Juan Antonio se había retrasado en su seguimiento a Santiago porque estaba revisando el interior del piso de su jefe en su teléfono, levantó la vista cuando lo escuchó decir: “Eva, suelta esa pistola, no cometas una locura”, en microsegundos analizó la situación y le imprimió velocidad a sus pies, cuando Eva accionó el gatillo ya él estaba sobre ella, desvió su brazo y el disparó dio en el techo. –Don Santiago, ¿está bien? –le preguntó desde el suelo y todavía sometiendo a Eva. –Sí, sí, no esperaba que ella se atreviera a algo así. Eva había comenzado a sollozar, conmoviendo a ambos hombres, Santiago ayudó a Juan Antonio a incorporarla, el escolta la sostuvo mientras su jefe abría la puerta, la llevaron al interior para sentarla en el mullido sofá gris plomo que dominaba el espacio. Ju

