La monja que había atendido al hombre tocó a la puerta de la oficina de la madre superiora. –Adelante. –Madre, buenos días, traigo un hecho curioso, en la iglesia está un hombre buscando a una niña que dejó aquí hace casi veintidós años. –¿Y para qué la busca a estas alturas del tiempo? Seguramente fue adoptada hace mucho. –La busca para decirle quien es su padre. –¿En serio? Tardó bastante en querer ayudar a esa niña. ¿Dijo algo más? –Sí, dice que recuerda bien que cuando entregó a la niña recién nacida la recibió una monja que no estaba vestida como yo, eso me hizo pensar en que podría ser una novicia. –¿Hace veintidós años dices? –Sí más o menos ese tiempo. –Para esa época la única novicia era sor Cristina. –Ay, ¿será que ella todavía se podría acordar de esa niña? –Si mi mem

