🔶13: CONFIANZA🔶

2739 Palabras
Diego Estaba empezando a hacer frío de apoco por lo que me vestí con una camisa y unos jeans negros, mi chaqueta de cuero, fui en busca de mi acompañante el cual debía estar terminando su turno en la cafetería, al llegar a la cafetería él estaba saliendo con su mochila y vestido de su clásico jeans y camisa grande, me gustaban lo hacían parecer tan tierno, estaba oscureciendo y había empezado a hacer un poco más de frío, cuando llego hasta mi le pasé su casco guardé su mochila en el compartimiento de la moto, tenía escalofríos por lo que saque mi chaqueta y se la coloqué, él me sonrió en agradecimiento y me subí a la moto, él subió después, abrazó mi cintura como de costumbre, conduje hasta la galería de arte. Al aparcar hicimos fila para entrar, mostré las entradas y nos dejaron entrar, había tanto silencio como se acostumbraba en estos lugares, sonreí instantáneamente, me encantaba ver los diferentes tipos de pinturas, comenzamos por una pintura, había una mujer hermosa dejarlo rojizo, su pelo colgaba tan largo. —Es hermosa— susurré. —Lo es, apostaría a que es la amada del artista, posó para él o ella, mira, sus ojos y rostro demuestran amor— dijo analizando a la mujer de aquella hermosa pintura. —Puedo verlo— la admiramos por un rato luego caminamos más allá. En esta había diferentes tipos de colores expulsados en el cuadro, podía imaginar flores de diferentes colores en el fondo n***o de aquel cuadro. —Mira, estás parecen flores— apunté a las diferentes formas de pinturas. —Mira me gusta aquella— apuntó a una pieza de arte abstracto al fondo del pasillo, eran artos instrumentos musicales juntos, con muchos colores y formas era muy lindo, caminamos hasta él, estaba rodeado por otras personas— me hace feliz, puedo sentir los colores, las formas y también la música— dijo sonriendo. —También lo siento— caminamos a otra que estaba más allá, esa me gustaba mucho más que la anterior, no por que fuera más hermosa si no porque la naturaleza me atraía de una manera increíble y este era un bello bosque de color verdoso con árboles gigantes. —¿Te gusta esta? — preguntó Sander. —Si, me encanta, es por lo verde, por los árboles, no lo sé, pero me atrae de una manera increíble— dije tocando el vidrio que me separaba de la pintura, deseaba sentir la textura de la pintura, claramente no pude sentirlo. ×•×•×•×•×•×•×•×•×•× —¿Quiere comprar las tres? — pregunto él hombre asombrado. —Si quiero las tres— respondí con decisión. —¿Esta seguro? Debe saber que cada una de estas piezas son de un costo de dinero bastante alto— aclaró. —Estoy bastante seguro y en cuanto al dinero no importa la cantidad, lo pagaré estoy informado en cuanto están valuadas cada una de las piezas— respondí. —Está bien, pase adelante, le voy a hacer responder algunos formularios y luego firmar algunos documentos, luego puede llevárselos o podemos hacerle un envío de las piezas, para que estén seguras— respondió haciéndome pasar a una oficina. Al terminar de rellenar unos formularios, me hicieron firmar los papeles de compra por los cuadros al ser tan costosos tenía que firmar un comprobante de que estaba en completa sobriedad y conciencia de lo que compraría, al terminar me levanté. El hombre también se levantó de su silla. —Entonces señor las pinturas serán enviadas a la ubicación escrita en el formulario en un plazo de dos semanas— asentí conforme, extendió su mano para cerrar el trato y también de despedida, acepté el acto y caminé hasta la salida, luego subí a mi moto, para llegar a casa. Al llegar entre a la casa y escuché movimientos provenientes de la cocina, fui a ver que estaba pasando y para mi sorpresa era Sander. —Hola, ¿Dónde