Cuando la mujer se posicionó al lado de Santiago, Viole la miró y sintió un frío intenso recorrer su espalda, instintivamente retrocedió dos pasos alejándose de Eva, hecho que no pasó desapercibido para Santiago, haciéndolo arrugar su entrecejo.
–¿Está joven es? –preguntó altiva mirándola de pies a cabeza.
–Viole García –contestó doña Sofía–, comienza hoy.
–Lo primero que debes saber es que esta casa de modas es la más importante y exclusiva de España por no decir de Europa, así que no toleramos errores, la excelencia y perfección son nuestros objetivos, si arruinas alguna de nuestras costosas y delicadas prendas, lo pagarás muy caro, ¿entendiste?
Viole no respondió con palabras, solamente asintió, pero su mirada estaba fija en Santiago, como esperando alguna explicación del porqué esa mujer le hablaba así, ¿quién era?, ¿cuál era su relación con Santiago?, y lo más inquietante para ella: “¿Por qué siento que debo mantenerme alejada de esta mujer?”
–Eva, si deseas un puesto en personal, puedo trasladarte allí de inmediato, ahora si quieres seguir modelando deja que sea yo quien me encargue de los empleados y sus instrucciones, tu advertencia no viene al caso.
–Solo estoy cuidando tus intereses que son los míos también –le dijo coqueta y Viole bajó la vista al piso, manteniendo la distancia.
–¿Qué haces aquí hoy?, no hay prueba de trajes ni nada similar programado –cuestionó Santiago.
–Lo sé, solamente recordé que hoy vendría la nueva ayudante de costura y sabes que me preocupo por todo, quise venir personalmente a recalcarle la importancia de que su trabajo sea impecable, aunque solo esté pasando la escoba.
–Aprecio tu preocupación, no obstante, es innecesaria, ya Sofía tiene sus instrucciones y se encargará de la señorita García quien, por cierto, debo aclararte que no vino aquí a limpiar, ven tengo que entregarte algo –dijo Santiago tomando por un codo a Eva y sacándola del taller.
–¿Ella es la esposa del señor Santiago? –interrogó ansiosa.
–Ya quisiera, en realidad es la hermana de la difunta esposa del señor Santiago.
–¿Es viudo?
–Sí, desde hace muchos años. Ahora a trabajar, te mostraré el taller –señaló doña Sofía dando por terminada la conversación sobre Santiago, algo que Viole lamentó.
A la hora de la comida, Santiago estaba inquieto porque no sabía cómo se manejaría Viole, ya que en el edificio solo había una cafetería; para comer tenían que salir hacia los locales de las calles cercanas, él estaba seguro de que ella no sabría hacerlo sola, pero no encontraba la forma de acercarse y llevarla a almorzar, ya que nunca se había permitido tanta proximidad con ninguno de sus empleados.
Pensó en Juan Antonio, pero lo descartó porque no sería él quien propiciara que se estrechara la relación entre ellos, estaba deliberando consigo mismo cuando llegaron sus amigos Pablo y Joaquino:
–¡c*****o!, vamos a comer que no pude desayunar hoy y estoy que me muerdo un brazo –exclamó Joaquino entrando intempestivamente a su oficina.
–Al menos una pequeña muestra de educación deberías tener, ¿alguna vez en tu vida piensas tocar antes de entrar?
–La verdad es que no –manifestó descaradamente Joaquino haciendo reír a Pablo que venía detrás de él.
A regañadientes aceptó ponerse de pie y salir de allí con sus amigos, sus incondicionales desde que eran unos niños, primero como vecinos en la exclusiva colina donde se construyeron unas cinco villas que eran una oda al lujo, una habitada por él y sus padres; otra por Macarena y su familia; otra por los Hervás, padres de Joaquino; otra por la familia Carvajal que eran los padres de Pablo y la última fue adquirida por una familia de apellido Arroyo que nunca llegó a habitarla, no obstante tenían personal que se encargaba de su mantenimiento.
Caminaban hacia la salida cuando Pablo exclamó:
–¿Quién es esa modelo que va con doña Sofía?
Rápidamente Santiago giró su cuello buscando a la mujer que Pablo señalaba y se encontró con la figura de Viole, su amigo la señaló como modelo y es que él prendado de sus ojos, no había detallado bien su vestimenta y en realidad tenía un estilo muy distinguido al andar, parecía caminar en una pasarela.
Viole iba sonriente acompañada de doña Sofía y otros compañeros del taller, algo que lo hizo respirar aliviado, al percatarse de que ella había sido lo suficientemente capaz de integrarse con el resto del personal del taller.
–Chicos, espérenme –escucharon, y fue Joaquino quien volteó a ver quién los llamaba.
–Joder, ahí viene tu cuñada –exclamó Joaquino con desagrado.
–Ya no podemos escapar –dijo Pablo compungido.
Santiago guardó silencio y cuando Eva los alcanzó y se colgó de su brazo, solo agradeció que Viole ya había salido del edificio, él se fijó en la ruta que su grupo tomó así que, al estar en la calle, caminó hacia la vía contraria, siendo seguido por sus amigos.
En el restaurante tomaron asiento y luego de hacer su pedido, Eva comentó con mucha mala intención:
–Estuve toda la mañana pensando en esa chica nueva que entró al taller y la verdad no la considero necesaria, nos costará una fortuna entrenarla, doña Sofía no debería estar ocupando su tiempo en alguien sin experiencia si estamos próximos a iniciar la colección de primavera que presentaremos en Milán.
–Ya te dije más temprano que me dejes a mí el asunto del personal, no improvisé, conozco el potencial de esa joven y es una adición muy valiosa para el taller.
–¿Desde cuándo y de dónde la conoces?
–Desde hace tiempo –contestó escuetamente y se dedicó a la comida que acababan de servirle, tanto Pablo como Joaquino lo imitaron.
***
La verdad era que Eva había pasado mucho rato observando a Viole y al ver que todos la trataban con simpatía y se acoplaba enseguida a las labores del taller, algo en su interior lo resintió, por lo que decidió que haría todo lo posible por alejarla de la casa de modas, debido a que le resultó inaudito que Santiago la hubiera presentado personalmente en el taller.
Sin contar que, al ver sus ojos, sintió como un golpe en la cabeza, inevitablemente su mente voló al momento en el que había sido presentada a su hermanastra.