
─ ¿Por qué lloras? ─ Pregunta Dante suavemente. Emma limpia sus mejillas rápidamente, pues ni se había percatado que había continuado a derramar sus lágrimas. ─ Emma, déjame explicarte...
─ No, Dante. Tú y yo no somos nada... ─ Decía la joven, mientras una punzada incómoda se aposaba de su pecho. ─ No me debes explicaciones. Eres soltero y puedes involucrarte... con quien quieras. Así que yo...
─ ¡Cállate y escucha, maldita sea! ─ Ruge ferozmente, logrando sobresaltar a su hermosa asistente. ─ Estaba harto de fingir que no notaba tus miradas en mí... Estaba harto de sentirme confundido y andar sin saber qué exactamente sentías tú por mí... ─ Emma no pudo más que quedar mirándolo, absorta por sus palabras, incapaz de interrumpirlo. Dante despeina su cabello, pasando ambas manos por su cabeza, sin poder ocultar cuan frustrado se encontraba. ─ Así que le pedí a Alice que me ayudara. Y tuvimos la brillante idea de despertar celos en ti. Ni siquiera pude besarla, Emma. No pude... ¡Maldita sea!
─ Pero qué... ─ Susurró la joven. ─ ¿Estás diciéndome que lo planeaste todo? ─ Su pregunta apenas había salido en un hilo de voz, sintiéndose ridícula por haberse visto expuesta de tal manera. Dante asiente, perforandola con su intensa mirada. ─ Pues no sentí nada, fíjate...
─ No mientas. ─ Interrumpió el hombre, incapaz de contener una risita burlona. ─ Y ahora sé que sientes algo por mí...
─ ¡Que no siento nada por ti! ─ Trató de convencer Emma, pero no a su jefe, sino a sí misma. Dante engulle el poco espacio que los separa y consigue prensar el cuerpo de la joven contra la pared helada del ascensor. Un jadeo de sorpresa se le escapa a la linda asistente pelirroja y no logró proferir más palabras.
─ Si realmente fuera así, no habrías salido corriendo de la oficina... ─ Dante acaricia su mejilla con una de sus manos, mientras la mano libre aprieta la fina cintura de su asistente. ─ Y no hubieras llorado. Y... ─ Sus ojos la prenden a ellos, dejándola incapaz de empujarlo. ─ Perdóname por lo que voy a hacer, pero ya no aguanto.
Las palabras de aquel guapo hombre, se pierden en los labios de Emma, provocando escalofríos que recorrieron su piel de manera placentera y sorpresiva y, sólo entonces, la joven es consciente de lo que sucede:
Dante la está besando y la misma es incapaz de impedirlo... Se encuentra correspondiendo su beso con el mismo fervor con el que sus labios se enredan en los suyos, sin importar nada más.
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Esta es la historia de Dante: un hombre que presenció la infidelidad de su novia, de quien creía estar enamorado. Sin embargo, Emma, una joven y hermosa pelirroja, de procedencia humilde y sencilla, logra adentrar el corazón del hombre. Con su actitud a veces tímida y otras veces alocada, esta señorita consigue enamorar a su querido jefe, sin haberlo pensado siquiera. Ella se niega a enamorarse, pero Dante no descansará hasta cumplir con su más nuevo objetivo: poseer el corazón de su dulce asistente.