estabas? — preguntó mientras cocinaba algo de espaldas a mí. —Hola, no sabía que vendrías hoy, estaba haciendo algunos trámites— respondí acercándose a él, olía muy rico quería ver que estaba cocinando. Estaba haciendo carne a la cacerola con arroz, la carne olía muy bien. —Es porque decidí venir a última instancia, terminé mi última clase y quise venir, entré, pero me di cuenta de que no había nadie, por lo que estuve vagando hasta que me dio hambre vine a la cocina y me dieron ganas de cocinar algo rico— dijo volviéndose para verme. —¿Cuánto le falta? creo que también me dio hambre—dije mirando las ollas detrás de él. —Muy poco— dijo sonriendo— pongamos la mesa mientras se termina de cocinar— propuso. —Claro— respondí, caminé hasta el mueble donde estaban los servicios mientras que el sacaba los platos. Sander colocó los platos y luego yo coloqué los servicios al lado de estos, mientras los colocaba él fue a revisar las ollas. Después de unos minutos empezó a servir, luego nos sentamos a comer. —¿Quieres tomar algo para acompañar el almuerzo? — pregunté dispuesto a pararme. —Estaría genial, de preferencia vino, tinto— dijo cuando estaba de espaldas buscando en la despensa. Al tomar uno de los vinos que encontré me dispuse a destaparlo, lo coloqué en la encimera mientras buscaba las copas que estaban colgadas arriba, tomé dos y serví, me volví y le entregué su copa, para luego sentarme. —¿Algo por lo que debamos brindar? — pregunté antes de beber. —De hecho, si— habló sonriendo— eh tenido la mejor nota de mi clase en auditoría contable, te acuerdas que hablamos dicho que había sacado mala nota la vez pasada, bueno estuve investigando y estudiando en mis tiempos libres hasta que memorice todo! — dijo feliz, le dio un sorbo a su copa— me siento tan feliz y orgulloso de mi mismo— habló mientras comía un poco de su arroz. —también estoy orgulloso de ti— contesté sonriendo. —Gracias— sonrío. —Entonces brindemos por lo brillante que eres— dije alzando la copa, el tomo su copa aun sonriendo y la choco levemente en el aire con la mía, creando un sonido cual retumbó en el silencio de la sala, tomé un sorbo de mi copa— también quería saber, ¿Tu ex no ha vuelto a molestar? — pregunté un poco más serio y preocupado, realmente había pensado en eso todo el día. —Para mi suerte no, al parecer fuiste bastante intimidante— comentó cortando un trozo de su presa. Miré mi plato y también empecé a comer, realmente estaba rico. —Que bueno...Mmmm... esto te quedó de maravilla— alagué disfrutando de la textura de la carne en mi boca— ¿Dónde aprendiste a cocinar? — quise saber. —Bueno, cuando todavía vivía con mi hermano me quedaba solo muchas veces, el salía a trabajar y mi hermano todas las mañanas prendía la tv para ver una serie antes de irse al trabajo, cuando despertaba o llegaba del colegio siempre estaban dando programas de cocina por lo que no tenía más opción que verlos porque mi hermano me escondía el control, un día cuando ya tenía once o doce no recuerdo bien, decidí practicar lo que veía, para mi mala suerte termine quemando una olla, un paño de cocina y mi mano, luego de eso seguí intentándolo hasta que aprendí, pero fue bueno porque luego, cuando ya tenía quince mi hermano trabajaba mucho más, por lo que tenía que cocinar para mi— me contaba mientras comíamos y bebíamos vino. —Debió ser duro tener que pasar horas solo— hablé. —No del todo, realmente me divertía, practicaba mucho, aprendí a cocinar muchas recetas y postres, pero claro por un lado era duro ver como mi hermano trabajaba y a la noche llegaba cansado, a veces de mal humor, pero igual estoy orgulloso de él, cuando me di cuenta de que había dominado la cocina empecé a cocinarle, cada que