••• EMMA •••
No soy totalmente consciente de que mi cuerpo había sido halado brutalmente y antes de que pueda reaccionar, mi espalda había chocado violentamente de encuentro con la pared. La parte de atrás de mi cabeza también recibió el golpe, por lo que me sentí aturdida de inmediato y mi visión se tornó borrosa.
Hice una mueca de dolor por la punzada que sentí en la cabeza, mientras recuperaba el oxígeno que había perdido con la brutal colisión. Seguía aturdida... cuando oí la respiración agitada y fuera de ritmo de quien suponía era mi agresor. Una onda de náusea sacudió mi cuerpo cuando su aliento chocó contra mi rostro.
─ No sabes lo caliente que me dejaste con aquella danza, pequeña zorra. ─ Su voz era ronca, arrastraba las palabras al hablar y la náusea sólo iba en aumento.
Apestaba a alcohol y tabaco. Y antes de que pudiera recuperarme completamente y tratar de defenderme, sentí como el cuerpo que presionaba el mío fue arrebatado lejos de mí. Traté de pestañear y aclarar mi visión, viendo, aún aturdida, a un enorme sujeto encima de otro, cagandole a golpes. No podía identificar a esos sujetos, mi visión seguía borrosa y un agudo dolor de posó en mi cabeza, mareandome intensamente.
Jadeé y gemí a causa del dolor, cerrando los ojos con fuerza, cuando unas grandes manos cálidas sujetaron mi rostro. Abrí los ojos al sentir un escalofrío ya conocido pasearse por mi piel con ese contacto tan agradable, pero aún no lograba ver con precisión.
─ Preciosa... ─ Reconocer esa voz ronca me hizo temblar. Era Dante, y se oía torturado, dolido, impotente tal vez. ─ ¿Te encuentras bien?
─ Dante... Yo... ─ Susurré, elevando la mano a mi cabeza que zumbia dolorosamente.
─ Tranquila, preciosa. Trata de respirar con calma. ─ Lo oí triste y sólo entonces me percaté que mi respiración estaba bastante agitada.
Cerré los ojos nuevamente, inspirando profundamente y soltando el aire con lentitud. Mi corazón palpitaba frenéticamente, mientras repetía el ejercicio de respiración.
Poco a poco fui recuperando el ritmo normal de mis terminaciones y me atreví a abrir los ojos más una vez. Mi visión fue mejorando gradualmente y entonces lo vi.
Dante me miraba ansiosamente, sus ojos estaban cristalizados y su respiración descompasada. Se veía terriblemente preocupado y esa expresión de niño asustado causó ternura en mí.
─ Dante, ¡cuidado! ─ Exclamé aterrada al ver una masa corpulenta levantándose del suelo, posando una mirada asesina encima de nosotros.
Era un hombre robusto, pero no llegaba a la altura de Dante. Tenía la piel morena y cargada de cicatrices. El semblante asesino y la mirada oscura me estremeció, sintiendo una angustia sacudir mi cuerpo. Era un tipo peligroso.
Dante dio media vuelta pero no tuvo tiempo de reaccionar, recibió un golpe seco en la mandíbula, desequilibrandolo fugazmente. Y sin perder tiempo, el rubio simplemente saltó sobre el moreno, dándole una tremenda (e imagino dolorosa) patada en la entrepierna.
Un golpe bajo, lo sé. Pero ese horrible sujeto se lo merecía.
Dante lo sujetó del cuello de su chaqueta y lo levantó del suelo, donde gemía de dolor, y lo empujó abruptamente contra la pared a mi costado. Mi jefe le plantaba golpes duros y violentos en el estómago sin parar, mientras los gemidos del sujeto retumbaban en el espacio.
Aterrada, vi a otro sujeto irromper hacia dentro y apresurarse hacia Dante, cuando un brazo enorme y musculoso emergió de la nada por la puerta, sujetando al segundo hombre por el cuello y lanzándolo contra los lavabos.
Zayn había llegado en el momento más oportuno. Dante dejó de golpear al sujeto que sostenía, dejándolo inconsciente. El moreno cayó al suelo en un ruido sordo, casi sin vida.
Vi un tercer sujeto, casi tan grande como Zayn y choqué contra la pared, atónita. Fue cuando sentí un bulto en el bolsillo trasero de mi short y recordé el spray de pimienta que había guardado allí antes de guardar mi bolso en la barra.
Ni siquiera lo pensé, sólo actué. Rocié el contenido del spray directamente a los ojos del tipo, que frotó su rostro frenéticamente con sus manos y gruñendo furioso.
Zayn aprovechó esa mínima distracción y asestó un golpe certero al sujeto que sostenía del cuello, dejándolo inconsciente en segundos. Se volvió hacia el tercero, dándole una patada brutal en el estómago, arrebatándole el aliento. Este cayó de encuentro al suelo, sujetando su estómago y tratando de recuperar el aliento.
─ Tienes que llevarte a Emma de aquí. ─ Sugirió Zayn, dándole a Dante una mirada que expresaba el respeto que le tenía en ese instante. ─ Yo me encargo de estos idiotas.
Soltando un sonoro silbido, varios tipos de seguridad emergieron por la puerta y se apresuraron a levantar a los sujetos del suelo. Observé a Zayn, quien me miraba como si se sintiera culpable. Tenía la mandíbula violentamente apretada y los puños cerrados a sus costados.
─ Quiero que les den una buena lección a estos insectos. ─ Escupió Zayn con furia y autoridad.
Los tipos de seguridad asintieron en señal de respeto y obediencia y se llevaron a los sujetos quien sabe donde. Di dos pasos en dirección a Zayn y un mareo me abordó. Mi amigo se apresuró hacia mí, sujetándome. Simplemente lo abracé y él no dudó en corresponderme.
─ Por favor, disculpame. ─ Susurró y su voz se oyó algo quebrada. Eso anudó mi garganta.
─ No fue tu culpa, Zayn. Es más, agradezco sinceramente tu intervención. No sé qué hubiera pasado si no hubieras llegado a tiempo. ─ Lo abracé un poco más apretado. ─ Gracias, en verdad.
─ Me prometí siempre protegerte. Y sin embargo hoy...
─ Y sin embargo hoy me protegiste. ─ Lo interrumpí. ─ Como siempre lo haces.
─ Es Dante el héroe de la noche. ─ Sonríe, volviendo la vista detrás de mí. ─ Gracias, amigo. Emma es como mi hermanita y te estoy muy agradecido por haberla defendido.
─ No fue nada. Seguí mi instinto, nada más. ─ Volteo a verlo.
Su mirada esmeralda está más oscura de lo normal. Está cargada de muchos sentimientos encontrados que no logro siquiera distinguir. La intensidad con la que me mira me descoloca completamente, dejándome la mente en blanco.
─ Creo que ya tuvieron demasiadas emociones por esta noche. ─ Dice Zayn, llamando nuestra atención y cortando nuestro contacto visual. ─ Llévate a Emma. Confío en ti para que la cuides.
Dante asiente ante las palabras de Zayn y se acerca a mí, sujetándome por la cintura. Nos despedimos de Zayn rápidamente y salimos del bar, luego de buscar mi bolso, encontrando un taxi rápidamente.
El trayecto de regreso a casa fue en un silencio bastante abrumador. Dante evitaba mirarme y todo el camino mantuvo la vista en el paisaje a través de la ventana del vehículo. Me sentí extraña. No entendía su actitud y pensar en eso generó en mí una jaqueca insoportable.
Dante seguía ignorándome y eso empezaba a irritarme de sobremanera.
Ni bien el taxi se detuvo frente a mi casa, saqué una nota de veinte dólares de mi bolso y la lancé al banco del frente y murmurando un "quédese con el cambio", salté del vehículo rápidamente.
Sentir a Dante tan distante e ignorandome deliberadamente, generó una punzada bastante incómoda en la boca de mi estómago. No comprendía el porqué me molestaba y me entristecía tanto su indiferencia. Acababa de salvarme de una posible violación...
Una onda de repulsión sacudió mi cuerpo al percatarme de lo que me había salvado esa noche.
Caminé a grandes zancadas hasta la puerta de mi casa, mientras Dante trataba de seguirme el paso. Una nueva onda de mareo me tomó desprevenida. Me sostuve en la pared cuando alcancé la puerta y sentí como mi cuerpo temblaba cuando dos manos me sujetaron de la cintura.
─ Emma... ─ Dante gruñó mi nombre, parecía molesto. ─ Te pedí que andaras despacio. ¿Qué no me has escuchado?
En realidad, no. Estaba tan perdida en pensamientos que ni siquiera lo oí acercarse a mí. Cerrando los ojos, respiré profundamente.
─ Suéltame. ─ Espeté seca. ─ Puedo sola.
Pero Dante hizo caso omiso a mi exigencia y no se apartó, siguió sujetándome con firmeza, mientras sentía que sus dedos apretaban un poco más mi piel desnuda. Ese contacto envió escalofríos por todo mi cuerpo y me maldije por tener esas reacciones cuando se trata de él... De Dante.
Con una mano apartó mi cabello para un lado y sentí su respiración cálida acariciarme la nuca, erizando cada centímetro de mi piel. Sus labios rozaron la piel sensible de mi cuello, arrancandome un jadeo expectante.
Sus manos fueron en dirección a mi abdomen en una caricia sutil y suave, erizandome entera al sentir el calor que emanaba de sus palmas.
─ Emma... ─ Gimió con la voz ronca en mi oído, generando un fuego voraz en mi estómago que va descendiendo hacia mi entrepierna.
En ese momento, la sangre que corría por mis venas iba transformándose en lava ardiente, acelerando mi respiración.
Fue cuando un viento frío sopló entre nosotros, aclarando mi mente y haciéndome recordar cuán distante él estaba conmigo hace un momento, y ahora me tocaba como si me deseara.
Recuperando un poco de cordura, me zafé de sus manos y tomé mis llaves rápidamente, abriendo la puerta y corriendo hacia el interior de mi casa como si estuviera huyendo de algo. O mejor dicho... de alguien.
Corrí apresuradamente hacia la cocina, sentía mi cabeza dolorida y necesitaba poner un poco de hielo en la zona golpeada. A ver si así disminuye el dolor y evitaba que creciera un chichón allí.
─ Déjame ayudarte. ─ Dante se acercó a mí y trató de quitarme la bolsa de hielo de las manos. De nueva cuenta estremecí por el contacto de su piel.
─ No. ─ Corté seca. ─ Apártate. No necesito tu ayuda.
─ Pero... ─ Dante me miró, dolido. ─ ¿Qué es lo que te sucede?
─ Sólo... Déjame tranquila.
Salí de la cocina yendo en dirección a la sala sin esperar que dijera nada. Pero estaba equivocada al pensar que Dante se rendiría tan fácilmente, porque en cuanto me acerqué al sofá con la intención de sentarme, el rubio me sujetó con firmeza por el antebrazo y me obligó a voltear a verlo.
─ ¿Me puedes explicar qué demonios te sucede? ─ Gruñó entre dientes, irritado y cansado.
─ Qué parte de déjame tranquila ¿no entiendes?
─ No voy a dejarte tranquila hasta que me digas qué bicho te picó para estar actuando de esa manera.
─ ¡Argh! ─ Me zafé nuevamente de su agarre y me alejé de él. Su cercanía dejaba mi mente hecha un caos y necesitaba pensar con coherencia. ─ ¿Quieres saber qué me sucede? Pues bien, te lo diré. ─ Alcé la barbilla y lo miré a los ojos. ─ Primero te notas preocupado por mí, luego evades mi mirada e ignoras mi presencia para luego, acercarte otra vez como si no hubieras actuado distante conmigo. ¿Cómo esperas que reaccione, Dante? ¿Acaso creíste que tu indiferencia y repentina frialdad no iba afectarme? Porque sí, ¡sí me afectó!
Solté las palabras a una velocidad impresionante, tratando de no elevar la voz. No olvidaba que mi madre estaba durmiendo en una habitación próxima.
Dante elevó ambas cejas, sorprendido por mi repentina explosión. Y fue cuando mis últimas palabras resonaron en mi mente... "Porque sí, ¡sí me afectó!"
Cerré los ojos y le di la espalda, avergonzada por mis palabras.
¿Qué carajos había dicho?
─ Tú no entiendes... ─ Volví a sentir su voz con suma tristeza y el calor de su cuerpo chocó contra mi espalda. Se había acercado a mí nuevamente. ─ No tienes idea de lo que sentí cuando vi aquel imbécil tocar en ti tan descaradamente. Mi sangre hirvió en mis venas y mi visión se tornó roja de la ira que creció violentamente en mi interior. ─ Lo escuché suspirar profundamente, entonces volteé a verlo. Necesitaba perderme en sus ojos. ─ Todo lo que quería era sacartelo de encima y fue lo que hice. Sin embargo, imaginarme lo que hubiera pasado si yo no estuviera allí, me enloqueció. Si no te hubiese seguido con la mirada cuando ibas en dirección al baño, no hubiera visto a aquel sujeto siguiendote. ─ Su mano acarició mi mejilla y esa simple caricia calentó mi corazón. Sus ojos barrieron mi rostro de una manera desconcertante. ─ Jamás había sentido tanto miedo en mi vida. Sólo hubiera deseado llegar un poco antes, para impedir que aquellas sucias manos tocaran en ti.
La frustración brilla en sus ojos verdes, ligeramente oscuros. Sé que está siendo sincero, lo siento en el alma y lo puedo leer en su rostro abatido. Y sin decir nada, me lancé a sus brazos. Lo abracé con fuerza antes de perder la cordura y terminar saltando a sus labios.
Debo recordarme constantemente que no puedo enamorarme de él. No puedo siquiera pensar en la atracción que ejerce sobre mi. Y no pretendo arruinar la amistad que existe entre nosotros, sin olvidar que es mi jefe y, recordando el status social, Dante está sobre mí y yo no pertenezco a su mundo.
Y jamás he de pertenecer.
─ Disculpa mi comportamiento, Dante. ─ Susurro contra su pecho que sube y baja de manera agitada. ─ En verdad lo siento.
─ La culpa es mía, preciosa. ─ Murmuró con el rostro perdido entre las hebras de mi cabello. ─ No me di cuenta que estaba distante. Realmente estaba perdido en pensamientos. ─ Él respira profundamente. ¿Estará oliendo mi cabello? ─ Ahora dame eso, déjame ayudarte.
Me quita la bolsa de hielo de las manos y me invita a sentarme. Sentándose frente a mí a escasos centímetros de mi rostro, lleva la bolsa de hielo en la parte de atrás de mi cabeza, sujetándola en el lugar preciso.
Suelto un leve gemido de dolor, captando la mirada preocupada de Dante.
─ Lo siento. ─ Susurra cerca de mis labios…
Demasiado cerca, a decir verdad. Tanto que su respiración se mezcla con la mía y su hálito choca contra mis labios. Siento su respiración entrecortada, un tanto agitada, oyendo los latidos acelerados de mi corazón por su cercanía.
Sus ojos me prenden en ellos y no soy capaz de apartarme. El deseo de degustar sus labios emerge en mi interior de manera burbujeante, causandome un mareo que nada que ver tiene con el golpe en mi cabeza. Es el brillo de deseo que dilatan sus pupilas a medida que acorta la distancia entre nosotros.
¿Acaso en serio piensa besarme? Porque me rindo ante la evidencia… Quiero, con desespero deseo que me bese.