Capítulo 9

2205 Palabras
••• EMMA ••• A lo largo de mi vida, jamás me he interesado o siquiera he pensado en tener un novio. Desde muy temprano, me he preocupado más en ayudar a mi madre con los gastos de la casa. La veía siempre cansada y por ende, decidí que iba a conseguir empleo para que ella no se cansara demasiado. Tenía que aprender el significado de la responsabilidad. Con el pasar del tiempo, aunque no haya buscado, el destino se hizo cargo de cruzarme con alguien que, poco a poco, fue acercándose a mí. Cuando me di cuenta, ya tenía un novio. Estaba dispuesto a bajarme el sol, la luna y las estrellas... o al menos fueron esas palabras las que escapaban de su boca. Era todo mentira. Y la historia se había repetido un par de años más tarde. Era el chico más dulce que había conocido hasta entonces, sin embargo... cuando estaba en la facultad las cosas cambiaron. Él quiso acompañarme y así lo hizo. Pero al conocer gente nueva y chicas... extremadamente bonitas, simplemente olvidó mi existencia y puff... Si te he visto, no me acuerdo. Esas dos oportunidades de haber tenido una relación, me enseñaron cosas valiosas. El amor no es para mí. Y era mejor así... No quería volver a sentir lo que sentí al ser engañada por esos dos. Era un sentimiento bastante desagradable. Por lo que me decidí a levantar muros de contención para proteger mi corazón. Sin embargo y para mi gran sorpresa... Con esos últimos dos no había llegado a sentir ni una pizca de lo que siento al estar cerca de Dante. Este hombre despertaba en mí el más primitivo de los deseos, casi tan voraz e imposible de retener, que llega hasta a oprimirme el pecho por tener que resistirme a sus encantos. Como en este preciso momento... Lo tengo a menos de cinco centímetros de mi rostro, al alcance de mis labios, sintiendo su respiración agitada mezclarse y sincronizarse con la mía, igual de agitada. Estoy ahogándome en sus ojos oscuros y profundamente dilatados, sintiendo una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, volviéndome casi desesperada por querer sentir sus labios en los míos cuando... ***Flashback on: ─ Te ves demacrado. ─ Suelto con la intención de hacerlo reír... Y. ¡funcionó! ─ Ya estuve peor, créeme. ─ ¿Me dirás lo que sucedió? ─ Pregunto cautelosamente, sintiendo sus brazos aflojarse de su agarre en mí. ─ Te lo contaré, pero no quiero ver en tus ojos que sientes lástima por mi. ─ Me dice en tono de advertencia, encaminandose hacia hacia el mini bar ubicado en una esquina de su oficina. ─ Sentir lástima... ¿por ti? ─ Bromeo nuevamente, llamando su atención. ─ Eres dueño de una exitosa y reconocida empresa de publicidad y dicha empresa ocupa el espacio de una torre de cristal con más de cincuenta pisos. Créeme, Dante. Jamás sentiría una pizca de lástima por ti. Se queda mirándome fijamente y de pronto, pienso que he dicho algo malo. Estaba a punto de retractarme cuando, sorprendentemente, suelta una sonora carcajada. ─ Eres toda una joya, Emma. ─ Dice, mirandome con ojos brillantes y divertidos. ─ Lo sé. ─ Respondo, creída de mi misma. Entonces me extiende un vaso con líquido ámbar y, temerosa, lo acepto. ─ Ok. Whisky. Esto va de mal en peor... ─ Resoplo, sintiendo el desagrado bullir en mí. ─ Ni te lo imaginas... ─ Entonces no me dejes imaginar y cuéntame de una vez que fue lo que sucedió. ─ Exijo, bebiendo un sorbo de la bebida ámbar. ─ La encontré en la cama con otro hombre. Flashback off*** Me aparto abruptamente de la cercanía de Dante al recordar nuestra charla de la tarde de ayer. Son casi las dos de la madrugada y aún no hemos dormido. Haber recordado que Dante había descubierto la infidelidad de su novia, me sacó de la falsa burbuja de deseo que estábamos compartiendo. Dante está despechado y no seré yo quien alivie su dolor. Como amiga, ya hice mi parte. Quise distraerlo llevándolo al bar de Zayn y, si no fuera por cómo terminó la noche allí, puedo decir que se divirtió bastante. Ahora, la razón me grita y zapatea para que mantenga distancia de este hombre que, como un imán, me atrae de una manera casi sobrenatural. ─ Emma... ─ Susurra Dante, levantándose del sofá y dando un paso hacia mí. Sacudo la cabeza negativamente y retrocedo. ─ Es... ─ Carraspeo. ─ Es tarde ya. Debemos tratar de dormir aunque sea un poco. Mañana tendremos un día ajetreado y necesitamos... ─ ¡Ya deja de mirarme así, maldita sea! Sus ojos parecen los de un cachorrito abandonado, y hace ademán de acercarse a mi nuevamente. ─ Necesitamos reunir energías. Salgo corriendo de la sala, encerrandome en mi habitación. Me recuesto sobre la puerta cerrada y respiro profundamente, tratando de calmar los latidos desenfrenados de mi débil corazón. Es definitivo, debo mantener el máximo de distancia de Dante, antes de terminar cayendo y dejándome llevar por mis deseos. Y con esa resolución en mi mente, busco unas cobijas y sábanas en mi armario, tomo una de mis almohadas y vuelvo a la sala. ─ ¿A dónde crees que vas? ─ Pregunto extrañada, viendo a Dante a punto de salir por la puerta de enfrente. ─ No estarás pensando en irte a tu casa ¿verdad? ─ Debo irme... ─ No. No debes. ─ Voy hacia el sofá. ─ Bebiste, Dante. No permitiré que salgas así. Así que mejor quita esa cara de pocos amigos porque no me das miedo. ─ Pero... ─ Pero ¡nada! ─ Exclamo exasperada. ─ Ahora ayúdame con esto. Lanzo las cosas que traía en brazos sobre el sillón de al lado y voy detrás del sofá. Este es uno de esos que puedes soltar el respaldo, dejándolo horizontalmente con solo quitar dos trancas de metal. Dante observa lo que hago y repite mis movimientos del lado opuesto. Tomo las sábanas y extiendo sobre el sofá, coloco la almohada de un lado y la cobija de otro. ─ ¡Listo! Ya tienes tu sofá-cama. Sé que ni se acerca a la king size que tienes en tu maravilloso Penthouse, pero al menos podrás estirarte. ─ Miro el sofá, después a Dante. ¡Este hombre es realmente alto! ─ Bueno... Más o menos. ─ No te preocupes. ─ Dice él. ─ Es más de lo que necesito. Te lo agradezco. ─ No es nada. ─ Me aparto hacia mi habitación. ─ Buenas noches, Dante. ─ Descansa. ─ Responde con una tierna sonrisa que le correspondo de inmediato. Volteo y voy a mi habitación. ─ Emma... ─ Lo miro por sobre mi hombro. ─ Puedes dormir una hora más. Saldremos a las nueve por la mañana. Me quedo mirándolo unos segundos, entonces asiento, le doy las gracias y entro a mi habitación. Muero por una buena ducha para luego rendirme en mi cama. *** ••• DANTE ••• Decir que descansé bien sería mentira. Este sofá, aparte de pequeño, es duro e incómodo. Pero... No me puedo quejar. Escuchar a Emma hablandome con autoridad, visiblemente preocupada porque saliera en la madrugada, me llenó de una emoción que ni siquiera le puedo dar nombre. Sentí en mi pecho algo caliente expandirse y me encontré de repente... feliz. Me levanté del sofá como a las 07hs y me estiré, poniéndome en la punta de los pies y levantando en lo alto mis brazos. Sentí como mi espalda y demás huesos crujían y sentí un leve dolor en el cuello. La madre de Emma salió de su habitación, me saludó normalmente y entró a la cocina. Fui tras ella y la encontré preparando café. Le ofrecí ayuda para preparar el desayuno, pero se negó. Dijo que ella tomaba su desayuno en el trabajo y Emma, de camino a la empresa. Me sirvió una taza de café n***o bien cargado y humeante, antes de despedirse de mí y desearme un buen día. Miré la hora en mi celular, eran apenas 07hs30. Arreglé las sábanas y la cobija y acomodé el sofá como estaba antes. Emma seguía durmiendo, por lo que decidí ir a mi apartamento, tomar un baño y cambiarme. Una vez listo, subí a mi coche nuevamente y volví a casa de mi asistente. Eran 08hs20 y Emma no despertaba. Fui a la cocina y me serví otra taza de café, sin saber qué más hacer... Tampoco quería despertarla. Aunque le había dicho que salíamos rumbo al trabajo a las 09hs, si no despierta hasta entonces, la dejaré descansar e iré a la oficina. Al instante en que tomo asiento en un sillón, Emma atraviesa la puerta de su habitación, caminando con los ojos semi cerrados. Tiene el cabello alborotado, el semblante somnoliento, las mejillas levemente sonrojadas y arrastraba los pies en dirección a la cocina. No me ha visto, creo que seguía durmiendo. Estaba vestida con un short corto de algodón y una blusita de tirantes, el conjunto de su pijama era rojo y estaba descalza. Podría parecer desaliñada y perezosa, pero aún así lucía preciosa, tierna y dulce. La visión más bella que pudieron ver mis ojos jamás. De pronto, un flashback se reproduce en mis recuerdos, reviviendo la tensión que se había apoderado de nosotros dos durante la noche. Donde casi saboreo sus irresistibles labios rojos. El deseo barre mi cuerpo, sacudiéndome como un huracán que arrastra todo a su paso. Emma sale de la cocina con una taza de café sujetada en ambas manos, bebiendo un sorbo del líquido humeante, cuando sus ojos se posaron en mí, de pronto. El grito estridente que acaba de soltar casi rompe mis tímpanos. Inconscientemente cerré los ojos con fuerza, saliendo de mi transe, mientras con una mano tapaba un oído. ─ Pero qué... ─ Exclama alertada, volviendo sus ojos a su atuendo. ─ ¡Demonios! ─ Maldice y corre a su habitación, para volver luego con una bata encubriendo su sensual y perfecto cuerpo. ─ Buenos días. ─ Saludo, una sonrisa divertida alzando las comisuras de mis labios. ─ Bu-buenos días. ─ Tartamudea tímidamente. ─ Lamento el haber gritado. En verdad me asustaste. ─ Tranquila, no te preocupes. Discúlpame a mí por asustarte. ─ Respondo, aún divertido. Emma sacude la cabeza negativamente. ─ Se me olvidó que te habías quedado anoche... ─ Sus ojos recorren mi cuerpo y entonces, frunce el ceño, confusa. ─ ¿Te cambiaste? ─ Ah, si. Desperté demasiado temprano y aproveché que seguías durmiendo para pasar por mi apartamento, ducharme y cambiarme. ─ Oh, entiendo. ─ Bebe un sorbo de su café. ─ Pero no tenías por qué volver... Hubieras ido directo a la oficina. ─ Anoche dije que saldríamos a las 09hs. Y eso quiere decir que seré tu chofer hoy. ─ Le guiño un ojo. Emma sonríe. ─ No debiste molestarte... ─ No es nada. ─ Me encojo de hombros y miro la hora. ─ Son 8hs30... ─ Aviso. Emma abre los ojos como platos. ─ ¡Mierda! ─ Exclama, bebiendo todo su café, dejando la taza sobre la mesa ratona para luego correr en dirección a su habitación. ─ ¡No me tardo! ─ Exclama desde adentro, haciéndome sonreír tontamente. Esta chica es increíble y todo de ella me encanta. Así es, lo admito. Emma Almeida me gusta más de lo que yo pudiera expresar. Al cabo de veinte minutos, Emma vuelve a la sala completamente arreglada y preciosa como siempre. Hoy está vistiendo la camisa turquesa, que le sienta realmente bien. Oh, vamos, Dante. ¡Todo lo que ella se pone le sienta bien ante tus ojos! Ok. Gracias por eso, subconsciente. Sus ojos están levemente delineados en n***o y sus pestañas arqueadas perfectamente, luciendo oscuras y un poco más largas que minutos atrás y... nada más. Ese es su maquillaje diario y sí, me encanta. Ella toma su taza y la mía vacías y va hacia la cocina, volviendo a salir rápidamente. ─ Podemos irnos. Pasamos por una confitería para reforzar nuestro desayuno y luego fuimos directo a la empresa. Mientras estacionaba el coche en el subsuelo del edificio, Emma se adelantó a la oficina. ─ Es mejor evitar malentendidos y llegar juntos podría generar habladurías. Fue lo que dijo antes de saltar del vehículo, sin siquiera darme chance de protestar. Suelto un suspiro contrariado y adentro el ascensor del estacionamiento, rumbo al último piso de la torre. *** ••• EMMA ••• Sentí un dejo de decepción y contrariedad brillar en las pupilas de Dante, y una punzada incómoda se instaló en mi estómago con esa percepción. Sin embargo, lo último que necesito ahora es que insinuaran que el jefe y yo teníamos algo más que lo estrictamente profesional. Ya suficiente tenía con lo que ese hombre despierta en mí. Un carraspeo irritante hace que detenga el paso a mi oficina, haciéndome voltear a ver a la persona detrás mío. ─ Ahora te crees importante, ¿no? Llegando a la hora que se te antoja.
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