Sander
Él fue a buscarme al trabajo, estaba un poco cansado, me dolían los pies, estuve caminando prácticamente todo el día, llevando órdenes de allá para acá, soportando clientes malhumorados, sinceramente hasta me habían contagiado a mí de mal humor, me dolía la cabeza, realmente hoy no era mi día y sospechaba que era porque no había tenido mi follada mañanera, esto era realmente frustrante no podía creer que era tan adicto a su polla, resulta que ahora me ponía de malas cada que no follaba por la mañana, me daba rabia, antes había estado más de tres meses sin follar y ahora no podía estar ni un día sin follar.
Mi ceño estaba fruncido, Diego lo había notado pero no dijo nada, después de arrancar solo me sostuve de su cintura y esperé a que llegáramos, solo quería que me follara y dormir por la eternidad.
Al llegar resulta que no me follo, me propuso jugar, ¡jugar! Esto era cada vez más frustrante, quería subirme a horcajadas sobre él y montarlo como nunca mientras sostenía sus manos sobre su cabeza y agarraba su boca con una mordaza, quité esos pensamientos de mi cabeza, que me estaba pasando, no era tan lujurioso, me quedé callado y acepté, empezamos a jugar jenga, resulta que el tonto era muy bueno, yo no, cada que me tocaba luchaba por qué la torre no se cayera, estaba tan frustrado que en un arranque de rabia saqué mi pieza y me importo una mierda si boté o no la torre, resulta que si se cayó, gruñendo retrocedí cruce mis brazos sobre mi pecho.
El me miro, se puso a reír, gruñí aún más.
—Deja de reírte— dije aún más enojado.
—Es porque te vez tan tierno— dijo agarrando mi mejilla.
—¿Me estas retando? ¿Voy a mostrarte que tan tierno puedo llegar a ser? — me levanté y subí las escaleras.
Podía jurar que él pensó que estaba diciendo eso porque estaba enojado que me quedaría encerrado en su habitación, pero no, al entrar a su habitación fui directo hacia el clóset, pasé mi vista por toda la pequeña habitación hasta encontrar lo que quería, tomé una corbata color dorada como el color de sus ojos, la desdoble mientras salía de su cuarto, al llegar a la planta baja él guardaba las piezas en la caja, sentado en la alfombra de la sala, llegué hasta él y me senté en sus piernas, saqué la corbata de mi espalda, el frunció el ceño, yo lo empujé hacia atrás, cayó en la alfombra, tomé sus muñecas y las amarré.
—¿Qué haces? — preguntó.
–Voy a demostrarte lo tierno que soy— dije levantando su camiseta hasta colocarla en su boca, ahora no podía hablar, ni mover sus muñeca, baje sus pantalones y bóxer, luego me paré y me desvestí, pude sentir su mirada en mi cuerpo, su polla estaba dura, al parecer le excitaba que lo dominara y si no igual, al quedar desnudo me coloqué sobre él otras vez en posición de perrito, llevé mis dedos a mi boca ante su atenta mirada, los adentré hasta que me dio arcadas, su polla pálpito endureciéndose aún más, al parecer se había imaginado otras cosas en mi boca, luego saqué los dedos de mi boca y los llevé a mi entras me dilate en frente de él, viendo sus ojos y como él quería estar libre para follarme, cuando estuve listo tomé su polla en mi mano, al fin tuve placer, su gemido fue ahogado por su camiseta, bajé por su abdomen hasta llegar a su polla, la metí en mi boca hasta más no poder, antes de que se corriera, volvía subir, agarré su polla y la alineé con mi entrada bajé de una estocada, dolió, lágrimas cayeron pero no me importo, seguí moviéndome, me daba placer ver cómo se retorcía de placer, queriendo liberarse para tocarme y follármelo a su antojo, me folle con su pene como quise, en diferentes posiciones, me acerqué a su rostro.
—Te sacaré la mordaza solo para que me beses y gimas en mi boca— seguir moviéndome con la misma intensidad, la quite despacio y junte mi boca con la suya, caí más profundo en él como había dicho su gemido rebotó en mi boca, empecé a besar su cuello hasta llegar a sus pezones, succioné y apreté— gime, quiero escucharte— ordené, me estaba gustando dominarlo, baje rápido haciendo que mis nalgas chocaran fuerte con sus caderas.
—Ohh, oohh— gimió al sentí lo rico que me hundía en él.
