, obligándome a verlo directamente.
- Sea lo que sea que dijeron esas mujeres… - lo miro de manera acusadora ¿me está vigilando? – Solo… no creas en lo que dijeron; cree en mis acciones.
- ¿Cómo sabes de ellas?
- No voy a disculparme por buscar el motivo de tu comportamiento.
- Eres un descarado.
- No, no lo soy; te niegas a compartir eso conmigo.
- ¡Y deberías respetar mis decisiones! – me siento sobre el sillón.
- ¿Qué tanto te dijeron?
- Si no respondo ¿iras a preguntarles personalmente? – mi tono está lleno de reproche.
- No, no volveré a ver a ninguna de ellas y tú tampoco lo harás; de eso me encargo yo.
- ¡Puedo defenderme perfectamente sin tu ayuda!
- Lo sé, lo has demostrado. Pero eso no quiere decir que yo no deba protegerte. Esto sucedió por mi culpa, pero ellas son parte de mi pasado y tu eres mi presente; eso es lo único que importa – toma mi mano entre las suyas – Hoy es la fiesta de compromiso ¿Cómo vamos a celebrar si ni siquiera puedes verme a la cara?
- Escucha; te prometo que seré la prometida más feliz y amorosa esta noche, no voy a echar a perder nuestro trato.
- No vas a decirme nada ¿verdad? – le mantengo la mirada
- No – respondo
- Bien, entonces no voy a contenerme en nada – se pone de pie y besa mi coronilla – Nos vemos esta noche – lo veo marcharse ¿Cómo que no se va a contener? No quiero pensar en nada, me quedo tirada en ese sillón un par de horas. Esto está matándome, pero pronto se acabará; o al menos eso es lo que me repito.
- Señorita; tiene una visita – me informa Meyers y al levantarme; Artemis me saluda con un movimiento de su mano.
- Hola – respondo.
- Sé que esto parece repentino; pero Theo me pidió que viniera.
- ¿Enserio?
- Sì, dijo que tal vez… necesitas hablar con alguien – odio que sea tan considerado.
- Claro, ¿Quieres té? – pregunto
- Solo si lo tomamos en la terraza.
- Claro – nos acomodamos en las sillas mientas el viento nos golpea la cara de manera relajante; hoy es un precioso día.
- Sì te hace sentir más cómoda; sé todo acerca de su relación – la observo sorprendida – Theo me lo contó, supongo que por eso me pidió que viniera hoy.
- Estoy bien – miento
- No voy a contarle nada de lo que hablemos aquí – me afirma – No soy estúpida; sé perfectamente que no estas bien, pero tampoco voy a obligarte a hablar.
- ¿Te contó lo del almuerzo?
- ¿Lo de las perras? Sì, me lo contó… al menos lo que sabe que pasó. Supongo que no lo sabe todo ¿verdad?
- No estoy así por lo que dijeron – suelto; Meyers nos lleva el té, ambas le agradecemos y tomamos un sorbo.
- ¿Entonces? – me pregunta
- Estoy… aterrada – admito por primera vez – Todo esto… para él no significa nada y actúa como un caballero porque así es él; es por eso que esas mujeres locas se quedaron así después de que él las dejara. Me aterran los sentimientos que empiezo a tener; ya me rompieron el corazón una vez y… no quiero volver a pasar por eso; y, sobre todo, no quiero terminar como ellas – Artemis me observa con empatía.
- ¿Estas enamorada de él? – no respondo la pregunta, temo que si lo digo en voz alta; el sentimiento se materializará con más fuerza – Entiendo como te sientes; tienes miedo de que el sentimiento crezca, es por eso que prefieres mantener distancia y terminar con esto lo más pronto posible.
- Sì – acepto
- Creo que es un buen plan - la miro directamente - ¿Por qué me ves así? ¿Pensaste que te convencería de lo contrario? – se ríe por lo bajo – Adoro a Theo, pero creo que debes hacer lo que tu creas correcto para ti – le da otro sorbo a su té – Es bueno que él sufra un poco para variar.
- Él no sufrirá – le aseguro, después de todo; no siente nada.
- ¿Ya se acostaron? – me atraganto con mi té ante la repentina pregunta – Tomaré eso como un sí, ahora la pregunta es… ¿Él te lo pidió? ¿Él tomó la iniciativa?
- ¿Tengo que responder?
- Por favor.
- Yo tomé la iniciativa – las mejillas me arden
- Interesante…
- ¿Por qué preguntas por nuestra vida íntima? ¿Es por algo en especial o te gusta preguntar este tipo de cosas?
