••• Dante Montenegro •••
─ Argh! Esto es exasperante! ─ Gruño entre dientes, sintiendo la frustración apoderarse de mi poca paciencia.
Hace una semana que la señora Harrison renunció a seguir siendo mi asistente. La misma se sacó el premio gordo en la lotería y pues, decidió que lo disfrutaría, recorriendo el mundo junto a su esposo. Me alegro muchísimo por ella, pero… Ahora me siento frustrado por no ser independiente.
Aunque... Me dije a mi mismo que podría con el trabajo y que no necesitaría de ninguna ayuda. Y en este preciso momento, hojeando el bloc de notas de mi antigua funcionaria, me percato que definitivamente sí es necesario el apoyo de un asistente personal.
Estoy a horas buscando algunos datos de clientes importantes y no lo encuentro por ningún lado. Me pregunto ¿cómo hacía Paula Harrison para llevar a cabo esta labor, sin perder ningún dato importante?
La única que puede ayudarme a resolver este problema es...
─ ¡Erica! ─ Llamo impaciente a mi secretaria. No sé cómo lo hace, pero siempre consigue sacarme de aprietos como este. Se las ingenia para conseguir datos (casi imposibles de obtener) de clientes importantes.
─ Diga, señor Montenegro. ─ Su voz sensual resuena en mis oídos, mientras camina, acechante, en mi dirección.
─ Consígueme los datos de estos clientes. ─ Le extiendo una hoja con los nombres de las empresas que contrataron nuestros servicios de publicidad. ─ Por favor, Erica. Los necesito antes del medio día.
─ Como ordene, señor Montenegro. ─ Responde mi joven y sexy secretaria, mientras camina en sus tacones de 15 cm. No dejo de notar la manera en que se mueven sus caderas.
Muerdo mi labio inferior, reconociendo en mis adentros cuán atractiva ella es. Sus glúteos bien redondos, pareciendo duros y agradables al tacto...
¡No! Deja de ser codicioso, Dante. ¡Tienes novia!
Sí, sí. Gracias, subconsciente. Por recordarme que tengo una mujer dispuesta a saciar todos y cada uno de mis deseos lujuriosos.
Sacudo la cabeza negativamente, espantado cualquier pensamiento sucio que no tiene nada que ver con mi adorada novia, Rose.
Suelto un suspiro cansado, pasando las manos por mi rostro. Me rindo ante la evidencia. Necesito un maldito asistente, antes que mi cabeza explote de una vez.
─ Gael. ─ Llamo a mi gerente de Recursos Humanos y mejor amigo, apenas descuelga el teléfono. ─ Necesito que organices una sesión de entrevistas para posibles candidatos...
─ Para tu asistente. ─ Termina él por mi. Ruedo los ojos. ─ Ya sabía yo que no aguantarías tanta presión tú solito. ─ Se carcajea, fastidiandome por completo. ─ Creo que está demás decir que te lo advertí. ─ Dice con sorna.
─ Sí, sí. Como sea. Necesito un asistente a más tardar para el miércoles.
─ Bien. Haré como ordenes, jefecito. ─ Se burla del otro lado de la línea, haciéndome rodar los ojos con fastidio. ─ Nos vemos en Jack's hoy?
Jack's es un bar-karaoke muy sofisticado que frecuentamos casi todas las noches. Gael, Lisandro y yo formamos un trío bomba cuando nos juntamos, bebemos y nos ponemos a cantar. Claro que últimamente no he tenido tanto tiempo para dedicarles a ese par.
─ Lo siento, Gael. Pero hoy no puedo. Tengo una cita con...
─ Rose. ─ Termina nuevamente por mi. Suelto un suspiro. ─ Desde que andas con ella, ya casi no nos prestas atención a Lisandro y a mi. Pero bueno... Comprendemos que no somos tan importantes...
─ ¡No empieces con payasadas! ─ Le corto inmediatamente, lo que lo hace soltar una carcajada divertida. ─ Ya deja de fastidiar y haz lo que te pedí. Gracias.
Y sin esperar por una respuesta, simplemente cuelgo la llamada. Al cabo de media hora, Erica da algunos golpecitos a la puerta y adentra mi oficina con toda su elegancia y... sensualidad.
Aprieto los dientes. O esta mujer no es consciente de su sensualidad, o simplemente se me está ofreciendo abiertamente.
─ Aquí tiene lo que ordenó, señor Montenegro. ─ Su voz suena más suave y seductora de lo normal. Se inclina sobre mi mesa, evidenciando su escote generoso y trago saliva con dificultad. ─ ¿Necesita algo más? Un café ¿puede ser?
Carraspeo, pestañeando repetidas veces para dejar de devorar su escote provocativo con los ojos.
¡Rose! Piensa en Rose, ¡idiota!
─ No. No es necesario. Se lo agradezco, Erica. ─ Respondo, desviando mis ojos de su pronunciado escote a los datos que necesitaba con suma urgencia. ─ Puedes volver a tu puesto y, por favor, no me pases ninguna llamada, ninguna visita hasta la tarde. No quiero interrupciones.
─ Sus deseos son órdenes, jefe. ─ Dice, mordiendo levemente su labio inferior pintado de rojo. Trago saliva con dificultad y apenas atino a asentir.
¿Acaso esa última frase tendría doble sentido?
Sacudo la cabeza, espantando esas locuras y metiéndome de lleno en el trabajo.
Las horas pasan volando y no me doy cuenta que es hora del almuerzo, hasta que una alborotada rubia adentra mi oficina, echando humo. Erica le sigue el paso, frunciendo el ceño y pareciendo enfurecida.
─ Disculpe, señor Montenegro. Le advertí a la señorita Prats que usted está ocupado y que no quería ser interrumpido. ─ Mi secretaria se disculpa, pareciendo muy contrariada.
─ ¡Soy su novia, niña tonta! ─ Gruñe Rose, poniendo sus manos en la cadera. ─ ¡No pueden negarme a MI novio! ─ Exclama, enfatizando las últimas palabras.
─ Está todo bien, Erica. Puedes dejarnos solos. ─ Le pido amablemente, viendo su mandíbula tensarse un poco. Ella asiente ante la expresión triunfante de Rose y sale de mi oficina. ─ Cariño, ¿qué haces aquí?
─ Hola, corazón. ─ Dice, melosa, abrazándome por el cuello. ─ Vine a invitarte a almorzar.
─ Estoy con mucho trabajo y... ─ No me deja terminar de hablar, pues sus labios tomaron posesión de los míos, callandome rápidamente.
─ No estoy preguntando, corazón. Debes comer algo para poder seguir trabajando, así que no acepto un no por respuesta. ─ Y besándome una última vez, me arrastra fuera de la oficina.
••• EMMA ALMEIDA •••
─ Prepara tu currículum y ven mañana a primera hora. ─ Informa mi mejor amiga Laura, del otro lado de la línea.
Estaba volviendo de mi trabajo de la mañana para preparar el almuerzo, cuando escuché mi celular sonando. Laura me acaba de explicar que habrá una sesión de entrevistas mañana por la mañana en su local de trabajo. O sea, una agencia de publicidad reconocida y famosa en todo el país.
─ De hecho, tengo mi currículum listo. ─ Respondo, sintiendo una chispa de esperanza envolver mi corazón. ─ ¿Sería para el puesto de...?
─ Asistente. ─ Responde Laura. ─ Hace como una semana que la asistente del presidente de la empresa renunció y, bueno, el señor Montenegro necesita con suma urgencia alguien que lo ayude en la oficina. ─ Mi corazón da un vuelco con esa información.
─ Eso quiere decir que ¡¿estaría trabajando directamente con el Director Ejecutivo de Publicidad Montenegro?! ─ Incrédula, exclamo, sintiendo un poco de adrenalina recorrer mis venas.
─ Si. ¡Así mismo, amiga! Así que no pierdas esta oportunidad...
─ Crees que ¿conseguiré el puesto? ─ Cuestiono, sintiendo la negatividad brotar dentro de mí, como siempre.
─ ¡Por supuesto que conseguirás! ─ Exclama, convencida. ─ Es más, voy a dar excelentes referencias de ti a mi jefe.
Laura es asistente del gerente de Recursos Humanos de Publicidad Montenegro, por eso es que supo de antemano sobre la sesión de entrevistas.
─ Tú no te preocupes, sé que lo lograrás. Luchaste mucho para esto y, siempre es bueno empezar desde cero. Y ¿qué mejor empezar siendo la asistente personal del director de una de las empresas de publicidad más reconocidas del país? ─ Mi amiga, fiel a sí misma, me alienta a creer en esa mínima posibilidad.
─ Ni siquiera sabemos si conseguiré el emp...
─ ¡Lo conseguirás! ─ Exclama, convincente. ─ O dejo de llamarme Laura Méndez. ─ Me río ante su efusividad, permitiendome creer en sus palabras.
─ Bien, de acuerdo. ─ Suelto un suspiro, tratando de reunir energía positiva para mañana.
─ Paso por ti mañana y venimos juntas. ¿Te parece?
─ ¡Me parece! ─ Respondo, agradecida por no tener que ir en autobús. ─ Eso evitará...
─ Que llegues tarde. ─ Completa mi amiga por mi, soltando una risita y contagiándome en el acto. ─ Nos vemos mañana, rojita.
─ Hasta mañana y, gracias, negrita. ─ Ella ríe una última vez y cuelga.
Desde que éramos pequeñas somos muy unidas. Yo siendo una pelirroja, recibí el apodo "rojita" de parte de mi amiga y ella, pues siendo morena canela, pues recibió de mi parte el apodo "negrita". No sé qué sería de mi sin ella. Laura es mi segundo pilar, después de mi madre. Es como una hermana para mí.
Dejando mis pensamientos de lado, empiezo a rebuscar en mi pequeño closet por algo decente para presentarme mañana a la entrevista. Luego de casi una hora, no encuentro absolutamente nada que sea digno de una empresa tan sofisticada como lo es Publicidad Montenegro.
Resoplo, sintiendo unas imperiosas ganas de llorar. Me siento mal por no tener una falda y una camisa para usar como traje. De lo único que está compuesto mi closet son pantalones jeans ajustados, camisetas holgadas y algunas ajustadas, shorts de lycra de algodón que uso para correr por las tardes, vestidos sueltos y frescos y... nada más.
¿Por qué nunca se me ocurrió comprar una falda y una camisa, como para estar preparada para este tipo de eventualidades?
¡Ay, ya! Ni modo que me ponga a llorar por babosadas.
Decido optar por unos jeans negros de cintura alta que se ajusta a mi cuerpo a perfección, una camiseta blanca, ni tan ajustada ni tan holgada y, para completar el look, mis all-star negros.
Ok. Admito que esta ropa no es la más adecuada para una entrevista de trabajo tan importante, pero... es lo que hay, es lo que dispongo.
Y sintiendo una punzada de vergüenza, pensando en mañana, voy a la cocina para preparar el almuerzo. Mamá ha de llegar en cualquier momento y, ¿cómo no? ¡Con hambre!
Después de almorzar en compañía de mi madre, me dispuse a hacer una limpieza general en la casa. Y al terminar, ya era de noche. Mamá volvió de su segundo empleo a eso de las ocho de la noche, cenó rápidamente y se tiró a su cama. Durmió casi al instante en que tocó las sábanas.
La admiro. Siempre se ha mostrado ser una mujer fuerte e independiente. De ella aprendí a no rendirme jamás ante las adversidades, a llorar en secreto y a sonreír ante todos. Ella es mi heroína, mi único y mayor ejemplo a seguir.
Con todo esto, cuando sonó mi despertador a las siete de la mañana, me di cuenta que apenas había dormido. Esta entrevista de trabajo me tiene con los nervios a flor de piel y, nerviosa como estaba, me era imposible tragar siquiera un bocado de mi desayuno.
Media hora más tarde, mi mejor amiga Laura ya estaba a los bocinazos frente a mi casa. Mamá me dio un fuerte y caluroso abrazo deseando buena suerte y salí corriendo al encuentro de mi amiga.
Apenas puse un pie frente a las puertas dobles de vidrio templado y ahumado de la gran empresa Publicidad Montenegro, quedé estática, con la mandíbula caída al suelo.
El edificio ha de contar con más de cincuenta pisos y, toda la pared que lo rodea está hecha por vidrios también templados, aunque espejados en toda su extensión. Laura ríe por mi expresión estupefacta, cierra mi boca y me empuja puertas adentro.
¡Oh, por Dios!
¡Las puertas son automáticas y se abren solitas al acercarnos!
El lujo y el dinero se respiran por todos lados y, mi sorpresa no termina por ahí. Pues cuando entro al espacio en donde estarían las candidatas a la entrevista, un escalofrío de pánico revienta en mis venas y, automáticamente me pregunto…
¿Qué carajos hago yo aquí?