—Vez lo rico que se siente, ah— gemí arqueando mi espalda, la sensación estupenda de ser abierto por su polla, puse mis manos en su pecho para ayudarme y seguir autofollándome con su polla— la sensación de tu polla abriéndome, se siente tan rico— dije mientras mordía mi labio inferior
Podía ver como quería levantar su mano y tomar mi cintura para hacerme bajar más rápido, coloque la camiseta en su boca otra vez,
—¿Quieres tocarme y poder gemir sin que una tela te lo impida? — pregunté mientras bajaba el ritmo, el asintió— ¿Ahora entiendes como me siento cuando quiero ser follado todas las mañanas y tu solo me das el desayuno? Este es mi castigo para ti, quiero ser follado todas las mañanas porque de lo contrario, te daré lo mismo y puede que sea aún más intenso, también es para que veas lo tierno que soy, lo vez— dije agachándose hasta su rostro.
Después de eso seguí montándolo hasta que llegue al orgasmo, saqué la camiseta de su boca y lo deje llegar a su orgasmo de manera libre.
Recosté mi cuerpo sobre el suyo, sonriendo como mi semen caliente ensuciaba nuestras pieles, luego recordé que todavía no desataba sus manos por lo que levanté un poco mi cuerpo para poder desatarlo, luego volví a recostar mi cuerpo sobre el suyo, el todavía en mi interior.
—Realmente eres de armas de tomar— dijo guiando su mano por mi espalda en forma de caricias.
—Para que veas en lo que me transformaste, ciertamente antes no era adicto al sexo— dije sin ánimos estaba muy cansado había agotado todas las fuerzas que me quedaban en montarlo.
Él se rio.
—Pero fue excitante, lo disfruté.
—Qué bueno es saber que también te gusta que te dominen— dije sonriendo travieso.
—Si, pero solo en algunos aspectos.
—Ya, como sea ¿podemos ir arriba? estoy muy cansado— dije enredando mis brazos en su cuello al igual que mis piernas en su cadera, me dolió al hacerlo, no solo por abrir las piernas también por qué su polla todavía estaba en mi entrada, Diego salió de mí y luego se paró conmigo en su cuerpo, subimos las escaleras, al llegar a su cuarto me dejó en la cama y él fue al baño.
Al volver ya había botado el condón, camino hasta la cama todavía desnudo, su cuerpo me ponía caliente, pero ya habíamos follado y estaba cansado, llegó a la cama y se acostó a mi lado.
—¿Tienes sueño? — preguntó.
—Algo ¿Por? — respondí dándome la vuelta para quedar de lado.
—Solo preguntaba, se está haciendo tarde, ¿Encargamos comida a domicilio? — preguntó acariciando mi pierna que estaba sobre su estómago y entrepierna.
—Si— dije sonriendo travieso, él estaba acariciando mi pierna, una forma de decirme que nos quedaríamos aquí para poder follar.
—¿Que encargamos? — preguntó todavía subiendo su mano hasta mi trasero.
—Puede ser comida china— dije acariciando su pecho.
—Voy a llamar— dijo levantándose de la cama para ir a buscar su celular.
Yo estaba esperando a que volviera para que tuviéramos sexo una vez más, empecé a estimular mi cuerpo, tocando mis perdones y masturbándome.
—Dijeron que en media hora...— Diego se me quedo viendo, camino hacia mi, mire su cuerpo desnudo excitándome aún más, jadié en busca de aire, él se agacho en mi erección, mis caderas se alzaron con necesidad, haciendo que su boca chocara con mi polla, empezó a succionarme fuertemente, mi líquido pre seminal se derramó en su boca, fue bajando lentamente, me apoyé en mis antebrazos no quería perdérmelo, abrió mis piernas y las colocó sobre sus hombros, mis brazos estaban tiritando por la fuerza ejercida y también por el placer, caí con mi cabeza en la almohada.
—Ahh— gemí fuerte cuando volvió a succionarme.
ווווווווו×
Diego tomó un pedazo de piza y lo llevó a mi boca, saqué un mordisco, luego el sacó una mordida, volvió a llevarla a mi boca, saqué una mordida grande, tenía mucha hambre, al parecer después del sexo me daba hambre, ahora Diego tenía que alimentarme.
Sacó otro pedazo porque el que había sacado se lo había terminado él, me lo llevo a la boca y antes de sacar una mordida lo esquivó llevándolo a su boca, lo miré con los ojos enterrados, la llevo otra vez a mi boca esta vez le saque una gran mordida.
—Si que tienes hambre— dijo riendo mientras llevaba el resto que había dejado a su boca— Apropósito, ¿Te gustaría venir conmigo a una galería de arte mañana en la tarde? Después de tu turno en la cafetería— preguntó descuidado mientras seguía comiendo.