- Escucha; no quiero intervenir en tus decisiones. Si te soy sincera, creo que sí debes alejarte de él; al menos por tu bien.
- ¿Pero?
- Pero, creo que está preocupado de que lo dejes… hasta me atrevería a decir que está aterrado.
- No lo creo, eso es imposible.
- Puede que las perras tenían razón en algunas cosas de las que seguramente te dijeron; pero… él siempre ha buscado a las mujeres para satisfacer su deseo hacia ellas; las ve y si le gusta… la tiene.
- Créeme, lo sé de sobra.
- Por otro lado, estas tú…
- Sì, no soy lo suficientemente bonita como para atraerle a primera vista – me siento ofendida en este momento.
- Creo que te adoró desde el segundo en el que te vio – dice sonriendo
- Ahora si que te volviste loca – suelto una risa
- De otra manera jamás te hubiera pedido esto – afirma – Cuando se reencontró contigo, se le metió en la cabeza buscar novia; por eso las citas a ciegas ( y ya le gustabas, por eso nunca encontró a la indicada según él) y luego se enredó con la perra vieja – veo que está muy bien enterada de la vida personal de Theo – Lo hizo para distraerse.
- Todo esto no tiene sentido y lo sabes.
- ¡Ustedes viven peleando! – ahora siento que está hablando consigo misma. Como cuando un científico hace un descubrimiento, está emocionadísima – Te adora – concluye
- Siguiendo tu teoría loca ¿Por qué no hizo nada para acercarse a mí?
- Porque estabas comprometida con uno de sus amigos – dice con total obviedad – Pero en cuanto supo que estabas libre, fue y te propuso casamiento – se ríe fuertemente - ¡Jamás pensé que vería a Theo comportarse de esta manera! ¡Es totalmente adorable!
- ¿Esta es tu manera de convencerme para que no lo deje?
- No, la verdad me gustaría que lo dejes – afirma
- ¿Por qué?
- Porque probablemente el tonto no sepa que está enamorado de ti y de esa forma lo obligaras a confesarse.
- No significa nada si lo obligas a hablar.
- Sici, nosotras debemos ser más listas que ellos; de esa manera obtenemos lo que queremos de ellos sin que se den cuenta.
- ¿Y si no ceden?
- Vas de frente y tomas lo que quieres – asegura – A mi me funciona
- Entonces quieres que lo deje.
- Sì, de esa manera todo será más dramático – asegura - ¡Amamos el drama!
- Empiezas a darme miedo – digo sincera
- No te preocupes, pronto te acostumbrarás.
- Sì, eso temo.
- Como sea, no tomes tu decisión aun; termina el mes promesa que le diste y si en ese momento quieres irte hazlo; pero te advierto, él hará hasta lo imposible para evitarlo. En ese momento, aunque no lo diga; Theo te demostrará su amor.
- ¿Y si no me retiene?
- Entonces, aléjate lo más que puedas – sé que es sincera
- Gracias – digo sinceramente mientras le sonrío – Ahora entiendo el amor que Theo te profesa.
- Lo sé, soy adorable – dice sonriente – Pero no me hagan enojar, en verdad doy miedo cuando me enojo.
- No lo dudo.
- ¡Bien! Ya es hora de prepararte para la fiesta – se pone de pie – Las chicas llegaran pronto.
- ¿Vienen las demás? – eso no me lo esperaba
- Puede que tu relación con Theo aun no esté establecida; pero con nosotras sí – su calidez me llega al corazón, nunca me habían tratado de esta manera - ¡Vamos a ver los vestidos! – me toma de la mano y ambas subimos hacia mi habitación – Las chicas vendrán pronto, por favor dígales que estaremos arriba – le pide a Meyers. Cuando llegamos a la habitación, noto una caja de terciopelo en mi cama – Es mi regalo de compromiso – me acerco a la caja y la abro; me quedo sin palabras al ver la joya – Es un zafiro llamado “Azul Sicilia”
- Es precioso – el azul intenso luce precioso, tan hermoso – Pero…. Sabes que nuestro compromiso no es real ¿Por qué me regalas algo como esto?
- Porque quiero – se acerca a mi – Eres mi nueva hermana y no te alegres mucho; es un collar pesado – me rio
- Seguramente lo es – la abrazo sorprendiéndola un poco – Muchas gracias.
- ¡Sici! – escucho como alguien me llama, creo que es Eleonor.
- ¡Aquí! – grito, creo que las chicas ya llegaron…