La forma más sencilla de describir lo que sintió José Luis Arroyo al oír las palabras que ese hombre soltó, es de un inmenso vacío, como si fuera en caída libre al fondo de un profundo pozo, giró la cabeza a su alrededor para cerciorarse de que nadie más lo había escuchado. –¿Cómo se te ocurre venir hasta aquí? Tú y yo no tenemos nada más de qué hablar. –Así pensaba hacerlo señor, pero mi Luisa está muy enferma, el tratamiento es costoso y no tengo como cubrirlo, recuerdo que cuando usted me contrató dijo que estaría en deuda conmigo mientras viviera, así que aquí estoy, vengo a pedirle ayuda para mi Luisa. –Yo te di una generosa cantidad de dinero. –Así fue, pero sirve solo para personas sanas, al surgir una enfermedad como la de mi Luisa no es suficiente, además eso fue hace más de v