llegaba cansado le daba alguno de mis postres o comidas, los disfrutaba y luego ya no estaba de mal humor. —Entonces es verdad esa frase que dice que con algo dulce endulzas tu vida— confirmé. —Claro que lo es— lo pensó— bueno, no en todos los casos, eh intentado comer caramelos para que se me valla el mal humor cuando no me follas por las mañanas y no funciona— dijo sin vergüenza. Reí por su descaro al hablar sin frenos. —Ya lo eh visto— dije recordado la última vez que no obtuvo sexo por la mañana, aunque fue bastante placentero y excitante no fue muy agradable pedir permiso para poder gemir sin tener una mordaza— quería preguntar, solo por curiosidad ¿Cuándo es tu cumpleaños? —Es en un mes— dijo sin tanta importancia, lo pensé, eso era perfecto. —¿Y el tuyo? — preguntó. —En realidad ya fue, hace tres meses, fue El cumpleaños de mi vida, una fiesta s****l— contesté sonriendo con perversión ante los recuerdos. —Wou, nunca eh estado en una, pero me imagino que debe ser bastante intenso y con mucho sexo— comentó, antes de tomar de su copa. —Lo es, puedo... —No gracias, no quiero saber mucho, estoy bien con lo que se— dijo frenándome con una mano, la cual bajo al ver que no iba a continuar— pero hablando de sexo creo que podríamos practicar un poco. Solo sentí como su pie era puesto sobre mi virilidad, empezaba a moverse. ¿En qué momento se había sacado las zapatillas? ¿En qué momento está conversación sana había llegado a sexo? No pude obtener mis respuestas, la excitación me había ganado. —Eres tan descarado al igual que pervertido— hablé para luego soltar un jadeo, en ese momento quería lanzar todo al suelo y follarlo en la misma mesa. —Lo soy— dijo asiendo presión en mi ahora dura erección— pero por mientras terminaremos de comer, voy a ver cuánto aguantas antes de tomarme aquí en tu cocina— habló mordiendo su labio inferior, mientras seguía masajeando. —Estas jugando con fuego— hablé. —Estoy dispuestos quemarme con tal de recibir lo que quiero— respondió como si fuera un inocente niño. Alcé mis caderas para obtener más presión, solo un poco más, pensé mientras miraba el techo y soltaba algunos jadeos. —¿No deseas hundirte en mi en vez de solo obtener estimulación por parte de mi pie? — preguntó con voz sensual y desafiante. Tenía que aguantar, no podía caer ante el deseo de follar su culo. Pero realmente no podía aguantar las ganas, de solo imaginarme follándolo en alguna parte de la casa me ponía aún más duro. Me levanté y tiré el mantel con todo sobre el al suelo, no me importó lo que se quebrara o lo que manchara, me valía madres, Sander se sorprendió un poco ante mi acción un poco brusca, pero luego sonrió. —No pudiste resistir más— sonrío triunfante, estaba sentado todavía en su silla, la copa en su mano izquierda mientras que la otra desabrocha su camisa, al tenerla desabrochada por completo tomó un sorbo de su copa para luego levantarse, caminé seductoramente hasta la encimera y dejar la copa cerca se la botella de vino, caminó hasta estar de delante de mí— vamos, quiero celebrar con mucho sexo— habló mientras sacaba su camisa y la tiraba al suelo junto con las demás cosas que habían caído al tirar el mantel, nos desvestimos ahí mismo, al estar desnudos, lo volví, aparte la silla de la cabecera y presioné su torso en la mesa, separe con uno de mis pies sus piernas al tenerlas abiertas a mi antojo me agache hasta estar detrás de su oído. —¿Estás seguro de que mañana podrás ir a la universidad?—pregunté. —No lo sé, quiero averiguarlo— respondió moviendo su rostro para que viera su sonrisa desafiante y lujuriosa. Mi erección chocó con sus nalgas. —Oh claro que lo harás, de aquí no te mueves antes de obtener un castigo por ser tan travieso— respondí alejándome de su oído. Después de prepararlo usando como lubricante su saliva busque un condón en algún cajón que recordaba haber puesto insumos sexuales para emergencias de cocina, lo coloqué en mi erección, volví hasta estar detrás de él, abrí sus nalgas y posicione mi erección en su entrada, me hundí en una estocada. —Ahh!— gritó. Me asusté al instante me di cuenta, había sido muy duro, me agaché hasta volver a estar mi pecho pegado a su espalda. —Lo siento, ¿Quieres continuar? ¿Estas bien? — dije desesperado. —Lo estoy, solo continúa— hablo con voz temblorosa. —Lo digo en serio, ¿Estas bien? ¿Quieres realmente continuar? Lamento haber sido muy brusco, había olvidado que hace poco acabas de terminar una relación donde había violencia— dije besando su hombro, no quería hacerle daño, nunca querría, tampoco lo forzaría, si decidía detenerse lo aceptaría. —Si, realmente estoy bien, solo me tomaste por sorpresa y obviamente dolió, pero quiero que continúes— aclaró volteando su cabeza para que viera su rostro, en el había una lágrima bajando cerca de su boca, llevé una de mis manos que tenía en su cintura hasta su rostro donde limpié la lágrima. —Solo quiero que sepas que estás seguro y que nunca te haría daño, si decides que es mucho para ti o cruzó tus límites me hablaras, pararé por más caliente que esté, solo quiero darte placer no dolor— aclaré para luego besar su frente— nunca haría algo parecido a lo que te hizo ese imbécil ¿sí? — Sander asintió. —Se que no lo harías, no eres igual a él— dijo sonriendo—continúa, si haces algo que no quebrante mis límites te lo diré. —Bien— susurré más tranquilo, besé otra vez su hombro para luego alejarme, coloque mis manos más firmes en sus caderas y me retire para luego adentrarme así fui de apoco embistiendo con más velocidad y profundidad, para que se acostumbrará y relajara. Pronto ya estábamos follándolo con toda la intensidad posible, nuestros gemidos sonaban en toda el área. Debes en cuando giraba su rostro para verme a los ojos, lo cual correspondía, seguí dándole todo lo que más pude, me salí de su interior, lo volteé, para luego tomar sus caderas y subirlo entero en la mesa, me subí para estar sobre su cuerpo y coloqué una de sus piernas en mi hombro para tener más acceso, me adentre en una estocada siendo recibido nuevamente por su cálida cavidad, la mesa se movía con nosotros, sospechaba que tendría que comparar una nueva, sus brazos abrazaban mis espalda buscando algo en que aferrarse, cada embestida que daba era más profunda, me salía y entraba tan profundo como podía, sus uñas arañaba mi espalda, haciendo que heridas se abrieran levemente, la pierna que no había puesto en mi hombro fue aferrada a mi cadera, sus jadeos se mezclaban con los míos, pegué mi frente a su hombro, el hizo lo mismo, sus gemidos terminaban en mis oídos, sus uñas cada vez arañaban más, su espalda se arqueó, tocando su pecho con el mío, sus ojos se cerraron y su cuerpo empezó a convulsionar al mismo tiempo que tiras blancas marchaban mi pecho y el suyo, que hablar de lo bien que me estaba apretando, reconocí que estaba teniendo su orgasmos, la pierna que estaba en mi cintura se aferraba al igual que sus uñas que estaban clavadas. Seguí embistiendo, disfrutando la sensación de sentir su orgasmo traspasar el mío, hasta el punto de hacerme tener mi propio orgasmo, seguí embistiendo hasta ya no tener fuerzas, al terminar bajé la pierna que estaba en mi hombro, pero no me alejé de su cuerpo, me quedé un rato tratando de recuperar la razón. —¿Estas bien? — pregunté. —Más que bien, deberíamos continuar en tu habitación— sugirió. —Por supuesto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR