🔶6: MALDITAMENTE DESCARADO🔶

2738 Palabras
—Estas siendo un poco malo, que te cuesta decírmelo, solo sería acelerar un poco las cosas, realmente no entiendo lo que está pasando él me confunde y yo ya estoy confundido— dijo tomando su cabeza frustrado. —No, tienen que entender lo que está pasando por sí mismos— la profesora estaba entrando— ahora a poner atención— agregué para cortar la conversación mientras sacaba un cuaderno de notas. ×•×•×•×•×•×•×•×•× Llamada. —Hola. —Hola, ¿Cómo estás? —¿Cansado y tú? —También, que te parece si nos vemos para despejar un poco? —Ven a buscarme, estoy disponible. —Perfecto, estoy allá en veinte minutos. Fin de llamada. Eran las 6 de la tarde acababa de llegar de la universidad, me bañé en lo que quedaba de tiempo y me vestí, no sabía si saldríamos o no así que me vestí casual. Cuando estuve listo salí del cuarto al bajar me encontré con el bajando de la moto, aceleré mi andar al llegar al frente de él me sonrió, correspondí su sonrisa, tomé el casco que me había ofrecido y subí, me aferré a él para no caerme mientras conducía. Me impresionaba como había cambiado mi actitud hacia él en tan poco tiempo, creo que la mayor razón era debido al sexo, él me hacía sentir muy bien durante el acto por lo que después de eso tenía muy buen humor a lo que el aprovechaba para ganarse mi confianza por qué cuando estaba de mal humor no había quien me soportará y lo sabía bien. Al llegar a su casa bajamos, nos adentramos en el interior de su casa, tenía hambre por lo que camine directo a la cocina. —Voy a sacar algo para comer tengo hambre— avisé mientras abría los muebles de la alacena. —¿Desde hace cuánto rato no comes?— preguntó mientras sacaba dos vasos del mueble para servir jugo natural. —No lo sé, creo que la última vez que comí hoy fue un alfajor que me dio Martín a las once de la mañana— dije haciendo memoria. —Debes alimentarte mejor, estás creciendo y además estás en la universidad— me reprendió. —Lo sé, pero no tengo tiempo— me excusé. —Lo harás, yo mismo me encargaré de llenar tu mochila antes de que vallas a la universidad con al menos pequeñas colaciones— dijo entregándome el vaso mientras yo habría un paquete de galletas que había encontrado. —Como sea, apropósito creo que deberías ir de compras porqué tu alacena está casi vacía— comenté comiendo una galleta. —Tienes razón que te parece si vamos ahora— propuso entusiasmado. —Primero que nada, como traeríamos las cosas, tienes una moto y segundo primero comamos, de verdad tengo hambre— dejé en claro mientras tomaba un poco de jugo. —Bueno lo primero se puede solucionar fácil, elegimos la comida y pedimos que vengan a dejar lo que pedimos a domicilio y lo segundo se soluciona comiendo— dijo mientras sonreía triunfador. —En ese caso por qué no encargamos por internet— sugerí. —¿Y perderse la emoción de ir al supermercado y escoger tú mismo lo que quieres comer? Nunca, me encanta ir de compra sea lo que sea— dijo tomando de su jugo. —Te entiendo se siente genial— apoyé. Después comer emprendimos camino al supermercado más cercano, luego empezamos a escoger, llevamos pan de molde, jugos en caja, galletas de diferentes tipos, yogurt de diferentes sabores, chocolate, avena, leche, muchos paquetes de spaghetti, arroz, verduras envasadas, frutas en conserva y muchas cosas más, me di cuenta de que Diego era fanático de lo dulce contrario a mí, me gustaba lo dulce pero solo en mi imaginación, me daban de comer cosas dulces pero cuando las comía las encontraba muy dulce al punto de la repulsión por lo que optaba por solo imaginar o mirar. Luego de pagar pedimos a domicilio y nos fuimos de vuelta a la casa. Al entrar a la casa me tiré en el sofá más cercano, estaba cansado, pero lo había disfrutado, escuché que Diego atendía una llamada por lo que estiré mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos. No sentí cuando llegó solo cuando me habló, al parecer me había quedado dormido por un momento. —Me llamó mi hermano, al parecer va a hacer una ceremonia de matrimonio para él y Azúl ya que gracias a su locura de casarse en las Vegas nadie de los cercanos estuvimos presentes— dijo sentándose a mi lado— el caso es que me invitó, dijo que si quería podía llevarte ¿Que dices? Era difícil decidir ya que tenía clases mañana, pero quería ir, sería genial, además ambos me caían genial, tampoco tenía clases tan importantes el día de mañana, tal vez podía pedir los apuntes a Martín el día que llegara. —Está bien, me encantaría— dije entusiasmado— le hablaré a John para que sepa que faltare al trabajo este fin de semana. —Bien, yo le mandaré un mensaje para confirmar y reservaré dos boletos de avión en clase alta para mañana en la madrugada— dijo tomando su celular. —¿En la madrugada? ¿O sea que faltan unas horas? — pregunté un pocas desconcertado. —Si, no te preocupes por la ropa, iremos a buscar y luego volvemos— avisó para mí tranquilidad. Tome mi celular. Yo. John no podré ir a trabajar este fin de semana. John Está bien, cuídate, buscaré a alguien que te reemplace. Después de comprar los boletos y avisarle a su hermano que iríamos fuimos por mis cosas al cuarto, para mí suerte todavía no había comenzado el toque de queda, caminaba con Diego al cuarto, al entrar Martín estaba llorando, me acerqué a él y lo abracé. —¿Qué fue lo que pasó Mar? — pregunté preocupado. —Joshua decidió terminar lo que teniamos— dijo entre lágrimas, fruncí el ceño. —¿Y por qué lloras no se supone que solo eran amigos con derechos? Si le quitas el derechos siguen siendo amigos, ¿Por qué debes estar triste? — pregunté. —Eso es lo peor, no lo sé, solo sé que me duele el pecho pensar que él puede tener el mismo tipo de relación con otra persona— dijo mientras volvía a llorar. Tocaron la puerta del cuarto, Diego abrió ya que yo estaba ocupado consolando a Mar. —¿Qué es lo que haces Tú aquí? — dijo Joshua recalcando la palabra tú, enfureció mirando a Diego. —Joshua deja de ser pesado, ¿A qué viniste? — pregunté, pude sentir que los llantos de Martín eran cada vez más fuertes por la presencia de él. —Solo vine a hablar contigo— dijo mirándome a mí a lo que desvió su mirada hacia Martín, camino hasta él en el momento en que vio que estaba llorando. —¿Mar dime qué pasa cariño? — preguntó preocupado. —Tú me pasas— dijo todavía llorando— déjame solo. —No lo haré, mira como estas— dijo abrazándolo. —No quiero que termines conmigo— confesó entre sus brazos. A decir verdad, estaba llorando, este tipo de escenas eran muy tristes para mi propio bien, Diego se acercó a mí y me abrazó. —Está bien no lo haré, pero por favor no llores, cariño— dijo acariciando su espalda de arriba a abajo— por favor— rogó. Martín abrió los ojos, estaba temblando. —Quiero ser más que al amigo al cuál te follas— dijo en un impulso. Joshua quedó en shock y luego solo lo besó, estaba realmente llorando a mares que romántico, me seque las lágrimas y camine hasta el clóset para sacar una maleta y empezar a guardar ropa por qué no quería llorar más, Diego les dio privacidad y se acercó a mi —Debes llevar ropa abrigada por qué en Noruega siempre está nublado y hace frio— dijo. —Bien— dije sorbiendo mi nariz, busque ropa abrigada la suficiente para dos a tres días, luego cerré la maleta, mire a los chicos, estaban abrazados— chicos voy a salir del país por unos días, vuelvo antes del lunes, felicidades y cuídense— me despedí. —Igualmente— dijo Diego antes de que saliéramos del cuarto. Volvimos a su casa al llegar dejé mi maleta en la sala y subimos a la habitación, me senté en su cama, él fue a buscar ropa para cambiarnos. —No te dan ganas de enamorarte— pregunté cuando estuvo de vuelta. —A veces tengo la necesidad de que alguien me abracé y me diga que me quiere, pero luego ese sentimiento se va— respondió entregándome un pantalón y una musculosa— ¿Y a ti? —A menudo, pero luego recuerdo cosas y se me pasa— dije pensando en el maldito de Alexander. —Puedo ver en tu mirada que alguien te hizo mucho daño— dijo mirándome a los ojos. —Lo hizo pero eso ya pasó y las cosas cambian— dije levantándome para cambiarme frente a él, lo cual fue muy mala idea por qué el tonto se puso caliente al instante, apropósito y sabiendo que me miraba, caminé en cuatro sobre la cama para tomar el pantalón, a lo que él me agarró de las caderas para que me quedara quieto, pegó su polla tapada con tan solo su bóxer a mi culo el cual también estaba tapado con el bóxer, bajó mi bóxer despacio acaricio mis nalgas, luego sentí como sus dientes mordían suavemente mis cachetes, succionó hasta dejar rojo, luego bajó su bóxer y volvió a pegar su erección en mi culo, podía ver todo a través del reflejo de la ventana que estaba en frente. Sacó del cajón un condón y lubricante, se colocó el condón, coloco su mano en mi nuca eh hizo que apoyara mi mejilla en la cama dejando mi culo parado y a su antojo, abrió un poco más mis piernas y empezó a prepararme, en esta posición él tenía un buen acceso para poder dilatarme como el quisiera, al expandirse lo suficiente como para que su polla entrara en mi interior, sacó sus dedos y empezó a introducir su polla, sentía como abría mis paredes porque a pesar de haberme dilatado su polla era grande, al estar completamente dentro espero unos segundos, solté un jadeo cuando se movió, luego de eso empezó a moverse, de adentro hacia afuera de afuera hacia adentro, nuestras pieles chocaban creando un sonido fuerte. —Ahh— gemí cuando se adentró tan profundo que me sentía desfallecer por el impacto. Él lo hizo otra vez y repitió el mismo proceso unas cuantas veces, mis ojos se rodaban quedando en blanco, mi culo levantado, mis piernas dolían un poco por todo el tiempo manteniendo la posición en un movimiento rápido me volvió, quedé con las piernas en sus hombros, tomó mi cadera y la movía a su antojo, su labio estaba entre sus dientes, sus cabellos mojados por la transpiración, mi cuerpo estaba ardiendo, necesitaba liberarme. —Ohhh ¡si! — gemí fuerte se sentía tan exquisito ser follado por este hombre, en momentos como estos no me arrepentía de haber empezado la maldita apuesta, debía reconocer que Diego follaba como los malditos dioses, ni siquiera Alexander me hacía sentir tan bien, hasta mis corridas eran más intensas. Decidí no pensar en ello, solo me concentré en la Rica sensación de ser follado, si en estos momentos me llamaran perra se sentiría un halago, porque me sentía como una perra gimiendo de esta manera, descarado, siempre descarado ese era mi lema, no me arrepentía de las cosas y de esto claramente no lo hacía, lo estaba disfrutando de una manera increíble, termine corriéndome en mi abdomen hasta había salpicado más arriba podía jurar que algunas gotas habían caído en mi rostro, mis ojos se pusieron en blanco, mi espalda se arqueo, él seguía follándome con la misma intensidad, diría que hasta un poco más intenso, minutos después se corrió en el condón, estuvo unos minutos relajándose, luego que volvió a la realidad salió de mí y fue al baño, él ya estaba limpio, traía con él una toalla húmeda, limpio mi pecho, abdomen y cara por lo que supuse que se había llegado hasta ahí. Luego volvió al baño por lo que me quedé a esperar, no tenía fuerzas para moverme, solo quería dormir hasta mañana. Luego al volver a la cama me acomodó bajo las sábanas, él también se acomodó, dormimos plácidamente al instante. ×•×•×•×•×•×•×•×•× Estábamos en el avión, aburridos, apoyé mi cabeza en su hombro, tenía sueño, era demasiado temprano y hace unas horas atrás habíamos tenido demasiada acción como para no seguir durmiendo. —Duerme debes estar cansado te voy a despertar en una hora para que comas algo— susurró— son diez horas de viaje así que tienes bastante tiempo para descansar— dijo ordenando mis cabellos. —Gracias— dije en medio de un bostezo. Diego era tan amable a veces que me costaba ser duro con él, era difícil tratarlo del todo bien mi orgullo era tan grande que a veces me jugaba en contra, me era difícil hablarle sin soltarle alguna pesadez, pero supongo que eso disminuiría con los días, cerré los ojos para poder dormir. —Sander...— escuché que me susurraba, abrí los ojos, él tomó mi cabeza para apartarla de su hombro— debo ir al baño— aclaró. Estaba un poco confundido, pero bajé mi mirada y vi que la bragueta de su pantalón estaba un poco más levantada que como estaba en la mañana. —Quiero ir contigo— pedí con deseo en mis ojos. Él asintió, caminamos hasta el baño más cercano, miramos que nadie nos viera, al entrar él me puso contra el lavamanos y empezó a besarme desesperadamente. —Hace un rato tenía ganas de hacer esto— dijo entre besos mientras acariciaba mi trasero. —¿Qué fue lo que te hizo estar así de duro? — pregunté tocando por fuera su erección. —Digamos que por accidente rodante un poco con tu mano empecé a imaginar diferentes cosas— dijo mirando a su alrededor. Desabroché su pantalón, no traía bóxer, me agache seximente hasta tener mi rostro al frente de su erección a lo que se puso aún más erecto, la tomé en mis manos y le di un pequeño apretón luego empecé a acariciarlo de arriba a abajo luego lo acerqué a mi boca empecé a introducirlo lentamente, estaba grande y caliente, no quería saber del dolor que sentiría yo mañana en la mandíbula, con suerte podría mover la boca, apartando las malas vibras empecé a moverme de arriba a abajo. Diego empezó a jadear, tomó algunos de mis cabellos en sus manos, cerró los ojos y tapó su boca con el antebrazo de su mano desocupada, pude escuchar como ahogaba un gemido. Estaba completamente ido al parecer era muy bueno con mi boca, me moví un poco más rápido, el saco su antebrazo de su boca y abrió los ojos, me miró y no pudo evitar gemir. —Quiero follar tu boca— pidió agarrando mi cara con sus dos manos. Asentí con la boca evidentemente llena, me aferré a los costados de su camisa. —Bien, si en algún momento esto no te gusta solo házmelo saber de cualquier manera— dijo antes de comenzar a follar mi boca, mi cabeza era rápidamente atraída a su sexo, temé el ritmo necesario para poder seguir con ello, apreté su camisa con fuerzas, podía sentir como su presencia escurría de su pene y era depositado en mi garganta. Él miraba mis ojos, su boca estaba entreabierta y no paraba de jadear, luego de unos minutos sentí como su polla se endurecida más, estaba a punto de expulsar sus fluidos en mi garganta no tuve tiempo de protestar el solo se corrió en mi boca con un gemido ahogado en su antebrazo. Luego de recuperarse, alejo su virilidad de mi boca y se arregló.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR