Santiago y Pablo asintieron, cada vez más seguros de que José Luis Arroyo y Viole García eran el mismo hombre y la misma niña de la que hablaba Lucas Castillo. –Al menos no la mató –dijo Pablo. –No lo hizo él con sus propias manos, pero esa era su intención, ¿te olvidas que se la entregó a Lucas con la orden de desaparecerla? –acotó Joaquino. –¿Habrá pruebas de que la madre murió en el parto?, o tal vez, ese hombre en un arranque de ira porque no tuvo un varón atentó contra ella –agregó Pablo. –Bueno eso estaría más acorde con su comportamiento posterior- aclaró Santiago- ya que hay decenas de mujeres desaparecidas, las vieron por última vez embarazadas y después nada, ni ellas ni sus bebés. –Eso es monstruoso, ¿crees que las haya eliminado? –preguntó Pablo alarmado. –Es un pueblo, t

