CAPÍTULO 13

1163 Palabras
 En 1940. Los ojos de Ken Adams se abrían automáticamente con la voz del teniente Graham que entraba gritando a la carpa para que todos se levantaran, la hora había llegado y era el momento de comenzar a abordar el avión que los llevaría a Dunkerque en Francia donde debían apoyar a los batallones ingleses que se encontraban allí luchando incansablemente contra la invasión nazi en ese país. Lo primero que hacía Ken Adams era mirar a la cama del sargento Podman para darse cuenta que éste ya lo estaba mirando desde mucho antes, un sentimiento de incomodidad recorrió todo su cuerpo al recordar ese pecaminoso beso, pero literalmente ese era el peor momento posible para pensar en eso, habían problemas mucho más importantes sucediendo exactamente frente a ellos. Un enorme avión los esperaba en la pista aérea de la base militar. El teniente Graham lideraba el grupo de soldados que marchaban firmemente a subirse en esa nave sin derecho a quejarse, sin oportunidad para resistirse, los arrepentimientos no existían dentro de la guerra, si ya habías decidido entrar, debías ir hasta el final defendiendo los ideales de toda una nación. — ¡Ken! Por favor Ken necesito hablar contigo — gritaba el sargento Podman aprovechando la distancia que se había creado entre los soldados que abordaban uno a uno ese gigantesco avión. Ken Adams lo ignoraba en todo momento manteniéndose firme con vista al frente esperando su turno de subir al igual que sus compañeros. Algunos temblaban de miedo de manera clara y muy notable, otros simplemente lograba disimular ese terror que recorría sus venas, el único que parecía estar completamente tranquilo era el mismo teniente Graham quien empujaba a todo aquel que se atreviera a dudar. Ken Adams fue el último soldado en abordar seguido de el teniente Graham y el sargento Podman quienes se alistaban para enfrentar lo que seguramente sería el compromiso más difícil de sus vidas. El avión kaza modelo F-71 comenzaba a despegar de suelo inglés exactamente a las cuatrocientas horas de esa madrugada, la idea era aprovechar la oscuridad de la noche para poder arrojar a los paracaidistas sin que estos fueran emboscados. Dentro de la nave el silencio era abrumador, solamente el ruido de las potentes turbinas impulsando el vuelo de ese coloso era lo único que escuchaban los valientes hombres que se dirigían a un destino totalmente incierto. Las miradas entre Adams y Podman iban y venían, era una situación completamente incómoda que sacaba a ambos de concentración, era un juego prohibido que poco a poco comenzaba a gustar, era la semilla de algo mucho más grande queriendo germinar para romper la maceta de las arcaicas reglas que regían esa oscura época. El vuelo era muy sereno, la tranquilidad reina en la tripulación a bordo del avión quienes oraban a Dios para que todo se mantuviera de esa manera a medida que se acercaban cada vez más y más a territorio hostil sin saber a ciencia cierta lo que allí les esperaría, cada milla de vuelo los acercaba rápidamente a Dunkerque. Lo que jamás se esperaron fue ese misil enemigo que impactaba contra el ala derecha del avión provocando que este cayera en picada incendiándose abruptamente, ahora el destino de los soldados dentro de esa nave, era todo un misterio. En el 2013. Alex Trop terminaba de vestirse luego de un desenfrenado encuentro s****l con su ex novia Amanda Key en la misma habitación donde ella se preparaba para su gigantesca celebración de cumpleaños. Ella simplemente yacía acostada sobre la alfombra en el piso mirando el techo de la recámara. — Y... ¿Entonces, que te pareció tu regalo? — preguntó Alex Trop mientras terminaba de colocarse su costosa camisa. — Estuvo bien. Igual que antes, muy rico, intenso, pero muy rápido, muy poco. No me da tiempo ni siquiera de terminar yo. ¿Así se lo haces a tu novia? — preguntó Amanda Key siendo muy cruel con su ex novio. — Ya te dije Amanda, eso es porque tú eres muy sexi, además te mueves increíblemente bien. Cualquier hombre también se vendría en cuestión de minutos al ver este espectacular cuerpo cabalgar de esa manera — se excusó Alex Trop abrazando a su ex novia de manera cariñosa. — Bueno, ya no importa, mis maquilladoras personales y asesores de imagen volverán a comenzar desde el principio con mi look para esta noche; además, la fiesta puede empezar hasta que yo llegue — expresó Amanda Key. — Esa actitud es lo que me encanta de tí, eres esa mujer empoderada y con liderazgo que Rose jamás logrará ser — confesó Alex Trop besándola en la boca. — Si, lástima que... Yo ya no crea en esa mierda del amor, el noviazgo, el matrimonio y esas cosas. Suerte con tu pelirroja subnormal, porque yo ahora no estoy a tu alcance, ni el tuyo ni el de nadie — aseguró Amanda Key cruelmente dejando a Alex con el beso en la punta de la boca — ahora por favor abandona mi habitación, debo continuar maquillándome. — ¿No veremos ésta noche verdad? — preguntó Alex Trop antes de salir de la recámara de la poderosa Amanda Key — vendré exclusivamente para verte a tí. — Si claro. ¿porqué no?, a fin de cuentas, todo el país está invitado — dijo Amanda Key sentándose frente a su fenomenal espejo que era más bien un set de maquillaje profesional. Alex Trop abandonaba la habitación mirándola tristemente mientras todos los maquilladores y arreglistas entraban al lugar invadiéndolo por completo, era increíble como podía estar con ella, pero no ser dueño de ella, era una especie de adicción que podías tocar, te podía matar, pero no podías presumir, porque simplemente no te pertenecía. En ese precioso instante Rose también terminaba, pero en este caso era con su trabajo comunitario de ese día. Estaba lista subiendo a su automóvil para volver a casa cuando Dylan se acercó a ella conduciendo su motocicleta lentamente. — ¿Irás a la fiesta de Amanda Key esta noche? — preguntó Dylan deteniéndose justo al lado de la puesta del automóvil de Rose. — ¿Para qué quieres saber eso? — respondió de manera cortante e indiferente. — Bueno, toda la ciudad estará allí. No creo que tú seas la excepción. — Si, si asistiré, pero no te emociones, iré con mi esposo y estaremos en el podio más alto junto a la cumpleañera, sus padres y mis suegros son socios, así qué seguiré siendo inalcanzable para tí. — Me parece perfecto, ¿sabes?, la luna también la creyeron inalcanzable por mucho tiempo hasta que llegó un hombre con suficiente deseo de llegar hasta ella sin importar lo difícil que fuese — dijo Dylan sacando su lado poético — será bonito verte aunque sea de lejos, al igual que se contempla a la luna. Aceleró su motocicleta y desapareció rápidamente en la distancia dejando a Rose nuevamente pensativa en el medio de la carretera.
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