Le quedé mirando por unos minutos para saber si era una broma o no, realmente lo pensé, porque no podía imaginarme a Diego en una galería de arte admirando pinturas y imágenes en silencio, entonces no tuve más opción que preguntar porque el parecía no decirme que era una broma.
—¿Estas... estas hablando enserio? — pregunté con desconfianza.
—Si— dijo con obviedad— me gustan las galerías de arte, aunque no lo creas— agregó mirándome con un poco de vergüenza en el rostro— me gusta admirar el arte, pensar en que pudo inspirarse el artista, saber con qué sentimientos la pinto, la historia detrás del cuadro, no soy solo un conquistador que sale a fiestas siempre, me gustan las galerías de arte, trabajo en la empresa de mi hermano, visto trajes formales y me gustan los conejos.
—Wuau, solo sabia algunas cosas, realmente no sabía que te gustaban las galerías de artes o los conejos, los trajes formales— dije mientras comía otro pedazo de piza.
—Si, también puedo ser hombre profundo, solo no se lo muestro a cualquier persona, que no quiera enamorarme no significa que no pueda hacerlo.
—Quiero que me cuentes más, sobre tus gustos y vida— pedí interesado, me recosté mientras lo veía, para empezar a prestar atención.
—Bien...— pensó unos segundos para saber cómo empezar— me gustan los conejos pero no me gustaría tenerlos, me gusta el campo, los caballos, las montañas, me encantan las casas que flotan en los lagos, son hermosas— contaba mientras sonreía y comía debes en cuando— me gusta ver las estrellas, los sauces, cuando tenga una casa quiero tener un Árbol de limones, naranjas, duraznos y manzanas, en algún punto de mi vida quiero casarme, vivir con esa persona especial en aquella casa de mis sueños, adoptar a un niño y a una niña, enseñarles todo lo que se y mostrarle todos los lugares que conozco— hablaba con un brillo en sus ojos, se veía con tanta esperanza imaginando su futuro soñado, me hacía sonreír, sus ojos dorados claros me miraban con la esperanza de que viera lo que el veía en su imaginación.
—Que hermoso— susurré
—¿Y tú que quieres para tu vida, que te gusta y que no te gusta? — preguntó con curiosidad.
—Me dan miedo los fuegos artificiales, pero los encuentro muy lindos, me gustan los veleros pero me da miedo el mar, los ríos, los Lagos todo lo que sea profundo, me gusta la playa pero no se nadar, no me gusta mucho la ropa formal, no me gustan mucho los perros, los gatos me gustan pero no tanto, los caballos me dan miedo, también me gusta mirar las estrellas, me da miedo morir, en realidad no es el miedo a morir si no a morir sin saber lo que pasa a mi alrededor me da miedo no saber, no sé cómo explicarlo, también la soledad, temo morir y nunca más volver a estar con las personas que amo— dije con tristeza— me gustan las flores y rosas, no me gusta mucho el sol, me gusta el olor del mango pero no me gusta comerlo, los olores muy dulces me repugnan pero hay otros muy fuertes que también me repugnan, cuando como cosas muy dulces también me repugnan, me gusta el invierno pero que no sea tan frío, me encanta la lluvia, quiero casarme de blanco en la playa o un jardín, tener muchos hijos, tener una linda casa en las montañas y también una en la ciudad, quiero tener un amable esposo que se preocupe por mí, pero no ahora quiero que eso pase cuando ya tenga ni carrera y un trabajo— le conté todo las cosas que me gustaban y las que no lo que quería y lo que no, nunca le había contado a alguien esas cosas o no todas, no solía hablar con otras personas sobre lo que me gustaba en realidad o lo que odiaba no me gustaba, no me gustaba mucho la atención pero si la de alguna persona en especial, cuando las personas me miraban fijamente me sentía cohibido.
—Wuau, son muchas cosas— dijo mientras me miraba y comía, estaba mirándome fijamente no sabía cómo decir que me incomodaba, solo me levanté y lo besé, caímos en la cama, él estaba debajo de mi un poco sorprendido, pero en ningún momento me quitó, al separarnos para tomar aire lo aclaré.
—No quería que siguieras mirándome así— dije mirándolo a los ojos.
—¿Así como? — preguntó.
—No lo sé, como lo estabas asiendo— dije sin saber realmente lo que sentía cuando me miraba de esa manera tan... tan, realmente no sabía cómo explicarlo.
Él se rio y volvió a besarme, pero esta vez fue castamente, haciéndome desear otra ronda de sexo.
—No necesitas saber todo— se levantó y camino hacia el baño, me quedé viendo su desnuda espalda.